Festival de Cine Alemán 2013: Finsterworld (II)

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Extraordinario film, primero de ficción, de una documentalista alemana que está muy cerca del cine independiente norteamericano.

No equivocarse: Finsterworld no es un lugar. Si es algo, es una cadena de causas y consecuencias que cede espacio a las coincidencias, infortunios y desentendimiento con oscura determinación. Sus leyes, dictadas por los cuentos de hadas germánicos, las canciones que escucharon en la infancia y la memoria de los nazis, se despliegan el tiempo, generación tras generación, pero en forma degradada, en constante pérdida de sus valores.

Es en esta clave que el juego de coincidencias toma lugar, así también las conexiones de sus personajes. Vamos a conocer a una documentalista (Sandra Huller) determinada a contar la historia de un hombre de unos cincuenta años que come fideos frente al televisor nueve horas diarias. “Son dos días y medio a la semana; 12 días y medio al mes; un tercio del año… ¿Qué edad tenes?”. Pero el hombre no encuentra nada revelador en este resumen de sus días, en cambio la invita a comer fideos. Ella dice que hay algo bello que mostrar en este mundo, solo que le es difícil verlo. Escuchando del otro lado de la mesa se encuentra su novio, Tom (Ronald Zehrfeld), un policía de patrulla pasado en kilos que encuentra en los disfraces de peluches su forma de conectar con otros, pero no ella.

También esta Claude (Michael Maertens), un pedicuro que tiene por mejor clientela a los pacientes de un geriátrico. Este es un hombre que ha pasado de la infancia a la adultez en un solo tiro, y se siente cómodo entre las personas de mayor edad porque las puede ver como figuras familiares y como pares al mismo tiempo. En otros plots de la película vamos a encontrar personajes como un adolescente que habla con completa honestidad a un escarabajo y un hombre que vive en la naturaleza y solo se siente en conflicto cuando reacciona como humano. Una saga familiar, la de los Sandbergs, que, por separado – el hijo, los padres y la abuela comparten líneas narrativas distintas en la mayor parte del film-, van a encarnar el pase generacional que salió mal en su país.

Esta película no es típicamente alemana, su registro se compone de referencias cinematográficas más bien provenientes del cine independiente norteamericano. Sus personajes existen en un espacio cinéfilo específico (el físico podría ser el Festival de Sundance, quizás),entre los de Miranda July (“Me and You and Everyone We Know”) y los de Todd Solondz (“Happiness”), y la fotografía privilegia una paleta de colores similar a la que nos tiene acostumbrados Wes Anderson, con quien también comparte el gusto por Cat Stevens. Pero es con Solondz con quien comparte una sensibilidad especial a la hora de observar a sus personajes, de dejarlos revelarse. No convierten sus extravagancias en un motivo de risa, no es un freak-show; cuanto más los conocemos, lo que se vuelve más extraño es que tengan que permanecer escondidos en plena vista. Por esto es que la confección del vestuario no tiene solo fines estéticos, es específica para cada personaje y significa disfraz, su verdad no puede ser observada por otros ojos.

Sobre este punto tiene lugar una conversación de corte epifánico en el que uno de los personajes observa como la estética nazi pudo haber afectado al gusto alemán posteriormente.

Hay un conflicto sobre lo que significa ser alemán. Lo único que pueden hacer al respecto es ser no-alemanes. Su pasado es demasiado vergonzoso como para honrarlo, pero tampoco le pueden dar la espalda. Cargan con la sensación de que han sido poco castigados.

Frauke Finsterwalder es la directora de este extraordinario film. Es su primer esfuerzo con la ficción, anteriormente había realizado documentales, y acostumbrada al tipo de observación aguda que demanda el documental, trae la misma técnica para esta película. Está interesada en las peculiaridades de todos sus personajes, y dispuesta a llevarlo todo hasta sus últimas consecuencias. Verlo suceder es, por momentos, más doloroso que divertido. Y es en esta carga pesimista donde se diferencia de los norteamericanos. Es pesimista porque su mundo es hostil para con lo especifico, y empeora si se tiene esperanzas en que deje de serlo. Es pesimista porque lo nuevo solo nace de las mentiras. Así todo, deja lugar a que se escape algo de paz para los que tienen una larga carrera en el sufrimiento.

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  • Carlos Zamberg

    La verdad, sin palabras. Pocas veces e visto a un redactor describir una pelicula extranjera de tal forma que eso implique querer verla y sentirme atraido a el contenido que promueve esta gran directora. Agradezco La redaccion del Sr. Fainstein Day y quiero felicitarlo por su cometido.
    saludos cordiales