Liliana Maresca y la desmesura de lo natural

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El año próximo se cumplen 20 años de la muerte de la artista argentina Liliana Maresca. Una artista única.

La producción de Liliana Maresca (1951-1994) se caracteriza por un nomadismo estético; atravesó diversos géneros artísticos desde sus comienzos en 1970 en la Escuela Nacional de Cerámica de Buenos Aires, pasando por sus primeros objetos intervenidos extraídos de los residuos encontrados en la calle, hasta sus performances y acciones colectivas, sin olvidar la gran cantidad de objetos escultóricos, fotografías e instalaciones que produjo.

Este eclecticismo hace imposible cualquier intento de categorización. Su actitud desenfadada en alguna de sus producciones, entrelaza conceptos que transmiten un sinfín de significados en los que subyace una común idea, generadora de principios, basada en lo trascendente, lo intuitivo y la experiencia humana frente a esas cuestiones imposibles de develar.

Hacia 1989 alquila una casa en el Tigre  la cual, durante las sudestadas, era invadida por ramas y raíces. Con estos elementos y objetos de desecho, encontrados y seleccionados intuitivamente nacen sus primeras esculturas e instalaciones.

En Maresca nada es definitivo, estático u objetual, ni siquiera en sus instalaciones compuestas de objetos derruidos.  En 1989, presenta “Lo que el viento se llevó. La Cochambre”. Con esta instalación fue inaugurada la galería del Centro Cultural Ricardo Rojas, compuesta por esqueletos destruidos de muebles de jardín (mesas, sillas, sombrillas) de un recreo del Tigre “El Galeón de Oro” que encontró camino a su casa.

Estos se hallaban dispersos por toda la sala junto a bloques de cemento derribados y de formato anguloso. Estos objetos fueron afectados por factores climáticos ajenos a la voluntad de Maresca. En ellos vemos impresos la fuerza desmedida de lo natural que lleva consigo la idea de lo caótico e irracional como un elemento, una fuerza implícita en su obra.

Según Gumier Maier, “Lo que se llevó –el viento, convengamos- es ahora traído a los ojos. A la diversidad polifónica y bulliciosa que nos viene en mente, le ha sucedido una serialidad opaca, de rumores, una insistencia de esqueleto.”[1]

Liliana en una de sus cartas nos cuenta “…Estas sillas, como muchas otras cosas, al ser descuidadas, se mojaron, inundaron, les llegó el tiempo de la descomposición…Una sudestada de aquellas y baja (o sube) la camalotada con víboras y todo, y al otro día de todo ese vendaval quedamos así, esqueleto solo, sin pintura, sin ropa. Una caricatura…”[2]

Como resultado de estas sudestadas nacen sus primeras esculturas como por ejemplo “Extraterrestre” expuesta en su primera muestra individual en la galería Indik, y “No todo lo que brilla es oro” en 1989. Esta obra se halla compuesta por ramas de árboles emplazadas sobre bases de bronce. Estos elementos se caracterizan por su cualidad de mutables e inestables, lejos de cualquier simple intención objetual. En este caso, vemos dos fuerzas disímiles que emanan de la misma unidad, lo desmesurado y lo concentrado.

De esta forma se da una síntesis por la continuidad establecida entre dos componentes tan disímiles como la rama, representación de lo orgánico, lo natural, la fuerza vital que se expande, en la que vemos las huellas de la sequía y humedad; y la base, realizada en metal, geométrica, racional, inorgánica.

En el verano de 1994, ya enferma de HIV, encuentra en su casa alquilada en Cabo Polonio una rama retorcida. Este sería su último trabajo, titulado “Frenesí”. Fue terminado pocos días antes de la inauguración de su retrospectiva la cual llevaría el mismo nombre. En relación a esta rama encrespada en un papel Maresca escribió “Frenesí: delirio furioso; violenta exaltación del ánimo”. Su obra consiste en una base de color rojizo, sobre la que descansa una raíz consumida, afectada por las circunstancias, sometida a sus contorsionadas formas y sacudida fuerzas avasalladoras. “La cifra del Frenesí”[3].

El 4 de noviembre de 1994 se inauguró su retrospectiva que reunía diez años de su producción artística. Titulada “Frenesí” nos deja en claro el espíritu desmesurado de su producción “…el poder estético de la naturaleza…se revela aquí bajo el estremecimiento de la embriaguez…”. Frente al arte, su actitud llena de éxtasis alcanza la Unidad primordial. Se rompe el “principio de individuación”. Liliana “no es ya un artista, es ella misma una obra de arte…”[4]

Notas

 

[1] Maier, Gumier. Texto del catálogo de la instalación “Lo que el viento se llevó”. Gumier Maier fue el director de la Galería del Centro Cultural Ricardo Rojas entre 1987 y 1994.

[2] Ibidem.

[3] Maier, Jorge Gumier, “Maresca: condensación de sentido”,  página 12, 1 de noviembre de 1994

[4] Nietzsche, Friedrich “El origen de la tragedia”.