Barroco Exuberante en el Guggenheim de Bilbao

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La exposición Barroco exuberante. De Cattelan a Zurbarán—Manifiestos de precariedad vital presenta obras contemporáneas junto a pinturas del siglo XVII, desligando el concepto de Barroco de su percepción tradicional y de sus clichés formales.

Alejándose de la pompa, la ornamentación y los dorados, la muestra se centra en el Barroco como manifestación de una vitalidad precaria, una precariedad exaltada, redescubierta, perdida, proyectada y amenazada por la muerte. Barroco exuberante tampoco alude a la existencia de una nueva corriente estilística neo-barroca sino que pone de relieve cómo en algunas obras contemporáneas el arte se acerca a la realidad y entra en contacto directo con aspectos existenciales.

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Urs Fischer, titulada “Cama blanda”.

 
El Barroco normalmente se asocia con el dinamismo, la sensualidad, el exceso y la teatralidad, y se aleja de la apacible solemnidad de las formas clásicas. Sin embargo, el Barroco también fue una época de inestabilidad y de desmoronamiento del orden establecido. El historiador del arte, Erwin Panofsky, acertó a ver en el Barroco “la victoria del subjetivismo, que se propone expresar sufrimiento y humor en la misma medida”.

La selección de pinturas barrocas y obras contemporáneas para la exposición ofrece una aproximación a la vida real para configurar un universo de contrastes donde imperan el ilusionismo, el hiperrealismo y el anhelo de una vitalidad exaltada. Los artistas de las vanguardias del siglo XX también aspiraron a equiparar arte y vida. Aunque hoy día parece haberse olvidado aquel furor esencialista, perdura entre artistas que exploran la permeabilidad de la frontera entre el arte y la vida.

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Pieter Aertsen. La carnicería, 1551–1555

 

Desde el presente, Barroco exuberante vuelve la vista hacia la historia y se adentra en temas como lo rústico, lo sencillo, lo religioso, lo sensual, lo grotesco, lo burlesco y lo viril. La exposición elude las analogías temáticas o formales más evidentes y opta por presentar obras barrocas y contemporáneas en un montaje de inspiración cinematográfica en el que pasado y presente, con sus diferencias y similitudes, conviven para enriquecerse mutuamente y generar nuevas interpretaciones.

 

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Simon Vouet, El rapto de Europa, ca. 1640. Óleo sobre lienzo, 179 x 141,5 cm
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

 

Ilustra la nota: Nicolás Poussin, Venus sorprendida por los sátiros, ca. 1625 (detalle)