Declaración de vida

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Gran honestidad intelectual de una directora que elige una modalidad positiva sin caer en el melodrama en el golpe bajo. 

La actriz Valérie Donzelli tiene 40 años y tres largometrajes como realizadora. Declaración de vida no es una traducción literal del original “La guerre est declarée” pero por una vez parece acertado el cambio de título que ya desde el mismo afiche local se enfatiza (y donde está tachada la palabra “guerra” y reemplazada por “vida”).

El tema es doloroso y está basado en una experiencia similar por la que atravesaron Donzelli y Jerémie Elkaim, su coprotagonista y ex pareja. La primera escena es reveladora de lo que se va a ver cuando Adam (Gabriel Elkaim, el hijo en la vida real de ambos) a los ocho años se somete a un examen rutinario para terminar comprobando con gran felicidad que la remisión de su tumor cerebral ha sido total.

El resto del film, a la manera de un gran flashback, nos muestra las diversas etapas por la cuales pasaron Juliette y Romeo, tal su nombre de ficción, desde su encuentro inicial en una fiesta. Seguirán el nacimiento de Adam y sus primeros pasos acompañados por abuelos bastante singulares como la paterna (Brigitte Sy) o la más comprensiva materna.

Frecuentes vómitos de la criatura y una disimetría facial harán que la pediatra (Béatrice de Stael) recomiende la consulta a una eminente neuróloga, aprovechando el viaje de Juliette a Marsella.  La doctora Fitoussi, convincente interpretación de Anne Le Ny (“Amigos intocables”) realiza el diagnóstico adecuado y recomienda al cirujano y especialista Saint-Rose, otra ajustada caracterización del actor Frédéric Pierrot, poco conocido localmente.

Los hospitales en los que se filmaron las principales escenas del film son los mismos donde transcurrió la historia real.  En particular está el Hospital de Niños (Necker) en pleno Paris, donde ocurre la operación de nueve horas de duración y el centro especializado (Hopital Roussy) en Villejuif (sur de Paris). Hay un especial reconocimiento en los títulos finales a la Seguridad Social de Francia, servicio que virtualmente salvó la vida de su hijo pese a no contar la pareja con muchos medios económicos, obligados incluso a vender su casa.

Donde “Declaración de vida” innova es en la forma en que presenta una situación extremadamente dramática como la que debieron sobrellevar. Por momentos puede producir desconcierto verlos cantar al mejor estilo de “Los paraguas de Cherburgo” y otros films musicalizados, como algunos de Resnais.

 Pero es evidente que la gran honestidad intelectual de Donzelli la impulsó a elegir esta modalidad sorteando con total éxito la posible caída en el melodrama o peor aún en el golpe bajo. La banda sonora apela a temas clásicos como “Mañana de Carnaval” de Luis Bonfá, aunque debidamente adaptados a nuestra época y otros que en algunos casos aparecen como “remasterizados” y muy ruidosos. Podría decirse que logran el efecto de aturdir a los protagonistas para que puedan sobrellevar mejor tantas vicisitudes. Hay además una segunda temática, además de la médica, que tiene que ver con la relación de pareja y que suele ser uno de los puntos fuertes de la cinematografía francesa. Esa aproximación por si sola justifica ver una película que nos revela a una actriz y realizadora a seguir en sus próximos pasos.