Leolo, de Jean-Claude Lauzon

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Léolo es una obra magistral, impresionante, irrepetible, delirante, no apta para todos los públicos. Es cruda, muy cruda, incluso escatológica, pero también tiene humor y ternura. Es incómoda pero es pura poesía cinematográfica. El martes 17 la proyecta la Cineteca Vida en el teatro IFT.

(…) Todo en “Leolo” está impregnado de una densidad que no permite que el espectador se despiste en ningún momento. Una densidad que nace del núcleo de la historia, tan simple de explicar como inexacto: la lucha de un niño por sobreponerse a su realidad a través de la escritura. Pocas películas llegarán a expresar mejor lo que significa escribir que “Leolo“. Jean-Claude Lauzon no se coloca en el bando de los teóricos, de los que se preguntan si escribir tiene mucho sentido después de gente como Conrad. Jean-Claude Lauzon está en el otro lado, en el de los que presentan la escritura como única salida. Toda la película es una explicación del hecho de escribir, desde la inspiración y sus dudas hasta el vacío y la falta de lectores, que va a superar todo lo que se pueda decir sobre ella. Precisamente porque el interés de Lauzon no era disertar, sino mostrar.

El pequeño Leolo es un protagonista que se nos descubre, desde el principio, a través de una voz en off que va narrando parte de lo que vemos. Nada en “Leolo” es superfluo y, menos aún, esa voz en off que marca una distancia con lo que se nos presenta. Darle significado a esa voz en off es uno de los grandes juegos que Lauzon le plantea al espectador. Dependiendo de la respuesta que se le dé, la película tendrá valor o no. Se quedará como anécdota o como gran metáfora. ¿Quién nos habla? ¿Por qué nos cuenta esta historia justo en este momento? ¿Qué le está pasando al narrador para volver a esa historia que arranca en Montreal con ese niño disparándole a todo con un rifle de juguete?

Todo el ejercicio de Lauzon se dirige directamente al estómago. Se salta el ordenado mundo de las interpretaciones para llegar con más fuerza a donde quiere. Se ha dicho que no está en el bando de los filósofos o los teóricos. Sabe que las impresiones tienen su duración y no es, precisamente, el humorista que pretende llenar las dos horas de su actuación con cinco chistes largos. Lauzon tiene los deberes bien hechos. Ha trabajado mucho y bien y sabe cómo suceder las escenas para que ese continuo ataque al hígado no baje de intensidad. (…)

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(…) Léolo es una obra magistral, impresionante, irrepetible, delirante, no apta para todos los públicos. Es cruda, muy cruda, incluso escatológica, pero también tiene humor y ternura. Es incómoda pero es pura poesía cinematográfica. Es de esas películas que te dejan inmovilizado, clavado al asiento del espectador.

Su argumento gira alrededor de un niño de humilde, extravagante y maniática familia. Este niño se llama Leo pero se hace llamar a sí mismo Léolo, quien además de vivir con su familia convive con desbordadas fantasías preadolescentes entre las que se encuentra los deseos lascivos hacia una vecina o el convencimiento de que nació de un tomate fecundado por la masturbación de un individuo. Con voz en off se nos detalla ese entorno que lo arrastra hacia el delirio en un final históricamente devastador. (…)

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Imágenes integradas 4

JEAN CLAUDE LAUZON

(29 de septiembre de 1953, Montreal –

10 de agosto de 1995, en Kuujjuaq,  Quebec, Canadá).

 

Unos de los cineastas más relevantes canadiense surgido en los años 80. Su muerte prematuro (murió a los 43 años en un accidente de aviación) fue una gran perdida para el ámbito cinematográfico de su país. J. C. Lauzon había empezado forjar un estilo suyo muy propio que la suerte no lo dejo prosperar. Estoy seguro de que tenía un talento natural y que podría haber sido en uno de los realizadores más innovadores de su época, si su destino fuera diferente.

Su filmografía contiene tan solo tres cortos y dos largometrajes: Le secret du colonnel (¿???, corto)  donde parodiaba una publicidad de pollos fritos, Super Marie (¿???, corto) con que ganó el Gran Premio Norman Mclaren en el Festival de Cine Estudiantil de Canadá, Piwi (1981, corto), Las fronteras de la noche (1987) yLeolo (1992). 

por Hayrabet Alacahan

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