Festival de Cine Alemán 2013: Fin de la veda

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La memoria como eje de una dramática historia en l a ópera prima de Franziska Schlotterer.

El 13º Festival de Cine Alemán no deja de sorprender por la juventud de los directores de cine que conforman el grueso de la selección presentada y cuyos films en su mayoría son sus primeros o segundos largometrajes. Es el caso de “Fin de la veda” (“Ende der Schonzeit”) de Franziska Schlotterer, quien hasta ahora sólo tenía cortometrajes y algún documental en su haber. Su primera película ya ha pasado por numerosos festivales (Montreal, Munich, Atlanta, Haifa, etc.) cosechando varios lauros.

La primera escena transcurre en un kibbutz en Israel a inicios de los ’60 adonde llega un joven alemán para conocer a su padre biológico, portando una carta de su ya fallecida madre.

La acción retrocede entonces hasta 1942,durante la Segunda Guerra Mundial, en plena Selva Negra , en las proximidades de Friburgo y no lejos de la frontera con Suiza. El matrimonio del tosco granjero Fritz (Hans-Jochen Wagner) y su esposa Emma (Brigitte Hobmeier) acogen a Albert (Christian Fríedel), un joven judío, con el riesgo que dicha acción involucra. Pero tal decisión no es totalmente desinteresada dado que Fritz busca tener alguien que lo ayude en su tarea rural y aún más importante obtener lo que él no está en condiciones de conseguir: que su esposa quede embarazada.

La propuesta es al principio rechazada por Albert por una cuestión ética y porque además siente cierto rechazo por parte de Emma. Pero finalmente, ante la insistencia del marido y la amenaza de éste de delatarlo, acepta. Lo que al principió parecía un simple trámite evoluciona, como producto de una creciente atracción física, en la dirección no buscada por el marido. La esposa no le revela inmediatamente que está encinta, para prolongar la relación física.

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Sin necesidad de revelar cómo es apresado se le puede anticipar al potencial espectador que Albert termina en Auschwitz, pero también que logra sobrevivir y aún reencontrar en Alemania una vez más al infeliz matrimonio que lo acogió algunos años atrás.

Hacia el final la acción se traslada nuevamente a Israel, donde Albert se llama ahora Avi (Rami Heuberger), con esposa e hijo. Su encuentro con el joven alemán le permitirá a éste recuperar la identidad perdida, cerrando con total coherencia una dramática historia. Y revelando una vez más que buena parte de los alemanes y su cine no están dispuestos a olvidar el triste pasado, setenta años después.