Algunas horas de primavera

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La dramática relación madre-hijo en momentos decisivos de la vida.

 De a poco el cine francés va reafirmando su posición como tercera en cantidad de películas estrenadas localmente, detrás de Argentina y los Estados Unidos.

Seguramente la semana próxima conoceremos “Renoir” y ahora ya está en cartel “Algunas horas de primavera”, traducción literal de “Quelques heures de Printemps”,  su título original y que puede llevar a imaginar un clima bucólico y alegre. Nada más lejano pese a que los antecedentes de su director Stéphane Brizé, la agradable “Une affaire d’amour” (“Mademoiselle Chambon), podían erróneamente inducir a imaginar que se está frente a una comedia romántica.

Vincent Lindon, que adquirió primero notoriedad al ser varios años pareja de Carolina de Mónaco en la década del ’90, es uno de los dos intérpretes centrales habiendo ya sido dirigido por Brizé en el otro ya nombrado film estrenado localmente. Lindon es un notable actor lamentablemente poco conocido en Argentina dado que varias de sus recientes películas (“La moustache”, “L’avion”, “Je crois que je l’aime”, “Welcome “) no han tenido distribución comercial en nuestro país.

Su personaje, Alain Evrard, acaba de cumplir una condena de dieciocho meses por haber intentado con su camión el tráfico de 50 kilos de de droga. Regresa, sin trabajo, a la casa de su madre Yvette con quien nunca tuvo una buena relación. Una simpática perra era hasta ahora el único compañero de su progenitora y pronto sabremos que ella padece una enfermedad probablemente terminal en el cerebro. La actuación de la desconocida actriz Hélène Vincent es descollante y su elección probablemente responda a su extensa carrera en teatro. De hecho, muchas de las escenas con la sola presencia de madre e hijo podrían perfectamente imaginarse en una puesta teatral.

Pero el director logra airear la propuesta con la historia paralela de Alain y Clémence (Emmanuelle Seigner), a quien él conoce en un bowling y con quien establece una relación. Al ocultarle parte de su pasado no logra que el vínculo crezca y ella termina por dejarlo. A resaltar la belleza de la esposa de Polanski, a quien se vio recientemente en Cannes en su cuarta colaboración (“La Vénus à la fourrure”) con el director de “El pianista”.

Ya en su tramo final se plantea el tema de la eutanasia, no permitida en Francia aunque sí en la vecina Suiza. En toda esa última parte el espectador se sentirá conmocionado por la gravedad de las circunstancias, planteadas podría decirse “sin anestesia” y con tremendo rigor. La banda sonora de Nick Cave, ya usada en alguna película anterior, y el uso inteligente de planos secuencias en más de una oportunidad son otros aciertos de una propuesta que por momentos recuerda por su dureza a “Amour” del laureado Michael Haneke.