Pasajera del viento, de Irma Cuña

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¿Qué es estar en el sur?¿Qué es ser del sur? ¿O del norte? ¿Qué es ser en relación a un lugar?  La pregunta se instala frente a un libro de poemas: Pasajera del viento.

Neuquina y poeta, Irma Cuña transita y nunca agota el gentilicio. Hace unos años encontré en internet un poema extremadamente bello de Irma. Lo leí en radio. Me la pasé buscando por aquí y por allí sus libros y nada. En ese poema encontrado el yo poético habla de un pasado, de una existencia que se extraña: ser álamo, soñar nubes y mecer estrellas. Se trata de un álamo atado a la tierra con el corazón viajero. Así podría definirse también la poesía de Irma Cuña, conversadora de los vientos del sur y pasajera del mundo.

La provincia para Federico Fellini era un estado fronterizo entre el mundo tangible y el mundo intangible,y en ese sentido, Irma es toda una provinciana :

 

“ La duna es el recuadro de mi valle:

mil olas no hace mucho removidas

por el viento monótono y salvaje.

La duna es el paisaje de una misma”

 

Irma Cuña nació en Neuquén  y murió en esa misma ciudad. Pero además salió de ella. Física y poéticamente. De una extensa formación académica, se recibió de Profesora en Letras en la Universidad Nacional del Sur,  dónde fue discípula de Ezequiel Martínez Estrada. Luego en 1959 obtuvo una beca en el College de Francia, estudiando unos años en París, habitando también esa lengua. Investigó en el Conicet, internándose en el pensamiento utópico latinoamericano y fue la primera representante patagónica en la Academia Argentina de Letras. Con tal curriculum, usted atento o atenta lectora se preguntará como no hemos visto más su nombre en los estantes de poesía de las librerías de Buenos Aires. Yo misma me lo estoy preguntando en este momento, y es por la misma razón que la hace una extraordinaria poeta y tal vez, una de las más importantes de nuestro país: Irma es una provinciana. Transita su patria, es decir, esta lengua, conociendo cada recoveco, saludando a sus vecinos, paseándose entre versos. Llega en estos días, por fin, una hermosa Antología poética con prólogo de Irene Gruss, tan necesaria como valiosa.

Dice Irene Gruss: “Descubrir a Irma Cuña se parece al intento de recoger los hilos que se desprenden del diente de león(vulgarmente llamado panadero) y flotan, se escapan de la mano, intangibles.”

Neuquina es el primer libro de poesías de Cuña editado en 1956. En esos poemas el gentilicio se vuelve una experiencia poética, dónde el paisaje interno experimenta el afuera y no al revés. Verdadero ejercicio filosófico es el que encaran estos poemas que van desde lo íntimo a dar cuenta del paisaje:

 

“Padre: yo intento dibujar Tu forma

Al perseguir Tu sombra en las arenas

Alguna vez Te detendrás y entonces

Completaré el perfil, si tú me dejas.

 

Cuando te detendrás. Tengo un bosquejo

desmesurado y simple de Tus pasos.

Voy retocando y siempre me equivoco.

¡Detente al fin, que he dibujado tanto!”

 

Le siguen a Neuquina (1956), El Riesgo y el Olvido (1962), Cuando la voz cae (1963), Menos plenilunio (1964), Maneras de morir (1974), El extraño (1977), El riesgo del olvido y La divisa del emboscado (1992), y El príncipe y Angélicos (1999).

El Riesgo y el olvido posee un epígrafe de Antoine de Saint-Exupéry, mostrando ya la influencia de la lectura de los franceses en su lengua, y son poemas que muestran otras preocupaciones estéticas así como experimentaciones surreales:

 “ (Las sirenas tenían accesos de asma en las esquinas vigiladas. Ayer un negro muy triste hacía vagar sus ojos sin presente por las filas de estudiantes que esperaban turno en el Correo. Uno podría creer  que le habían matado a alguien anteayer en los atentados terroristas del barrio catorce. Pero los hijos de los policías quién sabe dónde guardan los ojos deshabitados)”

 

Pero, es tal vez, Maneras de morir (1974) un poemario diferente dentro de su obra.  En 1968 Irma Cuña regresa al país y en Buenos Aires conoce  a Enrique Silberstein con quien se casa y tiene dos hijas. Éste muere en 1973. Irma Cuña se repliega y escribe. Como prólogo a ese poemario, sumando a sus hijas a sus palabras escribe, “ellas y yo queremos soltar en su ahora interminable corriente estas hojas pasajeras, como nuestra propia condición. Y queremos decir a quienes lo oyeran que hay infinitas maneras de morir, aunque una sola sea la definitiva”. En esta antología que ha publicado el Fondo de Cultura Económica, sólo se han seleccionado dos poemas. Tan contundentes, precisos y conmovedores que una quisiera echarse a correr a buscar el libro entero:

 

“ Ya no estás en la casa,

ni el balcón al sol,

 ni por la calle.

No esperamos oír

el ruido de las llaves.

No te vemos

hundido en el sillón

 fumando,

siempre. [ ]

En los rincones,

la mayor lee tus libros, a escondidas.

Yo

monologo con vos,

continuamente.”

 

Cito a Irene Gruss que dice en el prólogo: “más allá de los tironeos por apropiarse de toda figura mítica, la de Irma Cuña sobresale al mantenerse en pie por sí misma: ni agua de molino paisajista; ni misticoide retrato; tampoco, la poeta signada por la demencia, lo que la elevaría a cierto prestigio; no propiedad exclusiva de alguna militancia de izquierda. No hay etiqueta que pueda aplicarse porque cada poema la expulsaría”. Tal vez son unos versos de Cuña los que pueden alumbrar estas palabras:

 

“ Haber crecido, piel de las arenas,

entre los monte rectos.

Haber bebido el agua de los ríos

En su diamante exacto.

Haber perdido el rostro en la alameda

Roja de alto silencio.

Haber huido al hueco de la tarde,

el ala tensa.

 

Y habitar frente al mar-siempre-de-espaldas.”

 

Son versos del poema “Costa” que abre el poemario Menos Plenilunio, dónde la invocación al mar es una invitación a las sombras en forma de ritual. Habitar frente a lo inmenso, no pactar nunca con lo dado ni siquiera con el mar. Haber sido construida así para nunca dejarse encajar. Es por eso que las etiquetas le huyen y la poesía florece.

Nada más resta asomarnos a sus poemas y dejarnos levantar vuelo por los vientos patagónicos. Tierra de extensos cielos y de Irma Cuña, tremenda poeta!