Unas vueltas sonoras

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Gran Martell actuó en Niceto el 16 de Mayo del 2013, después de un largo tiempo sin aparecer por los escenarios.

Esta crónica forma parte de una serie de “Notas a destiempo”.

¿Cuanto tiempo pasó? ¿Debería escribir pasado tanto tiempo? ¿Tiene sentido narrar un acontecimiento después de tantos ruidos? Pasadas las dudas, uno escribe con lo que sobrevive en el recuerdo. Así estas crónicas intentan a destiempo, ser un poso de sensaciones, más algún que otro ejercicio de documentación.

Repaso notas pasadas. Dispersas en la red a veces repiten y crean leyendas, como la de un ilusionista contemporáneo de Harry Houdini que según parece se llamaría Joseff Martell. Lo rastreo y no encuentro nada de su vida, se esfumó, aunque no todo está en internet y el debe andar desaparecido después de esfumarse tras uno de sus trucos.

“El ilusionista rumano Gran Martell era el segundón de Harry Houdini, más célebre y adinerado” (Clarín, 7.6.2005)

A mi especialmente, me encanta la parte donde se comenta aquí y allá, porque en la red también hay eco, que fue el sr. Martell el creador de cubos desconcertantes.

En esas notas, hay palabras que no suman polvo, pero si que son opiniones que apuntan a que los Gran Martell quieren ser libres, llevar la música por senderos aún no delineados. Convertir la música en una experiencia nueva hecha por músicos experimentados, pero que quieren precisamente poner en riesgo cualquier situación de acomodo. Es un electroshock al rock que devoró hace un tiempo la industria.

“El rock es un género bastardeado, porque el estereotipo superó a la música, cuando lo bueno es que nosotros descubramos las cosas, no que te las den servidas. Es que el sistema adoptó el rock como una música representativa, cuando antes era totalmente contestatario; pienso que el riesgo artístico se perdió, porque se lo comió el mercado. Y nosotros venimos a plantear que la cosa viene de otro lado” (Página 12 16/6/2010)

Cuando estás ahí el sonido te explota en las manos ¿Eso es el rock no? Potencia, para seducir, para vibrar, para no quedarse indiferente. Fue una revolución musical. Antes de ese momento no habían héroes en la música. El músico era un paria que con suerte sobrevivía y desde entonces se convierte en una estrella, como las de la gran pantalla y su vida interesa. Hasta le hacen fotos. ¿A caso no son dioses los que fotografía Bob Gruen? ¿A quién y por qué seguía Robert Frank con su cámara durante una gira? Solo a unos chicos que saben tocar unos instrumentos y que se drogaban excesivamente? Pero qué música y en qué momento? Una que ya no es para una minoría y que no está encerrada, aquella que nace de las entrañas y el dolor, y que se alía con las nuevas formas de registrar y expandir el sonido. Un estruendo que hizo que muchas cabezas se descalabrasen y que hoy aún contamina con su leyenda los escenarios y los consumos musicales. Eso si, la revolución ya pasó, la grandes casas discográficas lo fagocitaron todo, solo quedaron, como esa foto tan famosa de El Valle de la Muerte de Roger Fenton, los balazos desperdigados en el camino después de la batalla.

Es en ese escenario menos espectacular, más libre pero a la vez más vago, más difuso y a la vez desconcertante que nacen las nuevas experimentaciones, inmersas en los ecos de grandes estruendos que ya quedaron fosilizados en la historia.

Jorge Araujo : << En el caso nuestro al ser un trio fue muy difícil, los primeros años, poder romper con esa situación sonora. Poder abrirse a nuevos territorios. El disco que para mi rompe estructuras con nosotros mismos, es Un Volcán. Porque ahí aparecen pianos, aparecen cuerdas. Un montón de cosas nuevas para nosotros. Abordamos cosas que la composición de una batería que me diseñaron para tocar parado. No la de hoy, sino otra. Que tiene otro sonido que genera otras cosas, otras medidas. Otra configuración y la usé inclusive para grabar, ese batería. Ahí es la ruptura con una cuestión sonora >> (la misma noche del concierto en Niceto).

Ahora la gente está tranquila viviendo el estruendo. Hay un chico que incluso pide más movimiento a un público que no baila, sino que contempla ese grupo que les convoca y al cual siguen respetuosamente. Gran Martell experimenta en un escenario sobrio, un sonido transparente -Hace tiempo que no se reunían ante su público y recuerdo que se excusaron antes de actuar, por la tardanza – El bombo de la batería que activa Jorge Araujo, tiene esa cualidad también  y por eso quizás me contagia la imagen de algo que es cristalino, duro, que permanece inmóvil porque los que lo crean así lo desean, casi no nos lo dejan tocar. La imagen, mientras actúan nace involuntariamente, como la de un torbellino o la de un mundo subterráneo o la de un derrumbamiento, todas ellas aleatorias, pero producidas al viajar en el sonido. Esa es mi película, otros harán otras, pero todos estamos ahí en el mismo instante cuando suenan, Tierra de Campeones o Perro por Bozal, canciones que nacen contundentes en el escenario en el que un público, como ante una catarata, los contempla.

El escenario es un lugar de pruebas escogido por estos tres amigos que se quieren y se respetan.

Me muerdo la lengua, para los dedos, antes de repetir lo que uno puede saber linkando. Son gatos viejos, aunque actúen como no sabiendo nada aún. Se los admira y aplaude, por lo que son y lo que forman. Y aunque son caros de ver, no importa, no llegaron tarde a su música. Algunos escogerán otras, porque cada uno tiene sus ingredientes emotivos compuestos ahí en su interior de determinadas maneras, cosa que desconozco. Si sé alguno de los míos, por eso Tango Griego me captiva, y me dejo atrapar en esa indignación sonora a veces pausada, a veces estruendosa.

Pienso en el éxtasis. En aquel que uno puede experimentar y en aquel que uno puede contemplar en otros o de otras maneras, cuando por ejemplo lo ve representado. Este último estaría fijado por ejemplo, en el rostro que esculpió Bernini de Santa Teresa de Jesús, como también y por momentos en esa noche, en el del músico que hace nacer sonidos de esos instrumentos que ama y glorifica. Me quedo mirando ese gesto, el de cerrar los ojos, abrir la boca, tocar casi el sonido. Un instante precioso de la música en vivo. Tienes los músicos tan cerca que casi puedes sentir ese momento, mezcla de esfuerzo y placer, como un estiramiento de los sentidos. Es allí donde el espectador y el artista se encuentran, se entienden o no, se reconocen y aplauden, gritan o se alejan avergonzados. Porque ese momento sublime se puede romper, es frágil y los músicos lo ensayan, lo buscan y sin pensarlo lo experimentan en cada viaje, en cada actuación. Lo vi en el rostro medio oculto y seco de Gustavo Jamardo cuando se quedaba solo con su bajo y también en el de Tito Fargo cuando con guitarra y sintetizadores probaba de domar a la desconocida electricidad.

Jorge Araujo: – << Yo contaba el otro día que cuando canto y toco la batería, tengo lapsus en los que no recuerdo bien que es lo que estuvo pasando, porque es como una situación, no sé si llamarlo concentración, tampoco se bien como describirlo. Es como momentos en los que no puedo pensar ni en lo que estoy cantando, ni en lo que estoy tocando… >> (la misma noche del concierto en Niceto).

Queremos guardarlo todo, aún sin pensar donde vamos a colocar todo eso que son vivencias que ya no sabemos casi si nos tocaron. Hubo dos momentos de esos, para sacar las cámaras y grabar y llevárselos a quien sabe que carpeta de nuestros pc’s. No sé cuantos archivos nuevos se produjeron de éstos y cuantos son ahora solo recuerdo que late cuando hacemos memoria. Algo de la contemplación se pierde y algo del actuar se transforma. Todos un poco son pequeños canales de televisión. Uno de esos momentos fue cuando apareció la baterista Andrea Álvarez. Amaneció y ese espectáculo viró unos grados hacía algo más empático y no tan hermético, ahí la banda con Empotrado y 2 Huecos parecieron acercarse un poco más a aquel público que los miraban antes como quien mira de lejos y protegido un alud. Esa singular aparición se complementó con otro instante con toques de inocencia. Fue cuando Jorge Araujo, cambió su rol de baterista por el de cantante. Parecía otro y para mi ese fue un gran momento del grupo y de la noche. Una prueba, con todos los temores y las incertidumbres, un nuevo intento por renovarse o decir desde otro lado. Una buena excusa para no encasillarse y estar más libre, solo con la voz. Me pareció un momento feliz que no registré digitalmente que iluminó la sala y abrió el espacio, sin nada épico ni trágico, pero con toda la valentía que un acto de estas características podría contener.

Jorge Araujo: << De hecho cantar a delante, para mi, fue muy liberador porque esos temas los vengo cantando hace ocho años en la batería. Entonces haber salido hoy, con un pie de micrófono… Está bien que no conozco mucho, que no se bien que hacer pero la verdad que fue bastante auténtico, me sentí muy cómodo. No sé como me habréis visto…ese es otro tema >> (la misma noche del concierto en Niceto).

Jorge Araujo: << Es un grupo que permite individualmente que podamos volcar un montón de cosas que tenemos artísticas y después como que Gran Martell como grupo, las nuclea y contiene >> (la misma noche del concierto en Niceto).

La sensación persiste, vi un ensayo. Una prueba de buenos músicos. Algún tipo de acción artística desligada un poco del ritual habitual. Gran Martell son creadores en busca de un ambiente sonoro aún por definir. Músicos aún por reinventarse. Quizás no te guste su música, pero su acto no te pasará desapercibido. Puede incluso que no entiendas sus letras, pero las imágenes provocadas por lo que escuches quizás te sirvan mejor para comprender estos experimentos de nueva alquimia rockera.

Jorge Araujo: << Gran Martell es una manera de expresar que tenemos y no hay mucha vuelta >> (la misma noche del concierto en Niceto).

Pueden ver más imágenes del concierto realizadas por Juan Manuel Sosa en su web  y también en estos álbumes ( 1 y 2 )

 

Gran Martell - Niceto