Sin lugar para los débiles

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Nostálgicos. La última película de los hnos. Coen es sencillamente impecable.

Dos reflejos en la pantalla apagada de un televisor. En el primero, Chighur, un asesino despiadado, toma de una botella de leche en la casa recién abandonada de su perseguido, Llewelyn Moss que, fugado con 2 millones de dólares, iniciará un viaje hacia la paranoia y la violencia. El otro reflejo, unos minutos después, el del sheriff Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones), sentado en el mismo sillón tras los pasos de Chighur. Persiguiendo al perseguidor. Esos dos reflejos de alguna manera los iguala. Un plano más desde el que pensar la película de los Coen.

La fidelidad a la novela de Cormac McCarthy ?”No Country for Old Men?”, (los españoles mantienen el título para su estreno) de la última película de los hnos Coen es uno de los temas a tener en cuenta cuando se termina de ver esta verdadera obra maestra.

En la Argentina, la película se estrenó con el título Sin lugar para los débiles, cosa que no parece estar del todo mal. ?Aquél no es un país para hombres viejos? dice W.B. Yeats en un célebre poema citado por McCarthy. Un lugar (un país) de débiles o de viejos no puede constituirse en un país (un territorio). Y el territorio es tan importante en la película, tan significativo y simbólico como en Fargo, como en Barton Fink, como en De paseo por la muerte.

Ese espacio constituído por el árido paisaje texano (Bush era texano no?) tiene en la primera y  larga secuencia de la película un momento ineludible. Anunciado por un perro herido que escapa de la escopeta de Moss. En ese desierto Moss encuentra cinco camionetas abandonadas. Alrededor, varios cadáveres, incluído un perro, y dentro de una ellas un mexicano que le pide agua. Empieza el juego de deducciones. Moss encuentra una valija con dinero y lo lleva a su casa.

La culpa, la humanidad, lo que sea que fuera hacen que Moss vuelva esa misma noche para llevarle agua al hombre todavía vivo. El sabe que eso es algo de lo que se va a arrepentir seguramente.

Sin música, con abundantes planos generales y un montaje impecable, esta secuencia abre lo que va a ser una película impecable. Una película que superpone, como capas, perseguidores y perseguidos, motores de violencia, ejecutores, asesinos sin sentido.

Llegará el momento en que no importe de dónde proviene ese dinero, o dónde termina.

Lo que interesa es cómo se llega a ese laberinto (el hotel de Barton Fink) donde los hoteles, las gasolineras, los comercios funcionan como parates de la locura. Microlugares donde se despliega una pléyade de personajes simples, dueños o empleados detrás del mostrador, que con palabras simples y diálogos simples se muestran en una película muy compleja. Es que en Sin lugar… lo siniestro y lo simple conviven. Chigur enfrenta a un hombre en la gasolinera. Tras un diálogo sin sentido le hace elegir cara o cruz. Solamente a ese hombre le importa qué se juega.

Un diálogo parecido enfrenta a Chigur con la mujer de Moss, otro personaje bien del estilo Coen, como la policía embarazada de Fargo, como el propio sheriff, la misma moneda de la suerte.

“En la lucha entre el hombre y el novillo nada está decidido” le dice el sheriff a la esposa de Moss, entre hombre y hombre tampoco. Y hasta el final, nada está del todo dicho.

Sin lugar.. es una película de detalles. Solamente hay que descubrirlos y en ese plan de descubrimiento, el sueño que relata al final Tomy Lee Jones termina siendo la frutilla de este postre.

Películas editadas en dvd en Argentina de Ethan y Joel Coen

Publicado en Leedor el 20-02-2008