Cine de exposición, de Andrés Denegri

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Ningún cinéfilo puede perderse esta propuesta de Andrés Denegri en Fundación Osde.

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Expandir, abrir, experimentar, salir de sí. El cine puede no ser ya solo cine. Como las artes. Como la vida. La idea teórica de expansión muestra eso que hasta ahora permanecía oculto. En la sala de máquinas de las viejas (ya podemos usar esta palabra?) salas de cine, el proyector lanzó durante al menos un siglo su haz de luz hacia la pantalla blanca. Y el cine nos contó historias de lo más diversas, en todos los idiomas y todos los modos, y provocó kilómetros de teorías, criticas, análisis, ideas. También provocó un camino hacia nuevas tecnologías, de hecho hoy asistimos a la multiplicación de las pantallas y los mecanismos, y a la disolución de todos los bordes disciplinarios.

A la Institución Arte, (siempre resistente al desencasillamiento) pareciera que le toca poner frente a nuestros ojos (al menos a quienes cruzamos todos los días de una orilla a la otra) aquello que provoca la producción, haciendo visible tanto lo fáctico del hacer como el dispositivo mediatizador. Con curiosidad y admiración acabamos de poner online la noticia de la muestra que Agnes Varda acaba de inagurar en el LACMA de Los Angeles. El cine ya no es sólo cine.

El programa de mano de la exposición de Andrés Denegri en Fundación Osde de Buenos Aires que inauguró la semana pasada, habla de una “parafernalia electro-mecánica-fotoquímica” puesta frente a nuestros ojos con sus ruidos ensordecedores, sus defectos y roturas, y sus amenazas desestabilizadoras. Aquella fragilidad del prueba y error que hizo inicialmente que el cine fuera cine.  Y Osde Institución, dedicada desde su Fundación a exhibiciones de arte “tradicional”, nos coloca con una reflexiva invitación en el lugar de pensar tambien sobre esas fragilidades. Puro código cinematográfico.

Cine de Exposición  ocupa 8 grandes instalaciones distribuidas estrategicamente en el espacio de la ex casa Maple, histórico lugar de Buenos Aires, hay que ir atravesando una penumbra suficiente como para caminar entre los aparatos. Cada instalación tiene su correspondiente nomenclador sobre backlight, atractoras pantallas que exhiben tambien a modo de manifiesto la idea del artista.  En tres andamios de obra gigantescos se sostienen proyectores de 35 mm por los que circula el celuloide que corre y atraviesa trabajosamente los espacios entre caño y caño. Otras de las instalaciones utilizan mesas, dos pantallas, hasta cinco que atraviesan pantallas traslúcidas tambien afectan a las paredes. Un super8 en un rincon del piso vuelve a trabar con la bandera argentina e imagenes del bombardeo de Plaza de Mayo en 1955.

A medida que se camina hay una sensación de fabricación, de obra en construcción: la monumentalización de Eramos esperados, propuesta que vimos más abocetada en el Itaú Cultural a principios de este año con versión en Super 8. “La salida de los obreros de la fábrica” de los Lumiere y una bandera argentina en blanco y negro. La historia del cine mundial y la referencia a la historia del cine argentino que miticamente comienza con una única toma de la bandera nacional flameando. Otro andamio, el mas ruidoso proyecta imágenes experimentalmente defectuosa de una película en 16 mm, imágenes de la dictadura, películas familiares, recuerdos y evocaciones materializados en representaciones. Es Grito, como su titulo indica.

“La cinefilia se liga al culto del arte, a la democracia de las diversiones y las emociones, recusando los criterios a través  de los cuales el cine se hacía admitir en la cultura distinguida.” dice Ranciere en su magistral texto “Las distancias del cine”. Hay precisamente un siglo de distancia entre lo que el cinematógrafo era y lo que el cine es, en esa distancia tambien esta nuestra historia personal y social, barrial e histórica.

denegri

Es oportuno citar tambien aquí la cita que el propio Denegri hizo sobre el concepto de historia de Walter Benjamin: en Leedor, a propósito de nuestro comentario sobre el Premio Itau. Dice Benjamin “… El pasado lleva consigo un índice secreto y a través de él remite a la redención. ¿No nos roza, entonces, el aire que estuvo entre nuestros antepasados? ¿Acaso en las voces que escuchamos no resuena el eco de otras que enmudecieron? ¿Y las mujeres que hoy cortejamos no tienen hermanas que no pudieron conocer? De ser así, hay un acuerdo secreto entre las generaciones pasadas y la nuestra. Éramos esperados, entonces, sobre la tierra. Al igual que cada generación anterior a la nuestra, nos fue otorgada una débil fuerza mesiánica, de la cual el pasado exige sus derechos.”

Sería bueno que los colegas críticos de cine, incluso los colegas historiadores se den una vuelta por la Fundación Osde para ver esta propuesta que nos coloca otra vez frente a ese acuerdo secreto del que habla Benjamin y frente a los aparatos que nos constituyen como cultura, haciendo posible esos encuentros.