El código Xcaret

0
13

knorosovA veces uno se pregunta ¿por qué los escritores inventan un historia sobre un libro perdido, como en el famoso Código Da Vinci y no escriben la historia de los muchos libros reales que se han hallado o que aún se encuentran en las tinieblas?. El Código Xcaret es una de esas rarezas librescas que merecerían no sólo una novela, sino una película y porque no, todo el merchandising que tuvo el libro de Dan Brown.

Todo comenzó para mi cuando un alumno de una materia que doy, Eduardo Macchi, tuvo que realizar un trabajo sobre el pueblo Maya. Entre paréntesis, ¡cuánto se aprende dando clase!. La monografía fue excelente y en su investigación, Eduardo se topó con una historia que parecía salida de la ficción. Existía, al parecer, un código que descifraba la escritura maya. Un conjunto de libros que se encontraban perdidos desde la época de la colonia y un profesor ruso que dedicó su vida a la tarea de lograr una traducción de los glifos mayas. Los condimentos para una gran historia estaban dados.

Durante los primeros años de la conquista europea de América, surgió el género literario que se denomina “crónica”. Estos textos daban cuenta de la situación que vivían los pueblos americanos al momento de la invasión; así como también mostraban y relataban algunos sucesos y costumbres anteriores al contacto. Tanto en el Virreinato del Perú como en el de Nueva España (lo que hoy es México) algunos sacerdotes, así como funcionarios o comerciantes daban cuenta, a través de sus textos, de diversas circunstancias vinculadas con la vida de los pueblos aborígenes, en función claro de intereses particulares muy alejados por cierto de la mera curiosidad etnográfica.

Diego de Landa fue un obispo español, de la orden de los franciscanos, que se encontraba ejerciendo sus misiones pastorales en la Península de Yucatán, a mediados del siglo XVI. Como su objetivo era la evangelización de los pueblos americanos, tomó un contacto muy profundo con los pueblos Mayas. Aprendió su lengua y sus costumbres y hasta se enfrentó con los encomenderos, cuando éstos se quejaban que el aprendizaje del cristianismo, les quitaba tiempo a los indios para el trabajo. Pasó luego a tener un rol mucho menos heroico y mucho más cruel, cuando dirigió la  inquisición y organizó un auto de fe. Quemó códices y encarceló a muchos caciques, lo que generó que los sobrevivientes, en un alto número escaparan hacia la selva. Esto provocó la reacción colérica de los encomenderos (nuevamente) que se vieron privados de su mano de obra. El escándalo llegó hasta el propio Rey y Landa tuvo que volver a España. Como se ve, en la América conquistada, los palos iban siempre para el mismo lado, aún cuando los que se peleaban eran los propios invasores. Al poco tiempo volvió a Yucatán y tal vez como una forma de compensar el daño cultural que había hecho, retomó sus estudios de la cultura maya y escribió un libro, “Relación de las cosas de Yucatán”, fundamental para comprender los signos de la escritura de ese pueblo americano. En su texto incluyó un apéndice titulado “Alfabeto Maya”.

El libro de Landa permaneció en una relativa oscuridad hasta que a mediados del siglo XIX fue descubierto en la Biblioteca de la Real Academia de Historia de Madrid por Charles Brasseur de Bourbourg, quien lo publicó en Londres y en París. Sin embargo y pese a estas ediciones, el texto no estaba al alcance de cualquiera y era muy difícil poder encontrarlo.

Aquí entra en la historia nuestro único héroe en este lío, Yuri Knórozov, un lingüista soviético. Yuri fue el alma máter detrás del código Xcaret y un personaje fundamental en la historia del descifrado de la escritura maya. Durante la Segunda Guerra Mundial, como a tantos otros, le tocó servir en el ejército. Como se sabe la cosa estaba muy complicada y el destino lo puso en el medio de ese infierno en la Tierra que fue la Batalla de Berlín, donde se llegó a combatir casa por casa. Obligado por su vocación, ingresó a la Biblioteca Nacional en el medio de un incendio voraz, seguramente con la intención de rescatar algunos libros. Allí pudo encontrar las joyas de la corona, los Códices Mayas y la Relación de Landa. Imaginemos la felicidad de Yuri por el hallazgo en el medio del dolor de la guerra más mortífera de la historia. A partir de entonces el lingüista comenzó la tarea monumental de “quebrar el código” y poder comprender la escritura maya. Consecuencias de la guerra fría, su trabajo fue ignorado y aún vilipendiado en las academias de Occidente.

Hacia finales de la década del ’80 pudo conocer México y durante la década del ’90 preparó el diccionario de glifos maya-español. Su muerte en el año 1999 lo encontró en un pasillo de un hospital de San Petesburgo, esperando que lo atendieran por una grave neumonía. Consecuencias también del triunfo neoliberal en el mundo.

En el año 2000 se presentó la publicación en el hoy parque temático Xcaret, en el estado de Quintana Roo, en lo que fuera un importante centro ceremonial de la cultura Maya. El diccionario se conoce como Código Xcaret y como si la historia quisiera volver a repetirse, sólo se editaron 1000 ejemplares, con lo que conseguirlo sigue siendo una empresa difícil.