Marcia Paradiso directora de Lunas Cautivas

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A propósito del estreno de su documental este jueves en el Gaumont entrevistamos a su directora, Marcia Paradiso.

-Cómo surge el deseo de abordar esta temática documental?

El documental surge en principio de una reflexión teórica, que nació de la lectura de un ensayo de la poeta Ivonne Bordelois, “La palabra amenazada”, donde la autora cuestionaba el uso del lenguaje degradado y violento en los medios masivos de comunicación. Era un planteo muy profundo acerca del valor de la palabra y lo que representa. Paralelamente abro un Página 12 y leo una crónica sobre un taller de poesía en una unidad penitenciaria de mujeres, en la Unidad 31, a cargo de la Asociación Yo no fui, dictado por las poetas María Medrano y Claudia Prado.

En ese  momento sentí que existía una suerte de contradicción simbólica , violencia en el lenguaje de los medios y belleza en el lenguaje que se estaba produciendo en una cárcel.

Y por otra parte, ese disparador me llevó a acercarme a una muestra de las internas de la Unidad 31, en una muestra de fin de año, en el Centro Cultural Rojas. Se trataba de una exposición de fotografías estenopeicas, muy impactantes, que producía el taller “Luz en la piel”, a cargo de Guadalupe Faraj y Alejandra Marín y de una presentación de un Fanzín de poesías, leídas por las propias internas, al tiempo que estaban custodiadas por agentes del servicio penitenciario de civil, una sala del Rojas que intentaba tender un puente con el afuera, permitir traspasar las barreras del penal a través de una muestra de arte. Allí inicié los primeros acercamientos y empecé a pensar en que sería interesante documentar el proceso que había permitido llegar a esa producción tan  maravillosa.

 

-Cuanto tiempo de trabajo previo requirió el mismo?

El trabajo de investigación me llevó más de 6 meses, comencé a asistir todos los lunes a los talleres, tanto de poesía como también a los de fotografía. Fueron meses de escritura en conjunto, de ir involucrándonos de a poco, de irme integrando al grupo y de ir planteando la posibilidad de realizar un documental, para las chicas que quisieran, que tuvieran deseos de dar a conocer la experiencia que venían construyendo.

 

-Cómo y porque elegiste la estructura del documental?

La estructura del documental surge de la necesidad de contar un hecho colectivo, el taller, con las discontinuidades y las dificultades de narrar una realidad por momentos bastante caótica, en aspectos temporales, pero con una única espacialidad. A su vez, el grupo más afianzado, también dependía de cuestiones extra- taller, como cuestiones judiciales, salidas, comparendos, problemáticas familiares, muchas cuestiones que se entretejían en medio de los pocos y restringidos permisos para filmar en el taller que obtuvimos.  Allí se me ocurrió la idea de no buscar una línea de narración temporal sino estructurarla desde el punto de vista de tres personajes, aunque fuésemos hacia adelante y hacia atrás en el eje temporal. Y entonces era importante elegir a las tres protagonistas, que de todos modos iban pivoteando sus historias y sus escrituras y reflexiones con el colectivo del grupo.

-El hecho de no indagar sobre los móviles penales de cada una de ellas está pensado como un estrategia, y si es así porque?

Es verdad, fue una decisión inicial, no tenía sentido alguno en indagar en las causas penales, no se trataba de contar por qué estaban presas sino quiénes eran y qué eran capaces de producir a partir de ese momento. La causa penal tampoco era un tema de conversación cotidiana, ya era un tema conocido entre ellas y que no se debatía, quizás si algunas cuestiones más vinculadas a la vida en la cárcel, a los derechos, a las necesidades, pero no había una intención de “criminalizar” el relato documental, en absoluto.

-Como elegiste la persona que desarrolló este taller de escritura poética?

Las coordinadoras del taller de poesía eran María Medrano, que había creado el taller desde hacía diez años, quien está en cámara en forma permanente, mientras que Claudia Prado, que co-coordinaba en ese momento el taller, prefirió una participación cinematográfica en off, con un aporte y una naturalidad de no estar en imagen, aunque si en varias intervenciones en las consignas, en las interpretaciones, en la selección de autores, en conjunto con María Medrano.

 

-Hubo una experiencia previa relacionada con esta temática?

 Mi experiencia previa en cuanto a la poesía era muy lejana en el tiempo, integré a fines de los años 70 un taller literario llamado “Mario Jorge De Lellis”, que en plena dictadura nos encontraba reuniéndonos, casi clandestinamente, dado que estaba prohibidas las reuniones de más de 4 personas bajo el toque de queda, al punto de haber terminados detenidos todo el taller en una comisaría del barrio de La Boca, tan sólo por estar reunidos en un bar escribiendo poesía. Y en cuanto a los espacios de encierro, este fue mi primer acercamiento.

-Qué pensás del proceso de la escritura poética, y también de cómo opera el mismo en estas personas que viven en el encierro?

Creo que la poesía es un lenguaje privilegiado para decir y callar a la vez, para enmascarar, para poder decir de un modo más libre que otras formas literarias. Y en un espacio de encierro, como en este caso este penal, creo que una característica muy valiosa de la forma en que lo encararon las coordinadoras, es en plantear un nivel de lectura y de búsqueda de un desarrollo del lenguaje propio para cada una de las participantes, pero siempre trabajando la reescritura, debatiendo verso a verso, reflexionando, buscando un crecimiento de la posibilidad de  expresión.

-Cómo fue dada la elección de sus protagonistas?

 La elección de las protagonistas fue en parte natural, porque el compromiso de ellas con la escritura era un  elemento fundamental. También me parecía interesante que cada protagonista  de algún modo representara a sus compañeras. Por ejemplo, en el penal existía una planta de madres, mujeres que habían sido detenidas estando embarazadas o con hijos menores a 4 años. En esta situación estaba Lidia, que había vivido su detención estando embarazada, su última hija había nacido en prisión y tenía una escritura muy personal. También sucedía que Lidia estaba iniciando sus salidas transitorias, estaba experimentando los miedos y las contradicciones de la libertad y la problemática de volver a enfrentar el afuera.

Por otra parte, en la unidad también existían muchas mujeres extranjeras, entonces la segunda protagonista fue Majo, una mujer española que estaba atravesando todo un proceso de desarraigo de su familia y su tierra, que lo volcaba a la escritura de un modo muy contundente. Y Lili, la última protagonista, hacía varios años que estaba en el penal y se ocupaba de la biblioteca como su fajina carcelaria. A su vez Lili llevaba mucho tiempo en el taller, ella misma convocaba a sus compañeras a participar, estaba gestando su primer libro propio y fundando la primer editorial cartonera en una unidad penitenciaria de mujeres.

-Cuales fueron las razones que te llevaron a decidir la duración del film?

La  duración fue bastante difícil de definir, había muchísimas horas de material, muchísimas escrituras, lecturas, reflexiones que me parecían a mí fabulosas, pero tuve un cierto temor a  que un  espectador no amante de la poesía se sintiera “saturado” por el encierro y la poesía, que fuera un factor de distanciamiento o cansancio del espectador en un proceso más extenso, o que se dispersaran las historias y la multiplicidad de personajes e historias que iban sucediendo con el correr del rodaje.

 

-Cómo fue el rodaje y cuanto tiempo llevó el mismo?

el rodaje fue bastante difícil, había poco tiempo, pocos o casi único escenario, muy pocos permisos, muchas restricciones, y a la vez muchas discontinuidades propias de la realidad misma que iba ocurriendo y que era necesario reconstruir para poder armar un relato fluido y comprensible para un espectador que no estaba viviendo ese día a día. También era una decisión no incluir estos problemas en el interior del relato documental, porque hubiera sido otro documental, más distanciado, me parecía que el tema principal era cómo lograban crear en un espacio de encierro, no las dificultades que teníamos nosotros para filmar.

 

-Recibiste algún tipo de apoyo? Cuáles?

 El  documental contó con el apoyo del Incaa a la producción de los documentales digitales, lo que se denomina quinta vía digital.

-Que costo tuvo el mismo?

El costo total del documental fue de $200.000, con un aporte de aporte del Incaa del 70 %, es decir, $140.000. Este es el costo económico. Yo a este costo material le sumaría la enorme dedicación de todo el equipo técnico, que optimizó los recursos técnicos a un máximo, en función de priorizar la calidad del documental, por encima de un rédito económico.