La maldición de la literatura, Liliana Díaz Mindurry (II)

0
8

El Mal-Decir como eje del ensayo de Liliana Díaz Mindurry está asociado “a la muerte, a la vergüenza, al caos, a la violencia, a la idiotez. También a la ironía, a la pasión, a la soberbia…”. La enumeración sigue a modo de síntesis que la misma autora realiza como cierre de un recorrido que abarca obras y autores tan diferentes como San Juan de la Cruz o Sade, el Génesis y Derrida, Dante y Lacan (la lista es extensísima), aunque todos sirven para demostrar “la mala fe del escritor porque sabe que toda su obra es mentira, pero no por situarse en la ficción, sino por la misma mala fe de las palabras”.

La maldición de la literatura, entonces, exhibe un metalenguaje que habla sobre el lenguaje del Mal-Decir y que postula que la palabra es ante todo engaño. En este sentido, la poesía muestra más que cualquier otro género ese fenómeno de oscurecimiento, de velo, como señala Díaz Mindurry: es el caos. Sin embargo, no solo la poesía, sino toda la literatura no es más que “hablar para no decir nada o para decir la nada”.

Para probar lo expuesto en los párrafos anteriores, la autora se apoya en gran cantidad de citas que fundamentan el Mal-Decir. El texto avanza, además, con constantes preguntas, con continuas reformulaciones de lo mismo, producto de que lo único que tiene la ensayista para probar su posición son las palabras que se presentan desde el comienzo como incapaces de superar el caos inicial. No hay una relación utilitaria entre sujeto-objeto: tal como lo demuestra, entre otros, Borges quien “observa que las cosas quieren decirnos algo y la inminencia de la revelación que no se produce es en sí el hecho estético”; o como dice Derrida “Solo tengo una lengua y no es la mía”, y en esa no pertenencia, el hombre lleva a cabo una obra donde se trasparenta la maldición a la que se ve sometido.

Hacia la segunda parte del libro, la autora nos presenta sus lecturas de “Las babas del diablo” de Julio Cortázar; Nadie nada nunca, de Juan José Saer;  “Desdoblamiento en máscara de todos”, de Olga Orozco; algunos textos de Kafka; En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust; los poetas malditos y la literatura de Onetti, todas desde la mirada del Mal-Decir, desde la afirmación ya explicitada de que la literatura es “decir, anunciar, hacer saber, gritar el hueco”. Sin embargo, en este sufrimiento, el lector ve el suyo propio y descubre que las palabras valen “por lo que sugieren y por lo que esconden”.

Si bien un ensayo es un monólogo reflexivo y una formulación provisional siempre abordada desde una subjetividad, el libro de Díaz Mindurry termina construyendo, a través de un lenguaje poético, una definición de la literatura que “muestra las cosas abiertas en su irrealidad, pero también en la fascinación de lo que es puro misterio, y ese no poder llegar nunca con las palabras es un camino de felicidad ilimitada”.

La autora: Liliana Díaz Mindurry nació en Buenos Aires, es abogada y publicó 19 libros. Entre otros premios obtuvo el Primer Premio Fondo Nacional de las Artes (novela), el Premio Planeta y dos veces el Premio Rulfo de Francia (cuentos). Fue traducida al alemán y a otras lenguas.