Sombras desde el jardín

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El gran director Agustín Alezzo trae al escenario esta obra de Nicky Silver que plantea las diferencias entre necesitar y amar, o mejor dicho, que abre un perfecto interrogante ¿se puede amar sin necesitar?

Amar no significa necesitar

Escribir sobre el amor puede ser tan trillado como elocuente, escribir sobre el desamor puede serlo aun más, pero discurrir durante casi dos horas sobre las diferencias que surgen entre “amar” o “necesitar” a alguien, puede llegar a ser interesante, o al menos, un áspero desafío para mantener a lxs espectadores comedidamente atentxs.

Sombras desde el jardín” es eso, una historia que plantea abierta y explícitamente encontrar esa diferencia a partir del amor no correspondido, del sexo fugaz, de la amistad añeja, de las pasiones desvanecidas y del compañerismo que nace a partir de la identificación.

La historia comienza en el casamiento de Cynthia y Taylor, podría pensarse que no pudiera existir evento más feliz que un casorio, sin embargo, ese supuesto sentimiento de felicidad se ve embarrado cuando en el jardín de la casa, Libby, la hermana de la novia, comienza a renegar y le confiesa a Paul, a quien no conoce y que casualmente estaba en el lugar, que estaba enamorada de Taylor. Paul es el mejor amigo del novio, enamorado de él desde los seis años, cuando en ese mismo jardín lo vio por primera vez y se enamoró de sus “rubios cabellos brillando al sol”. A partir de aquí, todo sucederá con paso lento y extraña minuciosidad, y todos los diálogos nos llevarán a pensar en la propia necesidad de cada personaje, siempre entrecruzadxs con el amor, buscando aquello que pareciera imposible: la felicidad.

Existe un quinto personaje, Andy, un gay súper y exageradamente estereotipado, que será quien le inyecte a la obra la dosis de optimismo y alegría para contrarrestar la melancolía y el dramatismo de lxs otros cuatro personajes. Y será también uno de los tantos amantes (eternamente  fugaces) de Paul, este es el lazo que trae a Andy a la obra y que servirá para descontracturar los tantos momentos de tensión que ofrecerá el libreto.

“Acabamos de coger tres veces, nos conocemos tan íntimamente como pueden conocerse los seres humanos”, le confirmará mordazmente Andy a Paul, y esa será quizás una ventana para abrir interrogantes: ¿es necesario conocerse para amar?, ¿se puede amar sin necesitar a alguien? Las escenas de sobrado dramatismo y de renovado humor cabalgan inesperadamente durante todo el transcurrir de la obra, como si los extremos (llorar y reír) fueran parte de un mismo cuerpo, de un mismo sentir, de un mismo escenario.

Un gay que busca fervorosamente sobrevivir (económica y amorosamente), una pareja que pierde un hijo sin poder conocerlo, una mujer que decide trabajar de prostituta sin juzgamientos, otro gay que salta de chongo en chongo intentando olvidar, tal vez, su primogénito amor. Estas son las otras historias de los personajes, las que vestirán un escenario que apenas cuenta con cinco sillas y dos mesas (y eso basta), las que no tan secundariamente adornarán, y a través de esas cualidades, intentarán responder, o sobrellevar, cuál es la diferencia entre amar y necesitar y cómo acudimos a nuestras psico-herramientas para resistir esa supuesta discrepancia.

Una pausada historia de crecidas pasiones y de arrebatos que desbordan el escenario, donde cada personaje funciona, como todxs nosotrxs, a partir de una necesidad; la necesidad de ser, de coger, de amar, de comer, de gritar, de irse, de ver (para cerrar).

Sombras desde el jardín”, The Maiden’s Prayer su nombre original en inglés, es una obra del dramaturgo Nicky Silver, de aquí la importación de los nombres de los personajes alejados de nuestro español-argentino.

En un jardín comienza la historia, en ese jardín donde Taylor y Paul se conocieron, donde Cynthia y Taylor se casaron, donde Paul y Libby se encontraron, y donde finalmente, los amigos Taylor y Paul se reencontraran luego de un año, y Paul le dirá “no puedo dejar de pensar que es suficiente (el amor que sentiste), es suficiente para que dure por siempre”. Al menos, como una sombra.

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