Arpilleras en el Parque de la Memoria

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En las arpilleras vemos no sólo una narración de sucesos brutales sin veladuras, sino también la historia misma de una resistencia. Imperdible experiencia en el Parque de la Memoria.

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“Lo bello no es sino el comienzo de lo terrible, ese que todavía podemos soportar”

Reiner María Rilke

 Como sostiene Hannah Arendt, “todo sentido se vincula con el principio que le dio origen”, ver una arpillera, implica directamente conocer lo que hay detrás, entender el contexto y las historias particulares de las manos que la hicieron, cada personaje en ella tiene nombre, cada rostro le pertenece a alguien que estuvo en carne ejecutando la acción que años después vemos en la tela.

Con recortes de tela cosidos uno sobre otro, siempre detrás la cordillera, nunca tan colorida y el sol, que sigue iluminando pese a cualquier desastre, podemos iniciar un recorrido por la historia de la dictadura chilena y una de las resistencias que en ella se gestaron.

Ollas populares, manifestaciones en la calle, represión policial, la cueca sola, la búsqueda y la pregunta sobre el paradero de los desaparecidos o recolecciones de osamentas, son narradas con retazos de telas de colores, de las propias ropas, las sábanas y demás objetos de la intimidad, arrancados dulcemente de su posibilidad utilitaria, para convertirse en testigos y testimonios de las situaciones de drama social, cotidianas durante la dictadura pinochetista, desde la mirada subjetiva de cada mano que cose, puntada a puntada, retazo tras retazo, sus propias memorias.

El proceso del tejido de la arpillera es vincular, el saco de papa o harina se divide en 6 o 4 y se reparte, sentadas en el taller, las mujeres dan puntadas y se cuentan historias, se socializan dramas y dolores. Con la gestación del textil se le da voz  al recuerdo, se lo trae a la memoria, la arpillera señala sus fragmentos, los reconstruye y los congela en ese soporte tan precario y frágil, como el hecho mismo de luchar contra el olvido.

Tal vez, como dijo Gadamer, si bien las cosas están mal y posiblemente su naturaleza es que así sea, la obra de arte se yergue ahí para decirnos que aún tiene sentido la esperanza, en las arpilleras vemos no sólo una narración de sucesos brutales sin veladuras, sino también la historia misma de una resistencia. A partir de fines del 74, las mujeres cuyos hijos, esposos o familiares fueron desaparecidos, empezaron a reunirse en las vicarías, territorios neutros, a intentar entre todas, dar un grito que denunciara lo que dentro de Chile ocurría y que no llegaba a oídos internacionales, estas iniciativas fueron vistas como ingenuidades femeninas a los ojos de los militares, que las dejaron salir del país hasta el 78, cuando se dieron cuenta del peligro potencial que implicaban para la imagen de la nación, la exportación de las arpilleras no sólo fue interrumpida y prohibida sino que sus autoras empezaron a ser perseguidas,  aguja en mano, las mujeres siguieron cosiendo y haciendo talleres de formación para dar voz a otras manos amigas.

Desde 1975 Roberta Bacic, profesora de filosofía y curadora, siempre ligada a la investigación y el trabajo con los derechos humanos, solidarizó con el trabajo de las mujeres arpilleristas en Chile, compraba arpilleras para sacar del país y contar con ellas lo que en ahí sucedía. En el 2008, con una colección de historias y de arpilleras que llenan un piso entero de su casa de Irlanda del Norte, donde actualmente reside, empieza a generar exposiciones para mostrar estos textiles, contar sus historias y revivir sus posibilidades de denuncia y comunicación.

Cada exposición es planteada como una experiencia en sí misma, no sólo por el hecho de verlas y comprenderlas, sino porque en ellas se dinamiza el proceso mismo de la fabricación de las arpilleras.  La curadora viaja con ellas al lugar del emplazamiento, las acompaña para no dejarlas solas, y con ellas lleva todas sus historias y las narra tantas veces como le es posible para que no haya espacio al olvido, para que no haya modo de pasarlas por alto.

A cada muestra además la acompañan talleres para que, primero las personas que la acogen y luego el público en general, tengan la experiencia de hacer su propia arpillera, de este modo se propicia dentro de la institución un espacio que vincula a los espectadores, los sienta alrededor de una mesa, comparten hilos, lanas, retazos, colores, personajes, historias. Así las exposiciones son un evento dinámico que obligan a comprender lo que se está viendo, se lo lleva al cuerpo, a las manos, a la aguja.

arpillera

Roberta Bacic parte de la solarización con la realidad que le es próxima, sin embargo este camino de las arpilleras chilenas de los 70 por el mundo, y su comprensión en diferentes idiomas,  ha sido además un espacio que le ha propiciado tanto el conocimiento de conflictos en otras latitudes y su denuncia también por medio de la fabricación de narraciones textiles, como la impulsión de la creación de espacios de reconstrucción de memoria a partir de las mismas.

En la muestra que se encuentra actualmente en la Sala PAyS del parque de la memoria, encontramos 61 arpilleras chilenas y 29 de otras partes del mundo; Zimbabwe, Irlanda del Norte, Alemania, Inglaterra, Ecuador, Perú y Colombia, en las que cada memoria se construye en los modos que le son precisos. Así, las exposiciones de Roberta Bacic, son un espacio de diálogo, una puesta en la esfera pública de dolores, dándonos de este modo, las condiciones apropiadas para descubrir el acontecimiento de los conflictos que narra, y permitiéndonos tal vez, re-agenciarnos afectivamente  frente a ellos, permitirnos el asombro, el escándalo, la revulsión y la admiración, siguiendo a Judith Butler, nos ofrecen las condiciones necesarias para evadirnos de la aceptación cotidiana de la guerra y para un horror generalizado que apoye y fomente llamamientos a la justicia y al fin de la violencia.

 

 

 

  • martha

    Memoria, olvido, presencia, vacío, miedo. El recuerdo, ese grito que permita por medio de arpilleras u otros que la imaginación otorgue traspasar la negación de los estados que pretendan borrar las atrocidades de esta especie absurda. el sentido, sobrevivir a nosotros mismos