Mónica Rojas: Circunvalación del Olvido (o de cómo remodelar el confin de la memoria)

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La artista expone en el Museo López Claro de Azul su última serie fotográfica que reflexiona sobre el espacio y el diálogo entre ausencias y presencias.

Texto de la exposición, por Claudio Ongaro Haelterman

Fenómeno fundamental entre fines del Siglo XX e inicios del XXI, la fotografía no es una simple corriente del arte contemporáneo.

La misma llega en realidad a abrazar la categoría general de la imagen, las investigaciones experimentales posibles del universo virtual, las formas alternativas de la comunicación en la era de los nuevos medios, la historia del fin de los modernismos en el momento en el cual entra en crisis el estatuto de la obra de arte, la problemática característica del documento, en un contexto en el cual el arte no es más el único horizonte de la creación y además, el montaje de las imágenes en la época en la cual se duda de la experiencia que nos ofrecen las representaciones.

La acción fotográfica consiste en un proceso más complejo del técnico elemental. La fotografía artística es el resultado de una proyectualidad visual y psíquica que se precisa aún antes del obturador con el cual el fotógrafo toma la decisión definitiva de ejecutar la imagen.

Henos aquí en el acto de remodelar los confines entre la fotograña en sí misma y la pintura. Henos aquí en la propuesta de imagen de Mónica Rojas.

Con la particularidad de poner en ejecución la captura de momentos de tiempos disyuntivos, entre falsas pistas y lo onírico como brutal gentileza, transpone y vela al unísono el disimulo y la desaparición de espacios y personajes que revitalizan lugares y voces sin narración alguna, que como característica de las estéticas posmodernistas, finaliza colocando en la falacia entre la representación y la recreación . Vestir ruinas pareciera ser su cometido, otorgarles hábito y por lo tanto volver a habitarlas pareciera ser su objeto.

Los trayectos de la relación entre olvido y memoria son múltiples e insondables del mismo modo que lo son las vías que las creencias atribuyen a los dioses. Carece de sentido preguntarse acerca del despojo espacial, los escombros y el abandono de los espacios y construcciones ante los cuales nos pone, más bien nos propone la insidiosa estaca acerca de su sobrevivencia, de su permanencia en el tiempo y de aquello que aún habita sus cimientos.

Atesoramiento de restos, arqueología de lo vivido, perdurabilidad de huellas y rastros y una notable voluntad de rechazar el olvido, pareciera ser su meta, sin pretensión de documentar sino de elevar a protagonistas aquellas marcas y grietas en los viejos muros desgarrados donde fue albergada alguna vivencia.

Marcas y escisiones de supuestos mundos paralelos que conviven, edificios abandonados y paisajes desgarrados pero con grietas florecidas. Construcciones- testimonios, que parecieran especializarse en el hallazgo de brotes donde la mirada de Mónica Rojas sabe leer las imágenes de los cementos, ladrillos, pisos, tierras, despojos y deshechos, y los cuerpos que insisten en seguir presentes en un espacio que simularía ya no querer de ellos, entre la clandestinidad, la historia y la perseverancia de sus propias emociones.

Entre luces y sombras, el hábito de penetrar el mundo material e imponerle la vida se dirige hacia el testimonio y su diálogo para con un paisaje constituido por el abandono y su recuperación, donde la huella y trazo de lo vivenciado hacen a la excedencia del mero registro.

Interpelación doble, ya que nos da la posibilidad de una otra mirada sobre lugares y sitios localizables geográfica e históricamente abriendo al recuerdo y su presencia, pero al mismo tiempo imaginar y trasladarnos en la experiencia, paso y tránsito de otros, que todavía hoy, de alguna manera conviven entre nosotros.

La artista nos pone de lleno en el seno de la problemática de una estética contemporánea que diferencia el espacio del sitio y a éste del lugar.

Si es cierto que lo humano no le habla a las cosas sino que nosotros somos hablados por ellas, entonces podríamos comprender y comprendernos a través de estas imágenes en algo del lamento de ciertas ruinas vestidas, sus emplazamientos y vestigios, a los que muy paulatinamente podríamos extirparles una nueva vida que sigue queriendo de sí.

Una manera implícita de estar dispuestos a la nueva tarea del por-venir.