13° Festival de Cine Alemán: “Speed – En busca del tiempo perdido”

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Este documental parte de una pregunta muy personal del director que lo lleva a un periplo por varios lugares del mundo para encontrar una respuesta que, probablemente, ya conocía. Pero como en todos los viajes, lo importante no es el punto de partida ni el de llegada, sino el recorrido.

El documentalista Florian Opitz se pregunta por qué siente que no le alcanza el tiempo para realizar las cosas que quiere, siendo que tiene acceso a toda la tecnología que, paradójicamente, optimizaría el uso del tiempo. Para responderse consulta con varios especialistas en el tema quienes le dicen que su problema tiene que ver con el uso de la tecnología. Al hallarse disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana, al tener acceso a cada vez más ofertas informativas, al hombre se le dificulta la capacidad de selección. Ergo, sufre una aceleración y un agotamiento. Este ritmo acelerado autoimpuesto, entonces, está indefectiblemente ligado a un mundo hipertecnologizado. Así es como consulta a otros especialistas en el campo económico, puesto que la tecnología surge como una necesidad del sistema capitalista en donde el tiempo es, literalmente, dinero. Ellos le dicen que la aceleración es una ventaja competitiva, el más rápido devora al más lento. Y si en el camino de esta aceleración, se producen despidos, crisis mundiales especulativas, es otro cantar. Por eso Opitz busca ejemplos de hombres capitalistas que hayan abandonado este ritmo frenético en pos de ese tiempo perdido. Y encuentra dos ejemplos de ex magnates de los negocios, quienes dejaron las cities y se mudaron a un hotel de montaña en los Alpes suizos y a la Patagonia chilena respectivamente. Pero claro, con dinero es más fácil encontrar el tiempo para abandonar la aceleración. ¿Otros casos? Una familia de ganaderos en la campiña alemana y los habitantes de Bután, con su mundialmente conocida filosofía de la felicidad interior bruta (se mide el FIB en vez del PBI).
En este panorama global propone como alternativas al sistema capitalista global una pensión universal para niños y ancianos. Llama la atención en estas latitudes que planteen esto como una utopía, siendo que en Latinoamérica existen casos como el comunismo cubano, o la Asignación Universal por Hijo y el régimen jubilatorio argentino. En su búsqueda mundial, a pesar de visitar Chile, Opitz se olvidó de los países latinoamericanos que buscan economías alternativas a este capitalismo salvaje. Más allá de esta “omisión”, el film propone una estética maniquea donde la ciudad es mostrada con el efecto acelerado del paso de las horas en segundos y el campo/naturaleza virgen en una suerte de rallenti.
Por eso, aunque no sea novedoso el planteo (el film de cierre del festival es Berlín, sinfonía de una gran ciudad de 1927), de todos modos es un film interesante para valorar el modo de vida que se tiene por estas latitudes, no tan “avanzado” como Alemania, ni tan “atrasado” como Bután (en el aspecto tecnológico) lo que nos permite, aún, una cierta libertad en el manejo de nuestros tiempos cotidianos.