Frío/Subte, Rafael Pinedo

0
16

Francisco Pinedo –computador científico, actor teatral y original escritor– ficcionaliza su obsesión acerca del fin de la cultura. Plop, Frío y Subte pueden tomarse, en este sentido, como una trilogía en la que la que “solo hay esquemas de superviviencia”, en palabras del propio autor. La publicación póstuma de Frío/Subte en la colección Línea C dirigida por Marcelo Cohen, junto con el relato “El Laberinto”, ofrece al lector la posibilidad de contar con la obra completa de este escritor muerto en diciembre del 2006.

- Publicidad -

En el límite impreciso entre lo fantástico y la ciencia ficción, la narrativa de Pinedo trabaja con el rito, con lo elemental del hombre, con la delgada línea que divide al ser humano del animal: en el fondo las nouvelles “Frío” y “Subte”, y el inclasificable “El Laberinto” transmiten la feroz lucha del hombre por no dejar de ser hombre. En su comienzo, los dos primeros ponen al lector sobre aviso de que comienza una narración directa, despojada, cruel –El frío duele. / Corría aterrada por las vías– y sin mensajes falsamente esperanzadores.

La protagonista de “Frío” es una profesora de Economía doméstica que vive sola en un convento luego de que sus habitantes emigraron buscando huir del clima extremo. En “Subte”, Proc trata de alejarse de una jauría de lobos y arrastra, a través de oscuros túneles, su panza de embarazada a punto de parir. Por último, el protagonista de “El Laberinto” recorre un espacio multiforme que lo acosa en más de un sentido. Puestos frente al primer mandato que todos tenemos: sobrevivir –comenzando por lo más básico comer, dormir, ir al baño–, los tres personajes reproducen esquemas rituales y traducen un estadio primitivo del ser humano en el que prevalece el instinto.

Afuera/adentro, pasado/presente, hombre/mujer, luz/oscuridad, yo/otro son las antítesis que organizan los textos, les confieren unidad, y se relacionan con la estructura mítica de las narraciones de Pinedo. Por una parte, un rito se compone de una serie de reglas específicas que se aplican a la conducta prescribiendo el modo en que el hombre debe comportarse frente a los objetos sagrados. Por otra, los ritos de iniciación o de pasaje de un estadio a otro se repiten a través de diferentes culturas y, además, incluyen al hombre en un tiempo eterno, cíclico, un tiempo que trasciende la individualidad, pero que lo humaniza porque le permite reconocerse dentro de una tribu, de un grupo de pertenencia.

Los tres textos que estamos analizando ubican a los personajes en espacios significativos, espacios que contienen pero que también oprimen (el convento, los túneles, el laberinto). Dentro de ellos, siempre está la experiencia del otro: en “Frío” el personaje central le teme a aquellos que ve como invasores; Proc, por su parte, se aleja de su tribu y entabla una breve relación con Ish que pertenece a otra cultura, la que también es vista como amenaza; el protagonista de “El Laberinto” no puede confiar en la “desconcertante” presencia humana que le ofrece el lugar por donde transita. Si el contacto con el otro es, al menos, efímero o peligroso, hay que ahondar en los rituales, en aquello que siempre es igual.

Varios son estos rituales que se presentan en las tres obras. En “Frío”, hay una parodia de la misa católica, en la que la protagonista adquiere la investidura de un sacerdote que oficia una celebración para sus feligreses, las ratas, y consagra la carne de palomas muertas como ostia purificadora. En esta nouvelle, además, el pecado, el sexo como prohibición y la represión actúan sobre el personaje central que se autocastiga apretando entre sus piernas el cilicio, una faja con puntas que no casualmente coloca entre sus piernas cerca de su propio sexo.

Relacionado con lo anterior, este texto trabaja con los sueños como manifestación de lo inconsciente, según la interpretación freudiana, como expresión de nuestros deseos más ocultos. Todos los sueños de la protagonista son claros en este sentido y nos dan una acabada idea de sus más íntimas represiones. Si los tres problemas con los que se enfrenta esta reprimida profesora son el pecado, el frío y el hambre, estos se configuran a partir del motivo de la carencia, de la desesperada búsqueda de llenar el vacío que se genera angustiosamente día tras día.

Proc transita, a su vez, el rito del nacimiento, que es un rito de pasaje que recuerda los ritos de iniciación a lo sexual: al goce, por un lado –con un par femenino–, y al sexo como reproducción, por otro –con el hombre–. En medio de la oscuridad, del dolor, del hambre y la sed, la vida se abre paso a través de la hija de la protagonista, quizás como un mínimo atisbo esperanzador. En este punto, conviene mencionar el papel de los hombres en las dos nouvelles. En “Frío” hay un universo femenino que desea el cuerpo masculino, pero que lo reprime,  y esa represión se traslada al deseo de otro cuerpo femenino que, enfermizamente, es siempre una niña. En Subte, el placer, como vimos, se da con el contacto entre dos mujeres, entre dos sensibilidades que se complementan, mientras que lo masculino es siempre lo que violenta la figura femenina.

“El Laberinto” ficcionaliza el rito del pasaje; nos recuerda, además, el mito del Minotauro y, así, nos remite a otro tiempo, uno precisamente mítico, circular, en el que siempre hubo Laberinto, nada más que eso. Lo sexual también está presente en este relato breve, fragmentario, como goce, pero también como algo aterrador.

Es casi un mandato: hay que leer a Rafael Pinedo. Sin querer agotar sus textos, solo agregamos que su estilo también lo transforma en un escritor singular. Con una sintaxis que acompaña el ritmo de la narración (Otra vez. Nuevo giro. Los últimos cuarenta y siete); con repeticiones que acentúan la opresión (tiene que subir, tiene que acostarse, tiene que dormir); con un aprovechamiento extraordinario de los campos semánticos que remiten al dolor, a la oscuridad, al pecado (Su cuerpo son pedazos separados que punzan, lastiman, hieren); con alternancia entre un relato en presente y otro en pasado, combinado con una variación en el punto de vista; y finalmente con descripciones únicas que potencian todos los sentidos, la publicación de este volumen es algo para celebrar.