El viento en un violín

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Una obra de Claudio Tolcachir que puede resignificarse con la aprobación de la ley de fertilización asistida.

El viento en un violín” nace con la desesperada búsqueda de un hijo por parte de una pareja de lesbianas (Lena y Celeste) de clase baja. En el otro extremo, otra pareja de madre e hijo (Dora y Darío) buscan desesperadamente el camino que lxs conduzca al perfecto mundo que indican las normas sociales de la clase media-alta.

El amor y la desesperación cruzan los caminos de Lena, Celeste y Darío cuando la pareja obliga al treintañero a darles un hijo a punta de navaja, o para decirlo con mayor precisión: violándolo. Una vez consumado el acto, y mientras Lena va gestando ese hijo tan deseado por ellas y no buscado por él, se abrirá el debate, con un humor que incomoda, sobre las diversas formas de conformar una familia y los mandatos que socialmente se imponen y han de ¿cumplirse?.

Darío asume que si prestó -aunque involuntariamente- su esperma, le corresponde el rol de padre y reclama por ese hijo aunque las madres se nieguen, sistemáticamente, a otorgarle ese lugar. Finalmente, todos los personajes de la historia, incluida la madre de Celeste que a su vez es la “nana” de Darío, se ven involucrados en la discusión sobre la tenencia de ese hijo que aun no nació.

¿Dónde queda el derecho de las madres que lo desearon solas? ¿Cuál es el rol del padre? ¿Es necesario que lo haya? ¿Cuáles son los prejuicios de la sociedad? El director Claudio Tolcachir plantea una obra sin respuestas fáciles aparentes, pero el final idílico que presenta, con Darío emocionado sosteniendo al bebé en sus brazos mientras Lena se va a trabajar, anula los márgenes del anhelo original de esas mujeres lesbianas que lo pensaron y lo desearon solas.

“Todo lo que veo está en tus ojos”, son las palabras con las que la obra comienza en la voz de Celeste mirando al público. Todo lo que sucederá a partir de ese entonces, ya está configurado en el mundo de lxs espectadorxs, la recursividad entre realidad y ficción será la poética latente. “Mirá, mirá…”