Invasión, de Hugo Santiago en la Cineteca

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La mejor pelicula de ciencia ficcion del cine argentino?. El martes se proyecta Invasión, de Hugo Santiago en la Cineteca Vida.

Aquilea, 1957. Julián Herrera pertenece a un grupo clandestino conocido como la resistencia, compuesto de hombres de clase media que salen por las noches a realizar operativos comando contra las fuerzas conocidas como los invasores. Aquilea es una ciudad fortificada, con lo cual los invasores deben operar desde adentro para abrirle camino a la enorme cantidad de fuerzas que se encuentra aguardando en los límites de la metrópoli. Don Porfirio es quien planifica los movimientos de la resistencia, aunque cree que la invasión es cuestión de días, y los operativos de Herrera solo sirven para ganar un poco más de tiempo. Pero lo que Herrera desconoce es que su propia mujer, Irene, también se encuentra involucrada en operativos clandestinos. Y resulta inevitable que, tarde o temprano, los caminos de Irene y Julián se crucen y descubran sus respectivas vidas secretas.

(…) Invasión cuenta la historia de una avanzada imperialista y del grupo de hombres y mujeres que la resisten. Un grupo de amigos intenta vanamente su defensa, mientras, en secreto, se prepara un ejército de resistencia. Aunque los diálogos son precisamente borgeanos –a veces al límite de lo irreal–, la acción proviene del mejor cine policial y de aventuras: hay persecuciones, batallas y muertes. Los personajes hacen tanto o más de lo que hablan. Los invasores esperan en la frontera –de allí que el nombre de la ciudad tenga resonancias homéricas– y persiguen a sus oponentes. Todos los invasores usan traje, corbata y anteojos negros. Son corteses, formales y de buena presencia. En una palabra, siniestros. Los miembros de la resistencia están guiados por Don Porfirio, un viejo de poncho y sombrero a quien solamente le falta el caballo para ser un gaucho. Parece inofensivo, pero el coraje y la inteligencia no son ajenos a su carácter. La película, sin embargo, mayormente asume el punto de vista de Julián Herrera (Lautaro Murúa), mano derecha suya con estampa de héroe clásico y compadre borgeano, quien es un hombre de acción y coraje que lidera a un grupo de valientes vinculados entre sí por el deber pero sobre todo por la amistad. En un sentido político, se trata de una película fuertemente profética, aunque no de un modo literal, directo ni panfletario. La ciudad que aparece en imágenes es Buenos Aires, pero se llama Aquilea. Los invasores son capaces de amenazar a sus prisioneros con la picana eléctrica, pero no visten uniformes militares. Es posible que ni Santiago ni Borges fueran capaces de imaginar entonces que mucho de lo que en ella sucede sería puesto en práctica por la dictadura militar del ´76 con afán hiperbólico, ni hubieran querido filmar o escribir de forma explícita a favor o en contra de tal situación. Con todo, el plano final de Irene (Olga Zubarry) armando a los jóvenes, ante el desembarco sigiloso pero multitudinario de los invasores, hoy todavía llama a la acción civil con una intensidad que más de una película política de la época no ha podido conservar. Pero si el film sólo funcionara a partir de la metáfora o la profecía cruelmente cumplida, quedaría sólo como documento. No como lo que es: una fábula universal que muestra a un grupo de hombres y mujeres valientes defendiendo su patria.

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Martes 16 de Julio

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