Festival de Cine Alemán 2013: Entrevista a Frauke Finsterwalder

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Leedor entrevistó a la directora del magnífico film alemán “Finsterworld

En oportunidad del breve paso de Frauke Finsterwalder por Argentina, cuyo film “Finsterworld” inauguró el 13º Festival de Cine Alemán, tuvo lugar la siguiente entrevista a la muy talentosa y bien dispuesta realizadora de una notable opera prima de ficción.

 Al ver tu película uno tiene la impresión de que no estás muy satisfecha con la sociedad alemana actual. ¿De ser así, qué es lo que no te complace en ella?

 En verdad yo no vivo más en Alemania y lo veo un poco desde afuera. Pero cada vez que vuelvo a mi país y especialmente en los últimos años me angustia cierta arrogancia que percibo en sus habitantes y su fortaleza dentro de la política europea. Esto me resulta muy incómodo debido a nuestra historia pasada por lo que pienso que no deberíamos permitir que ello ocurra. En la película hay algunos temas que aluden a lo anterior como el de la bandera alemana por ejemplo.

Por otro lado en el film hay varios aspectos que tienen que ver con las características de la moderna sociedad alemana, donde predominan el aislamiento individual (Einsamkeit) y la costumbre de evitar los contactos. Justo lo contrario de la sociedad argentina donde la gente tiene la costumbre de besarse al saludarse o en África (la directora vivió un tiempo en Kenya) donde se le da la mano a cada persona que se le cruza a uno y se le pregunta como anda.  No quiero decir con esto que uno es infeliz en Alemania pero siento que falta ese roce tan habitual en otros países incluido Italia (Florencia) donde vivo actualmente

 ¿Opinás que existe alguna relación entre la sociedad alemana actual y la que prevalecía durante el nazismo?

 Debo reconocer que no fue sin razón que el nazismo tuviera tanto éxito en Alemania. La exactitud con la que se llevó a cabo el exterminio no me sorprende al ser producto de la precisión alemana al punto que en otros países donde también imperaba el fascismo como Italia los resultados no fueron los mismos.

Mis abuelos fueron parte de esa historia y uno se pregunta por qué fue eso posible en Alemania. Aún hoy en día existe cierto autoritarismo pero ya no reside en los políticos sino en otros factores de poder como ciertos periodistas con fuerte poder en Alemania y capaces de hacerlos caer. Entonces yo me pregunto si esto que ocurre en Alemania  tiene algo que ver con la democracia y si justifica el convencimiento de muchos alemanes de creer ser los mejores, señalando con el dedo acusador a otros países.

No debe olvidarse nunca que donde más exitoso resultó el fascismo fue en Alemania.    

 Muchas películas alemanas se refieren al pasado y en especial a los tiempos del Tercer Reich. También en tu película aparece el tema no sólo cuando los estudiantes visitan el campo de concentración sino también, según me parece, en la historia del pedicuro y la mujer en el asilo de ancianos. ¿Por qué es esta recurrencia tan frecuente?

 Por un lado, esta recurrencia se puede explicar porque se vende muy bien. Yo pasé los otros días por una librería en Buenos Aires y comprobé que, como en otros países del mundo, existe abundante literatura sobre el Tercer Reich. La gente tiene una obsesión con esta época y se interesan en todo el mundo sobre el tema de la maldad extrema que imperó en ese régimen.

Pero no todas las películas alemanas se ocupan de ese tema aunque muchas de las que se proyectan en el exterior  son sobre ese tema, que a la gente interesa sobremanera.

El otro aspecto tiene que ver con que a los alemanes nos preocupa en forma permanente nuestra historia y en particular el tema de la culpa (Schuld). Es por ello que mi película es muy típicamente alemana al ser muy crítica y porque la hacemos con mucha brutalidad, casi diríamos en forma enfermiza.

Yo creo que mi film es uno de los primeros que en Alemania se ocupa de la historia no mostrando a los victimarios y víctimas sino a lo que ocurre entre las distintas generaciones, tema  que a mi me preocupa particularmente. En mi familia había simpatizantes de los nazis con los que después de la guerra nunca se habló ni permitió hablar de ese tema. También mi padre, que en la época de la guerra era aún un niño, formó parte de una generación traumatizada cuyas preocupaciones después de la guerra era entre otras el hambre y la miseria. Esto mismo se verificó en épocas más recientes cuando después de la guerra de Bosnia llegaron criaturas traumatizadas y que requirieron ayuda psicológica, Pero para la generación como la de mi padre en la década del ’50 esa terapia nunca llegó a existir.

¿Cómo aprecias el esfuerzo de las autoridades y el pueblo alemán para que no se olviden los terribles sucesos de 70 años atrás? ¿Te parece que si hizo mucho, suficiente o poco para preservar la memoria?

 Pienso que se hizo mucho aunque a veces en forma equivocada. En mis épocas de estudiante los maestros se ocupaban mucho de esos temas. Por ejemplo se nos hacía leer Kafka y lo asociaban al Holocausto aunque en verdad sus escritos no se referían a ello. Incluso leíamos el “Macbeth” de Shakespeare y nos volvíamos locos cuando lo relacionaban con el fascismo. Era demasiado pero también se nos mostraban las desgarrantes fotos de los campos de concentración y sus víctimas y no podíamos entender esas imágenes que no nos dejaban dormir.

Pero por otro lado al shock que nos producía lo dispuesto por el estado alemán en nuestros colegios le faltó creo una mayor comunicación emocional. Nos faltó tener la oportunidad de ser visitados en las clases por personas directamente vinculadas como ser víctimas con las cuales poder hablar y discutir. Estimo que hoy la situación cambió ya que en las familias de los jóvenes ya no restan personas vivas de esa época con quienes hablar. Por ello películas como la mía tratan de cubrir esas ausencias para que nunca se deje de hablar de ello.

Existe una nueva tendencia en Alemania en los últimos diez años que personalmente me angustia. Es aquélla que afirma que entre los “verdugos voluntarios de Hitler” había algunos como los polacos que eran peores que los alemanes. Y se tiende a hacer creer que los peores actos fueron cometidos por estos y no por los propios alemanes y eso repito me da miedo.

Es curioso lo que recuerdo de un acto que tuve oportunidad de presenciar en Belgrano, en Argentina, hace algunos años. Era un 9 de noviembre en una reunión que recordaba al pogrom en Alemania en 1938 y donde me sorprendió la atmósfera imperante con mucha gente en su mayoría de la colectividad judía con niños incluidos. Esa forma de memoria lamentablemente no existe en Alemania. 

Entre los protagonistas de tu película hay una directora de cine. ¿Quisiste identificar dicho personaje con tu propia persona?

 Siento que prácticamente todos los personajes de la película tienen algo mío y no sólo la directora de cine. Con  quien más me identifico es con Claude (ver siguiente pregunta).  Pero los problemas que tiene cuando tiene que filmar una película  los conozco muy bien al haber sido al igual que dicha protagonista directora de documentales en el pasado. El stress que ella experimenta lo conozco muy bien al ser tan aburrida su tarea de filmar un documental en que entrevista a una personalidad desagradable que se la pasa viendo televisión.

 Pese a que muchos de los artistas alemanes resultan poco conocidos en Argentina, al ser pocas las producciones fílmicas de tu país que se estrenan aquí, hay dos actrices (Corinne Harfouch, Margit Cartensen) cuya presencia resulta destacable y reconocible. ¿ Cómo fue que las contactaste y qué tal resultó trabajar con ellas?.

 Escribí el rol para Corinne Harfouch pensando en que sería ella quien lo interpretara. Es una de las mayores actrices  alemanas de la actualidad y yo temía que no lo aceptara. Me ayudó mucho mi jefa de casting (Simone Baer) y yo la conocía a Corrine antes cuando trabajé en teatro. Me había impresionado enormemente cuando interpretó un oficial de la SS en “El abogado del diablo”, su mayor éxito teatral. En 24 horas aceptó y si bien no siempre fue fácil dirigirla los resultados fueron creo producto de la confianza que logré en ella. Encuentro notable su cambio de registro pues habitualmente compone personajes fríos (nota: Marta Goebbels en “La caída”) y aquí su rol es de una mujer cálida, bella y muy sexy.

En cuanto a Margit Cartensen (nota: debutó en cine como la mítica Petra von Kant bajo la dirección de Fassbinder, con quien actuó varias veces más) la elegí pese a que hacía varios años que no actuaba en cine porque no le divierte hacerlo. Puede entenderse por qué prefiere hacer teatro con el director más famoso de Alemania y en temas muy extremos.  En el rol de la anciana, a quien atiende el pedicuro Claude (Michael Maertens), se sintió muy insegura durante la filmación pero su notable química con Maertens le permitió superar el trance. La escena en la cama fue muy complicada pues ella se resistía a que hubiera dobles pero al final resultó exitosa.  

 

  • Susana

    Excelente entrevista, tanto las preguntas como las respuestas revelan una cordial, entretenida y enriquecedora charla para los lectores.
    Me pareció genial.