Cortázar: clases de Literatura en Berkeley

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En 1980, Julio Cortázar dio ocho clases de literatura en Berkeley, después de haberse negado en 1969 a la Columbia University. Leer hoy aquellas páginas habladas significa, entre muchas otras cosas, retornar a una escritura que no para de reflexionar sobre sí misma para pensar la literatura.

Es que este nuevo libro de Cortázar  posibilita una vuelta a su obra, con el privilegio de que es él quien la lee para comentar, explicar o ejemplificar los temas de cada una de las clases: los caminos de un escritor, el tiempo y la fatalidad en el cuento fantástico, el cuento realista, el humor, la musicalidad, lo lúdico y el erotismo en la literatura.

Si bien muchas de sus reflexiones ya son conocidas por sus artículos, conferencias o entrevistas, leer a Cortázar clase a clase posibilita seguirlo en el dibujo de su mándala, cuyo centro no es sino  aquella experiencia originaria que en su infancia le habilitó un real fantástico que en determinadas circunstancias puede manifestarse. Tal vez, por ello, arranca la primera clase apelando al elemento autobiográfico, ya que en cada uno de sus pliegues recorridos –el estética, el metafísico, el histórico- ese elemento otro determina su hacer literario (escritura y lectura) como arma poderosa “para proyectar con más claridad y con más fuerza la realidad que nos rodea”. Así explica su preferencia por lo fantástico; su selección de cuentos realistas inolvidables, aquellos en los que “el fragmento de la realidad que nos ha sido mostrado va de alguna manera mucho más allá de la anécdota y de la historia misma que cuenta”; su recurrencia al humor para extrañar lo conocido tan bien por repetido; su búsqueda de una  musicalidad en la prosa, serie de pulsaciones de ese otro pensar más allá de lo racional y que, al mismo tiempo, exige animarse con otra sintaxis y otra puntuación que amplifiquen y profundicen la superficie del decir.

Después, la riqueza de su improvisación, ya prevenida desde la primera clase: “no soy sistemático, no soy un crítico ni un teórico, de modo que a medida que se me van planteando los problemas de trabajo busco soluciones”. Sin embargo, la elasticidad de su enunciación no significa falta de coherencia en sus textos orales ni de manejo del tiempo como para cerrar cada clase en el punto justo o dejar siempre espacio para las preguntas. Incluso sus digresiones no son sino aparentes, otros poros por donde lo latente emerge.

Clases de literatura nos descubre a un Cortázar maestro que no puede hablar sino desde la zona que armó con su literatura, incluyendo en ella también el compromiso histórico que asumió después de la experiencia Cuba. Entonces, problematizar las definiciones (como la de cuento, la de realidad, la de erotismo, la del humor o del lenguaje), armonizar arte-vida, asumirse escritor dentro de una generación o leer la literatura latinoamericana constituyen  formas de transmitir su ser el mundo: un “latinoamericano escritor” para quien decir literatura y vida es siempre lo mismo.

 

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