Oliverio

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Oliverio, inspirado en los poemas de Oliverio Girondo y en la estética de Tim Burton, se presenta los sábados a las 23 hs en el Teatro SHA. Un espectáculo sensible y divertido para encontrar luz en la oscuridad. Últimas tres funciones: sábados 7, 14 y 21 de septiembre.

Hasta el estrabismo mismo de los huesos

“A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad / en el espanto que sentirán las sombras y quisiéramos avisarles/ para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.” O.G

 

En su nuevo trabajo, Darío Cortés repite una fórmula (quizás un modo de ver el mundo, el teatro) pero esa repetición no connota tedio ni desgano ni falta de ideas sino nuevas búsquedas, nuevos recorridos, nuevos matices para las obsesiones que vuelven, nuevos desafíos. Como en Alfonsina, una de sus obras anteriores, recurre al unipersonal, a figuras emblemáticas de la literatura argentina poco transitadas y a un motivo: la posibilidad de encontrar luz en la oscuridad.

La oscuridad luminosa es el oxímoron que Oliverio propone, desarma, explora durante la hora que dura la función, en un vaivén que va desde la profunda melancolía hasta el humor absurdo. “¿Qué hay en la oscuridad?” se pregunta Julián Minckas, encargado de la hermosa musicalización de la pieza, y la respuesta parece ser amplia y generosa: Hay un hombre, Oliverio Cienfuegos, encerrado en su casa, en su nombre (si se llamara, por ejemplo, Lucas, todo sería más fácil) en su dolor y en su pérdida. El estado de su alma se trasluce, se refleja en su estética dark. Está solo y espera. Tal vez esa espera, que es esperanza, lo mantiene vivo, lo lleva a hablar vivamente (con el psicoanalista, con el público), a contar su historia: el amor de María Luisa y la tierna anécdota que le hace perder su antiguo empleo heredado de cartero ( nuestro personaje roba libros de Oliverio Girondo de la correspondencia de los amantes y otros atrevimientos) ; pero también su presente, sus intentos fallidos por abrirse al mundo y a los demás, a ese afuera que se teme aunque, de todos modos, resulta atractivo ( por los nuevos amigos, por una chica que le gusta).

Todo lo que sigue es revolución y “giro hondo” (otra vez el nombre haciendo de las suyas, provocando cambios, estallidos del cuerpo). La poesía le sirve para mostrarse, para despejar nubarrones, para limpiar(se), para iluminar(se). Una vez descubierta esa magia, intempestivamente, en aquellas cartas que marcaron su destino,  la poesía lo salva y lo condena, lo mata y lo cura, lo derrumba y lo sublima.

Oliverio es un espectáculo de mezclas. Mezcla estéticas y lenguajes, a Burton y a Girondo, la poesía y el psicoanálisis, el género epistolar y el facebook, la soledad y la compañía, la ironía y el dolor, el cine y la literatura, lo cotidiano y la alta cultura, con una naturalidad y una lucidez que asombra y conmueve. Darío Cortés es un director (siempre) inteligente y sensible que comprende sus propios gustos, sus propios gestos, su propio y personal itinerario como espectador/lector/observador de la realidad y logra una síntesis perfecta. Nos regala una obra que es para todos: para los que aman a Girondo, para los que idolatran a Burton y también para los que no conocen a ninguno. Quizás ésta sea la oportunidad de acercarse, para soltar, para dejar que el arte, el teatro, la poesía, la magia les cale, fuerte y hondo,” hasta el estrabismo mismo de los huesos”.