Rompehielos Potemkin

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Otra noche más de Acorazado Potemkin. Otra noche más de esta potente aplanadora musical que se lleva puestos a todos y a todos, que nunca deja indiferente a nadie. No se puede permanecer inmune a la buena música, como no se puede permanecer insensible ante el buen vivir.

El hermoso “Ultra bar”, en el corazón del microcentro porteño, lució colmado, pese a la helada noche de invierno. O quizás por eso mismo: qué mejor que este impactante rompehielos sonoro para calentar y emocionar a la multitud. Una noche que había comenzado con Malena Olmos y la sensibilidad blusera generada por su cálida voz y la sonoridad de su acordeón, que hubiera merecido una escucha más atenta y decidida del público presente.

El de Acorazado fue un show sin concesiones, sin respiros, con una lista de tema que incluyó casi todos los de su disco debut “Mugre”-a hasta altura casi agotado- más algunos otros que formarán parte de su nuevo disco, al que esperamos ansiosamente en breve.

Qué decir ya de esta enorme banda de rock que integran esa troupe de músicos afiebrados y maravillosos que son Juan Pablo Fernández, Luciano Esaín y Federico Ghazarossian. Varias líneas les he dedicado en este mismo sitio (léase sino: Acorazado Potemkin y El fenómeno Potemkin), pero en verdad a la música exquisita le sobran las palabras. O mejor dicho: la música desborda las palabras, las encarna, opera de tal manera que hace que ellas no puedan jamás apresarla ni clasificarla. Huelgan, sobran, faltan, escasean, nunca son suficientes, no se han inventado aún las palabras justas y necesarias para aprehender lo que no tiene explicación racional, la exuberante sensorialidad que propone una sonoridad distinta, única. Una música que genera el anhelo de otro estado de cosas, el atisbo, al final del camino, de la flor en medio de las piedras grises del sendero escarpado. La música de Acorazado Potemkin es una fuerza de la naturaleza que se (me) impone, lo quiera o no, más allá del momento que esté atravesando, las particulares circunstancias de mi biografía personal, me duela la espalda, el pecho, el hombro, las rodillas o el codo, esté parado o sentado.

Seguramente porque yo también quiero revancha, porque nunca sé si voy a animarme de una buena vez a poner un pie en la calle, porque no quiero seguir siendo siempre inocente igual, porque sé que mi nombre ha sido tallado junto a otros mil más en un paredón que ya no existe más, o porque quiero reír y llorar, porque quiero nadar en cal, quiero silencio sin madrugar, y quiero también dormir y no despertar, porque le juré y perjuré a mi perro que nunca íbamos a tomar el agua negra de la calle, o porque todas las noches, cuando me voy a dormir, sueño siempre el mismo sueño que nos explota en las manos, o quizás sea porque yo en medio del desierto de cenizas que da molde a la paz, digo yo, -sí justo yo- yo que nunca tuve paz, me envuelvo en esa paz, y soy lo gris contra lo gris… (¿Qué otra cosa podría ser si no?).

Por todo esto y mucho más ver a Acorazado Potemkin sigue siendo aún hoy, después de muchos shows compartidos, una experiencia inolvidable.