Matar a la niña, Agustina María Bazterrica

10
15

 

Matar a la niña, sin muchos preámbulos, nos arroja a un cielo con nubes de cartón, papel maché y algodón, construido para la Niña Santa que no deja de observarlo. Esta es la propuesta de Agustina Bazterrica: un mundo al revés, una parodia que opera en varios niveles con su consiguiente inversión de valores.

A ese cielo tan particular, llega el protagonista, un crítico de arte que muere y que pronto concibe la idea de matar a la Niña Santa, la aparente culpable de este mundo de pesadilla que se sostiene como escenario para ella y su mirada. Allí habitan los ángeles con polvo blanco en sus caras, con pelucas viejas y mugrientas; descalzos y con los pies sucios por la hedionda suciedad cósmica; alimentados con el maná que le sobró a Moisés del Éxodo. Lejos de la imagen oficial, se mantienen en sus nubes gracias a una soga; son alados, aunque sus alas son de plástico duro y tienen con mal olor a causa de las plumas pegadas.

Mijail Bajtin, en La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento (escrito entre 1940 y 1946), se refiere al carnaval y a la vida carnavalesca que tiene sus leyes propias. Es esta, entonces, una vida desviada de su curso normal, una vida al revés o un mundo al revés. A partir de estas afirmaciones, surge la contraposición entre la ideología oficial y la no oficial, que deriva en otras contraposiciones: espacio público/privado, plaza/iglesia o estado, corporal/espiritual, terrenal/celestial. Desde este punto de vista, Matar a la Niña se configura como una novela carnavalesca.

Hay un cielo oficial, el del catecismo, el bíblico, el de los ángeles alados, étereos y espirituales que habitan junto a un Dios justo, omnipotente y sabio. El cielo que le toca al protagonista no se acerca ni remotamente a esa imagen; aquí los ángeles tienen las mismas necesidades y los mismos defectos que los humanos: no se bañan, pero deberían hacerlo a causa de su olor; discuten, se envidian, compiten, son vanidosos, prepotentes, tienen fobias o sufren de estrés. Este cielo, además, reproduce la organización terrenal: la burocracia es abrumadora con interminables decretos, normas, reparticiones que se multiplican a cada paso; pero lo más terrible es que Dios y el Diablo son la misma “persona”. Hay un Dios delirante e incoherente, que luego se transforma en el Diablo que se analiza con el propio Dios porque lo superan sus conflictos personales.

Sin embargo, la vida terrenal no es mejor. Cuando el protagonista logra “bajar” para cumplir su misión, se encuentra con una Asociación Lícita Terrestre de Exterminadores de Ratas –más precisamente de ratas con alas, que es como se los llama a los ángeles–. Se contacta también con otros ángeles caídos por diferentes circunstancias, lo que no hace más que demostrar que del infierno es imposible escaparse.

Volviendo a la teoría de Bajtin, este destaca el valor de la risa como aquello que define el mundo carnavalesco: “La verdadera risa, ambivalente y universal, no excluye lo serio, sino que lo purifica y lo completa. Lo purifica de dogmatismo, de unilateralidad, de esclerosis, de fanatismo y espíritu categórico, del miedo y la intimidación, del didactismo, de la ingenuidad y de las ilusiones, de la nefasta fijación a un único nivel, y del agotamiento”. Toda la novela de Bazterrica explora las diferentes formas del humor pasando por el cinismo y la ironía.

Abundan en el texto los ejemplos de pasajes humorísticos que despiertan la risa del lector, pero no simplemente una carcajada, sino la risa que mueve a la reflexión o la risa que, en el fondo, deja cierto sabor amargo. Basten algunos ejemplos. Cuando el narrador describe a la Niña Santa de una forma totalmente poética, como salida de una estampita o de una pintura religiosa,  termina diciendo que es “un vómito sagrado”. El diablo define su maldad en estos términos “Envié a dos acólitos del mal a la Tierra para que sembraran la depravación y la desidia. Sus nombres mortales son Paris Hilton y Mirtha Legrand. Además, mi mayor logro vil fue impulsar la carrera de Arjona”; unos diablos menores confiesan no haber leído ciertos libros con los que deberían haber estudiado: El Anticristo, Las flores de mal, El paraíso perdido, Fausto y Respiración artificial. El crítico, entonces, acota que este último libro “fue pensado para torturarlos”; los ángeles, además, asisten a cursos que se dictan en el cielo, pero que resultan ridículos y poco comprensibles.

Dentro de las situaciones humorísticas, la ironía de la que hablamos se transforma en el vehículo fundamental de lo carnavalesco porque nos pone frente a la dualidad sentido literal/sentido profundo, enfatiza la idea del mundo al revés y nos obliga a interpretar el texto. Recordemos que no hay ironía sin un lector competente que la decodifique.

Relacionado con este juego de significados, la novela también trabaja con la polifonía en más de una oportunidad. El hecho de que el protagonista sea un crítico de arte posibilita numerosas referencias a la pintura o a la música, pero también a la literatura. A veces las referencias son claras: el protagonista recuerda un poema de Oliverio Girondo, “Responso en blanco vivo”; o un fragmento de la Divina Comedia de Dante Alighieri. En forma constante hay una intertextualidad con la Biblia, aunque siempre siguiendo la línea paródica. Es muy cómica la parte en que el crítico deviene en el Antiniña, lo que genera una interesante intertextualidad con “El Apocalipsis” del Nuevo Testamento. Otras referencias son más sutiles: la mención de la condesa Bathory –la sádica condesa sangrienta–; la comparación de Dionisio, el ángel obeso, con un Gregorio Samsa aburguesado; la mención de Ana Ivanovna –la temida emperatriz de Rusia–;  la alusión al Principito: “Hay un planeta con un niño, tres volcanes y una rosa”. Hay otras tantas, y queda para el lector develarlas y encontrar cómo funcionan dentro del texto. Sin embargo, como aclara la misma autora en una entrevista, estas referencias no entorpecen la lectura en ningún momento.

En síntesis, ¿por qué leer Matar a la Niña? Por varias razones. En primer lugar, es una novela que se disfruta, que divierte, pero que obliga a un trabajo constante de nuestra parte. El lector es una pieza clave para que realmente este mundo al revés se configure como una crítica de ciertos valores o estereotipos que muchas veces aceptamos sin reflexionar. En segundo lugar, la novela recuerda bastante a Alicia en el País de las Maravillas por ese pasaje de un mundo a otro, por los diálogos que el protagonista tiene con  Dios, con el Diablo o con otros ángeles, y que recuerdan a los de Alicia con el Sombrerero o con el Gato de Chesire, extravagantes, irónicos, graciosos, inquietantes. Por último, por si no alcanzara lo anterior, Agustina Bazterrica se instala como una narradora eficaz, que se nota que sabe lo que hace y que nos deja con las ganas de leer más.

 

  • Sandra

    Muy buena invitación a la lectura Adriana. Siempre realizando la crítica desde una pauta teórica que sostiene tus comentarios. Queda pendiente la lectura de esta narradora. Saludos. Sandra

    • Adriana

      Gracias, Sandra. Siempre muy atenta con tus comentarios. Saludos para vos.

  • Mariano

    Muy bueno el libro y muy buena la reseña!!! Felicitaciones a Agustina y a Adriana.

    • Adriana

      ¡Gracias, Mariano! Tienen que leer la novela porque está buenísima. Saludos.

  • Pilar

    Adriana .. lei el libro y lo encontre maravilloso .. tu resenia transmite claramente algunas de las razones que hacen la lectura de esta novela un placer .. felicitaciones a las dos.

    • Adriana

      ¡Muchas gracias, Pilar! Es reconfortante encontrar un libro maravilloso.
      Saludos

  • Mercedes Safont

    ¡Maestra! Me pasa siempre, leo tus críticas y me dan ganas de salir corriendo a comprarme el libro. Este también me lo anoto.
    Ese es un don.

    • Adriana

      ¡Gracias, Mercedes! Siempre generosa. Comprá el libro porque no te vas a arrepentir.
      Abrazo,

  • Soy otra Mercedes, que ya leyó el libro. Me impactó tu reseña, Adriana. Muy buena. Es una novela para reírse mucho. Pero, en algún punto, te empuja fuera del confort. Es un humor que luego de la carcajada genera ¿perplejidad? ¿incertidumbre?. En cualquier caso, admito que esa complejidad no se resuelve al leerla por segunda vez

    • Adriana

      Por supuesto que el de la novela es un humor especial. Mientras la leía, recordé el título de la nouvelle de Onetti, El infierno tan temido. Esta novela de Bazterrica nos pone peligrosamente cerca de ese infierno que muchas veces nos contruimos nosotros mismos. Da que pensar.
      Gracias por leer la reseña y por comentarla.
      Saludos,