Gilda, la milagrosa

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Ícono de la música tropical y de la cumbia, Gilda es parte del santoral popular. Un ensayo fotográfico dedicado a su vida y realizado durante tres años relata un mundo fantástico en el que conviven las noches de cumbia, las promesas cumplidas de la santa popular Gilda y los fieles fans-devotos de su religión y su música tropical. Inaugura el sábado.

Lo sagrado es lo que te queda cuando ya no hay nada más.

Philippe Garrel

 Gilda, la milagrosa es la nueva muestra de Sub Cooperativa de fotógrafos, con curaduría de Victoria Verlichak, que inaugura el sábado 20 de julio a las 13 hs, en el 2° piso de Galería ArtexArte (Lavalleja 1062).

Ícono de la música tropical y de la cumbia, Gilda -Miriam Alejandra Bianchi- es parte del santoral popular. Nacida en Buenos Aires, la cantante murió a los 35 años junto a su hija y madre, y tres músicos. Atravesó el paso de la popularidad a la inmortalidad en el kilómetro 129 de la ruta nacional 12, camino a Chajarí, Entre Ríos.

Este ensayo fotográfico dedicado a Gilda fue realizado durante tres años. Relata un mundo fantástico en el que conviven las noches de cumbia, las promesas cumplidas de la santa popular Gilda y los fieles fans-devotos de su religión y su música tropical.

La exposición explora el tema bajo tres formatos visuales: imágenes fotográficas de gran tamaño, video (entrevistas a los retratados) y una instalación que convierte a uno de los espacios en un santuario pagano; en colaboración con Javiera Paz y Nancy Lucero.

El colectivo accidentado en el que viajaba es hoy un santuario en el que se prolongan los milagros que ya se le atribuían a la cantante en vida. Sub Cooperativa de fotógrafos retrata este universo y construye esta exposición fotográfica que tanto es ofrenda pagana como celebración de la magia escondida en lugares inesperados, donde vibra luminosa la presencia de una ausencia.

Sub Cooperativa de fotógrafos llegó, como dice el escritor Alejandro Feijóo, hasta el epicentro de este paganismo “rutero” para toparse con un ecosistema cuyo hábitat se debate entre la fantasía y la fantasmagoría. Un cosmos que también es perimetral, y que legitima el hecho diferencial de sus devotos a través de la reapropiación simbólica. Una nueva iconografía que se sirve de la estampita para hacer del borde otra clase de centro.