De ciudades y agujas: Dolores Casares

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La obra de Dolores Casares, una de sus ciudades especialmente seleccionada por la curadora de la muestra de Antonio Berni en Houston para la gala de inauguración, es un buen motivo para pensar en el sistema de obra de una artista de bajo perfil y proyección internacional.

Una de las esculturas-instalación de la serie Ciudades de la artista visual argentina Dolores Casares (Buenos Aires, 1960) ha sido seleccionada por Héctor Olea y Mari Carmen Ramírez para ser exhibida en la gala de apertura de la exposición Antonio Berni: Juanito y Ramona en The Museum of Fine Arts de Houston que se llevará a cabo entre el 10 de noviermbre de 2013 y el 26 de enero de 2014.

Con un comienzo general en el dibujo y la pintura, y un pasaje por talleres de diversos artistas entre los que se destacan Carolina Antoniadis y Eduardo Médici, su trabajo vira de la pintura expresionista a las impresiones en tela y a una búsqueda que se va volviendo más y más espacial. En este aspecto es clave su experiencia de 2008 en Las Salinas del Bebedero, San Luis, adonde Casares acude munida de agujas (de tejer, pero ya también de acupuntura) a realizar una performance que consiste en clavarlas en la tierra a manera de señalamiento/instalación land art, dejándolas allí y guardando el registro fotográfico.

Luego, como si se tratara de una puesta en escena que confunde los límites y repite el rito cotidiano y básico de supervivencia humana mediante la apropiación de la naturaleza, repite la experiencia en un depósito urbano, llenándolo de sal y clavando sus agujas, a fin de obtener imágenes para una proyección que luego tiene lugar en la Galería Pasaje 17. En este contexto, aparecen los primeros cubos de acrílico transparentes que serán característicos de sus siguientes indagaciones. Además de los elementos recurrentes, trabaja la presencia lumínica sumando cables de fibra óptica.

Y, de tanto indagar en el espacio, la transparencia, el elemento lábil y punzante, arriba a un descubrimiento que marca de allí más su producción a manera de firma: las sombras que las agujas pueden proyectar dentro de sus cajas, planteando ya no volúmenes aislados e independientes, sino constelaciones de sombras que sugieren una interacción desde la ausencia y la ilusión proyectada en la pared por sus torres de acrílico y aguja.

Comunidades de formas que se vuelven retóricamente conceptuales de tanto repetirse y desdecirse en la imagen que proyectan, como si fueran el inconsciente de una sociedad de formas que se dibujan y redibujan en el diálogo de la luz y la acción del espectador. En este mundo no queda afuera la aplicación tecnológica: las ciudades que Casares construye desde su obsesiva investigación espacial se verán enrarecidas por aplicaciones electrónicas que aportan un toque ambiental muy preciso. Ella incorpora secuenciadores, delays, leds, que vuelven fantasía la rigidez del acrílico.

Pero hay algo más, y es su fascinación por las agujas de acupuntura para conformar sus universos de edificios. Cada torre de acrílico contiene miles de agujas, dispuestas de manera seriada y milimétrica, pero manualmente, por la artista y su asistente. Estas agujas además aportan un elemento nuevo al acero: el color cobre, rojizo, naranja, en un tono metalizante que rehuye la mera calidez.

Agujas de la medicina china, de esos otros saberes considerados holísticos e integradores, que piensan el cuerpo como totalidad. Metáfora de sí misma, el punctum de otros accesos a la obra de Dolores, para construir otros gestos desde los que añadir sentidos, la perla encerrada en la caja invisible. Más allá de lo cinético y lo óptico de su propuesta, el corpus de sus ciudades tiene algo en su interior que quizás sea lo que empezó a moverse en el universo creativo y sensible de esta artista cuyas búsquedas recomendamos seguir.

Dolores Casares es artista de la Galería Aldo de Sousa.