La belleza y el caos. 50 años de interpretaciones de The Birds de Alfred Hitchcock

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The Birds es una verdadera experiencia para el que decide internarse en la aventura de interpretar. Como si Edipo se quitara los ojos, no para dejar de ver lo que hizo con su padre y su madre sino para entrar en un nuevo mundo de significados, ese que solo se consigue a través del “vaciado”.

“La modernidad comienza con la idea de que si pones el comportamiento humano bajo control racional, eliminas ese desastre. Luego, se cree que con la ciencia también se pueden controlar los desastres naturales. Lo que ha sucedido es lo contrario: los desastres humanos se han acabado pareciendo a los naturales” –  Miedo líquido, Zygmunt Bauman

El relato “Los pájaros”, de Daphne Du Maurier, fue publicado por primera vez en 1952. Con la II Guerra Mundial como referencia inmediata y con una Inglaterra que todavía sentía las huellas psicológicas de los bombardeos alemanes.

 Du Maurier relata cómo una fuerza de la naturaleza, habitualmente pacífica, se transforma en un ejército suicida e implacable en búsqueda de la aniquilación de la vida humana. Un humilde granjero es el personaje central que ve cómo paulatinamente su mundo es acosado por  el ataque de los pájaros para finalmente ser sitiados en su casa, escuchando a través de la radio la alarmante extensión del fenómeno.

Hitchcock tuvo una especial predilección por Du Maurier ya que había basados dos películas en sendos libros de la autora, son ellos Posada Jamaica (Jamaica Inn, 1939) y Rebeca (Rebecca, 1940). Cuando adquiere los derechos de Los Pájaros primeramente la incluyó en una de las recopilaciones literarias de las que era mentor, y luego imagino la historia como uno de los episodios de la serie de televisión Alfred Hitchcok presenta, pues consideraba que adaptarla para un largometraje cinematográfico era muy difícil. Cuando se convence de su factibilidad técnica, se produce una larga pre y posproducción del film que se estrena finalmente en marzo de 1963.

Dos historias se entrecruzan: primero la relación de una frívola chica rica y solitaria que encuentra en un abogado de San Francisco (Mitch  Brenann)  una nueva y excitante aventura que la lleva al pueblo originario de este denominado Bodega Bay, un pequeño pueblo de pescadores  donde conoce a una antigua novia y a la madre posesiva e insegura del personaje encarnado por Rod Taylor, la otra historia es el ataque de los pájaros.

Como podemos observar, poco queda de ese espíritu rural de la obra de Du Maurier desvaneciéndose todo los ecos de una guerra como en el texto original pero si se respeta el clima de aislamiento y angustia  ante una feroz salida de cauce de lo “natural”.

La pregunta única y obsesiva que ha sobrevolado la interpretación del film desde su estreno fue ¿por qué atacan los pájaros? Robin Wood, a quién todos indican como el mayor crítico de Don Alfredo, resumía que solo tres respuestas son posibles:

1) Las aves se están vengando del hombre por transformarlas en víctimas de su maltrato.

2) Los pájaros son enviados de Dios para castigar a la humanidad malvada

3) Los pájaros expresan las tensiones entre los personajes.

Ya Borges definía lo clásico como: Aquella obra de Arte que una nación o un grupo de naciones o el largo tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término. Hitchcock parece tener claro este punto desde el mismo tráiler, sabiéndose polisémico nos despista de forma muy british,  justificando el ataque de los pájaros a cierta venganza de las aves por siglos de maltrato humano.

Hoy a cincuenta años, me gustaría analizar más la pregunta que la posible respuesta, tratando a esta como un reflejo/síntoma  de un tipo de mentalidad, como la representación de un conflicto simbólico y social no resuelto.

A) La necesidad de entender el ataque (y aquí si se emparente con el texto original) responde a una angustia moderna, la salida de cauce de aquello que creemos controlado, inofensivo  (¿Recuerdan Gremlins?). Responde también a la definición de lo siniestro en Freud, aquello familiar que se nos vuelve siniestro al convertirse en un “otro” amenazante.

B) La guerra fría como contexto, y el apocalipsis nuclear como resultado de la misma parecen enmarcar esta historia de aislamiento e incertidumbre, que nos permitiría rehacer la pregunta con la misma dosis de angustia ¿haremos desaparecer el mundo y todo lo que nos rodea? (el año del estreno quedará marcado como la del asesinato de J.F. Kennedy).

Si nos abstraemos de la consabida pregunta, podemos describir que en la película dos órdenes entran en conflicto: el natural (eso que creíamos entender y controlar, eso que está para satisfacer nuestras necesidades) y la concepción naturalizante o “cultural” cuyo posible caída produce esa sensación de Caos (ruptura con un “cosmos” sinónimo de orden y seguridad).

Ese mundo ingenuo y feliz de Melanie Daniels,  que encarna Tippi Hedren,  se derrumba ante ese conflicto,  como para que Hitchcock nos muestre la contracara del sueño americano, como si de nuevo fuera el mejor comentador fílmico de Freud, ahora ilustrando el “malestar en la cultura” donde parece decir “los pajaros son la violenta presencia de nuestra infelicidad que al no reconocerse se transforma en la peor pesadilla”.

En el momento de su estreno acríticos y espectadores reclamaron “razones” por el comportamiento de las aves, les molestó que todas las posibles respuestas fueran “parodiadas” al interior del film, desde el escepticismo científico o lego hasta la credulidad religiosa o supersticiosa (portada ni más ni menos que por un borracho), y quedaron desconcertados por el abrupto final, sin explicaciones y sin siquiera el consabido y  tradicional The End.

Irónicamente Hitchcock  responde a sus ocasionales entrevistadores (entre ellos Francois Truffaut) “El tema de Los pájaros, si lo desea, es el que crea más satisfacción en el mundo: la gente no es consciente de que la catástrofe nos rodea”.

Con algo de misteriosamente profético, los pájaros se parecen al mundo de la gripe aviar, la vaca loca y los atentados a las Torres Gemelas (esos aviones ingresando por los edificios se parecen a esa aves que se estrellan contra las ventanas de la película).

Y esta suma de inquietudes presentes y futuras mas la increíble maestría para  no coagular ningún sentido principal, transforman en un clásico a La película, más allá de algunas actuaciones  (¿le avisaron a Rod Taylor que esta no era la continuación de “The time Machine”?) y un guión que nunca termina de armonizar los momentos tensos y duros del film con sus toques de comedia algo rústicos (los periquitos que van de un lado a otro dentro del Austin Martin que maneja Tippi Hedren).

Quizás The Birds sea la película de Sci Fi que nunca hizo Hitchcock (y no porque tenga a la siempre sufriente Veronica A. Cartwright aquí como Cathy Brenner décadas después como Lambert en Alien).Recordemos  la cámara que nos muestra Bodega Bay desde el aire, como compartiendo la visión de los pájaros a punto de atacar, esa invasión de seres que no vienen del out space  son los que visualmente “enjaulan” a los humanos (en un coche, en una cabina telefónica, en una cafetería, en su propia casa);  la casa de Norma Bates en “psicosis” ahora es el mundo entero.

The Birds es una verdadera experiencia para el que decide internarse en la aventura de interpretar. Como si Edipo se quitara los ojos no para dejar de ver lo que hizo con su padre y su madre sino para entrar en un nuevo mundo de significados, ese que solo se consigue a través del “vaciado”.

Tal vez ese sea el sentido del horror que vive la  Sra. Brennar  (parecida a nuestros conservadores e inseguros críticos) cuando encuentra  a  su vecino muerto y sin ojos.

Tal vez en esa tensa calma del final se exprese que solo aquél que se adentra sin pre-juicios en el caos semiótico del arte (¿qué otro caos hay sino?) pueda encontrar una nueva forma de experimentar  a los clásicos.

Rosebud amigos…

 

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