Los amantes pasajeros

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Todo en estos Amantes pasajeros que se estrena en Argentina el proximo 8 de agosto desborda una alegría cinéfila que seguramente va a dar que hablar. 

Tras la animación de los créditos que retoma la estética más colorida de Mujeres al borde de un ataque de nervios, el gag inicial involucra a las dos más resonantes estrellas salidas de la cantera del gran Pedro: Antonio Banderas y Penélope Cruz. El es un asistente de pista de aeropuerto, ella conduce el camión que traslada las valijas. Tres minutos bastan para saber, después, que esa situación centrada en el diálogo del anuncio de un embarazo, se convierte en la causa central del conflicto posterior.

Un plano panorámico del avión “Chavela blanca”, de la empresa Peninsula, se ve enrarecido con respecto al eje horizontal: es la primera señal por un lado de una decisión sobre el diseño de los planos que nunca van a ser del todo estáticos, nunca convencionales (tambien están los extremadamente simétricos y frontales) a lo largo de la hora y media que transcurre Los amantes pasajeros, y por otro lado una textura de la imagen simil digital que también envuelve a la película en un tono de artificialidad, algo así como una imagen irreal, un sueño hipnótico al que ingresamos a través del icono del sueño que dibuja la hélice al arrancar. A partir de allí todo será obviamente simbólico, o mejor, será simbólicamente obvio: desde el nombre del avión, o el pasajero que lee el libro de Bolaño , o el otro que sostiene el diario “La vanguardia” con  los top ten de los escándalos económicos del año.

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Dentro de la elipsis de una hora y media transcurren elementos de la trama que sólo sabremos por el diálogo posterior: interesante elección desde el relato. Es el momento en el que encaja tanto el gag de Banderas y Cruz anterior, como la dormidera generalizada que sigue después.

La prostituta más famosa de España (Cecilia Roth) que se acostó con el misterioso (y también obvio) “numero 1”, o la mujer madura, pero virgen, (Lola Dueñas) que tiene poderes sensitivos y que anuncia que “va a ser un día muy especial para todos”  cuya especialidad “son los muertos”. La pareja de jóvenes recién casados. Sorpresas que nos depara Almodovar con historias de amores cruzados, gays y de los otros, que son lo menos importantes. De hecho, uno de esos amores desencontrados tiene lugar fuera del estrecho espacio de la clase Primera del avión, este avión que viaja a México, un país que Almodovar no duda en estigmatizar con el narcotráfico y la violencia. “Allí la vida no vale nada”

El clip dentro del avión del trío de azafatos gay (Javier Cámara, Raúl Arévalo, Carlos Areces ) “Estoy tan excitada”  (The Pointer Sisters) es el momento del climax del desenfado: bailando en el estrecho espacio de la Primera de un avión que vuela en círculos mientras espera una pista libre para aterrizar. El primer contacto con ellos había sido a través de las medidas de seguridad del protocolo, ya de por sí, repleta de pasos de comedia.

La verdad que la nueva película de Almodovar es exuberante. Desborda colorido, planos extravagantes, situaciones absurdas, diálogos bien almodovarianos repletos de desprejuicio sexual, consumos de droga y alcohol, celos, infidelidades que siguen funcionando como el cóctel que mejor maneja, y que, por otro lado, más disfrutamos.