Mar del Plata 2013: Juan Carlos Valdivia

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Ayer a las 10 de mañana en el marco de la Competencia  Internacional se presentó representando a Bolivia la película  “Ivy  Maraey” de Juan Carlos Valdivia. Charlamos con él luego de esa proyección.

Si tuviera que justificar con un motivo mi presencia para cubrir esta 28° edición del Festival de Mar del Plata creo que solo bastaría en haber venido para ver “Ivy  Maraey

Acostumbrados permanentemente  a la casi ausencia en la Competencia Internacional  del cine de Latinoamérica en la única sección que convoca a todo el periodismo este año con la inclusión de 4 países hermanos siento que hay esperanza de nuevos tiempos.

Si además nos encontramos con una obra de la magnitud de  “Ivy  Maraey” que nos muestra la riqueza de la cultura guaraní y en particular su lengua  nos hace sentir orgullosos de ser latinoamericano  y de comprobar  todo el potencial creativo que tienen nuestros países y que merecemos que los mismos lleguen a conocimiento de sus pueblos.

Ivy  Maraey” es un documental en forma de ficción protagonizado por el mismo Valdivia  y un guaraní durante un viaje por el sureste de Bolivia para buscar esa  tierra utópica  en medio de una conflictiva relación intercultural, pero que finalmente permite a ambos conocerse de otra forma y sellar una amistad inicialmente impensada.

AG: Habiendo logrado que “Jonás y la ballena rosa” fuera una de las películas más taquilleras de su época, continuaste con “América Visa” mostrándonos la situación de los que tienen que optar en emigrar o quedarse, luego hiciste  “Zona Sur” donde posaste tu mirada sobre la reacción de la clase alta boliviana frente a la llegada de un aymara a la presidencia de la república, y ahora ¿cómo y por qué surge “Ivy  Maraey”?

JCV:  Fíjate, yo he vivido mucho tiempo afuera. Hice American Visa viviendo en México, American Visa trata de un hombre que busca el sueño americano y encuentra el sueño boliviano. Y curiosamente tuvo el mismo efecto en mí. Entonces con American Visa redescubro Bolivia, vuelvo y lo primero que hago es empezar a viajar por el país. El Sureste de Bolivia me gustó porque es un lugar poco intervenido entonces pude andar a mis anchas, y alli me reconecté con el pais del que estuve ausente mucho teimp.

AG:  “Ivy  Maraey” sería una segunda parte de un díptico con “Zona Sur”, ¿hay una continuidad temática posando tu mirada en la interculturalidad y en las relaciones humanas?

JCV: Bueno, Zona Sur es una película bisagra (no bizarra). Entonces yo despues de American Visa vivo una especie de desencanto. Por muchas razones: vivimos en un sistema muy perverso los cineastas sobre todo de lo que no es Hollywood. Decido ahi hacer lo que quiero hacer, asumir esto y descubrir mi voz y creo que con Zona Sur hago esto: hablo de un mundo que yo conozco, de mis raíces, de mi familia, con una mirada critica. Y eso que ha tenido el cine boliviano de apuntar hacia el otro, ahora yo lo apunto hacia mí, que es una cosa que en eso es muy parecido a Yvy Maray. Voy a tratar de hacer una pelicula sobre los indégenas y me pregunto qué es lo que piensan ellos de nosotros. Por qué nunca nos hemos hecho esa pregunta, y decido voltear la cámara y hago una película sobre el encuentro entre ambos.

AG:  “Ivy Maraey” muestra el intento desesperado de un hombre por conocerse a sí mismo a través del otro.

JCV:  Exactamente. Es un intento bien desesperado, además. Lo que me pasó cuando empecé a viajar por el Chaco es que sentí que no estaba capacitado para retratar a esta gente. Y ahí hago Zona Sur, algo que me sirvió para encontrar un punto de abordaje a través de encontrar mis limitaciones. No voy a contar la historia definitiva de los guaraníes. Esa ingenuidad de ir como exploradorcito por el mundo mirando al otro ya no va. Y ahí empieza el verdadero viaje: cuando me miro a mí a través de la mirada del otro.

AG: ¿Por qué elegiste un interlocutor indígena que tiene una mirada muy crítica de su propia cultura?

JCV: Bueno eso es otra clave en esta película. Cuando encuentro a Elio Ortiz que es una persona muy inteligente, joven, amante de su cultura, él ha escrito un diccionario etimológico de la lengua guaraní. Tiene una lista de 6000 palabras. El primer tomo tiene hasta ahora 2000 palabras. Tiene ademas una capacidad de autocrítica, un sentido del humor y una capacidad de burlarse de su propia cultura. Cuando esto ocurre encuentro realmente una puerta que se abre y quita toda culpa de mirada sobre el indígena. En las sociedades desarrolladas está el derecho a ofender y a burlarse del otro. O sea hay sociedades en que si no te burlas de los minusválidos o de la gente de color entonces tambien los estas discriminando. Entonces, por qué no podemos mirar al otro con todos sus defectos. Creo que esto es un defecto que ha tenido el hombre colonial y todos los que somos colonialistas y miramos al indigena con algo de culpa.

AG: Has dicho que Bolivia es un país roto y estamos en un proceso de rearmarlo, ¿podes aclararnos estos conceptos.?

JCV:  Bueno, creo que en Bolivia se han roto los pactos sociales que existían previamente: las oligarquías estaban en el poder y ya no están. Hay gente que todavía se resiste pero el país ha cambiado. Creo que nos urge reconstruir esa sociedad. Ya no se habla tanto de mestizaje. el mestizaje no es una identidad. De alguna manera todos somos mestizos y tu identidad no viene de ahí. Ademas, el mestizaje finalmente tambien es la predominancia de una cultura sobre otra no es una cosa igualistaria. Se habla de interculturalidad y todas estas cosas, creo que tenemos que encontrar una manera de asumir que somos diferentes

AG: ¿ Por qué se dice en la película “el cine es un arma de destrucción”?

JCV: Mira eso es una frase que llama mucho la atención. Cuando empiezo a trabajar esta película, veo que hay mucha gente que ha ido a estudiar (antropólogos, sociólogos, ONGs grupos religiosos, et) y yo como cineasta quería tener una mirada mas sensible sobre esta realidad. Para lo que empiezo a viajar intentando hacer una lectura de vínculos entre las personas. Quería que mi película fuera un registro de primera mano, de alguien que ha vivido y lo ha transmitido. Y una de las primeras cosas que me doy cuenta es esto de la cámara de ir hasta el ultimo rincón del mundo a registrar todo. Estamos acabando con el mundo, acabamos tambien con esa tradición oral, desde el momento que cosificas una imagen, en algo palpable, hay una pérdida, hay una petrificación. Esto se vuelve muy evidente en las culturas orales: el narrador aquí reinventa la historia cada vez, pone de su cosecha. Y esto es posible porque la imagen esta grabada solo en la memoria de la gente que la cuenta.

AG: Por lógica, vos no quisiste destruir la cultura guaraní sino mostrarla.

JCV: Bueno, de alguna manera hago lo que no quiero hacer. La película está llena de contradicciones y el personaje entra en conflicto porque finalmente se da cuenta

AG: Durante la proyección había dos paraguayos que apenas salieron, estaban muy mal contra tu película porque pensaron que era una ofensa contra los guaraníes y cuando te escucharon terminaron felicitándote. No la habían mirado con detenimiento de alguna manera.

JCV: Cuanto mas te informas, más puedes disfrutar el arte. Esto es así.

 

AG: ¿Aprendiste a hablar el guaraní?

JCV: Balbuceo, mas o menos lo hablo. Es una lengua muy dificil, era esencial para mí tratar de entender la lengua. Fijate que la riqueza cultural de la cultura guarani está en su lengua. En sus cantos, en su mitologia, para los guaranies primero existió la palabra y luego el hombre. La palabra es anterior al hombre.

AG: ¿Reivindicas el derecho a ser “blanco”  en un país de “indios”?

JCV: Claro, porque eso es lo que yo soy. Mira, es muy interesante. Cómo hacer una película políticamente sobre el tema. Es la espinita que molesta, pero bueno es lo que soy y mira hay algo en la película cuando un personaje  “Sabes tú que esos caray que se quieren hacer los indios mascando coca con el ponchito, con alpargatas, no nos interesa. Nos gustan los caray como tú”.  Claro a mí tampoco me interesa el indio que se la quiere hacer de blanco, si a  mi me interesa ellos es porque son diferentes. Si la película es válida es porque está hablando de la otredad y de cómo me defino yo a través del otro. Fui a ver ahora el documental de Zizek y hablaba mucho de la otredad, si el otro no existe lo tengo que inventar. Me quedé impactado con esta idea. Y es un poco la importancia del otro en nuestras vidas para definirnos lo que somos.

AG: ¿De alguna manera estás criticando el cine de Jorge Sanjinés?

JCV: Bueno, soy de otra generación. Son otros tiempos, tengo otras influencias. Yo lo admiro mucho pero lo que me toca es hacer otra cosa. Es una gran tradición del cine boliviano.

AG: ¿Mientras tu personaje escribe los guaraníes hablan, hay una tensión entre la cultura oral y la cultura escrita.?

JCV: Claro, es lo que dije. Ademas, sabes que pasa, tiene mucho que ver con el sentimiento: el guaraní dice que hacerse palabra al hablar es plasmarse en el mundo tal cual eres por dentro. La palabra es lo que somos. Están expresando tu ser interior y es como sabes quien eres y como te comunicas. La misma escritura es hasta visual es mas abstracto, el acto de escribir es mas abstracto, tú seleccionas palabras, condensas con las palabras. En cambio el acto de hablar es directo de tu alma.

AG: ¿Parecería que sólo a través del  afecto podemos reducir la brecha  que separa al este del oeste de Bolivia?

JCV: Definitivamente. Como le dice el narrador dice el único salvavidas es el corazón. Lo que el personaje tiene que aprender enmarañado en su laberinto de pensamiento, es que el pensamiento tambien es un sentimiento. cuando uno esta pensando es una forma de snetimiento, de alguna manera el viaje lo obliga a sentir.

AG: Al final de la película los jóvenes guaraníes terminan mostrándote su película, ya están en un  plano horizontal como colegas. ¿Vamos como país hacia eso?

JCV: Creo que sí, y por lo menos así debería ser. No sé si estamos todavía ahí. Pero es de alguna manera mirar hacia el futuro.

AG: Buenos, muchas gracias Juan Carlos y espero fervientemente que el publico de Argentina pueda en algún momento disfrutar de tu película.