Post Tenebras Lux

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Finalmente la Sala Lugones estrena en julio la cuarta pelicula de Carlos Reygadas una ostentosa sinfonía visual que lo muestra como uno de los más importantes directores del cine Latinoamericano de hoy .

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Ganador en Cannes a mejor director, Carlos Reygadas (Japón, Luz silenciosa, Batalla en el cielo), elabora en su cuarta película, una ostentosa sinfonía visual y sonora que seguramente afectará al espectador.

Dos momentos fundamentales tiene Post tenebras lux: el comienzo, una nena de no más de dos años en medio de una hondanada charcosa, rodeada de perros, vacas y caballos va asistiendo como testigo involuntario al anochecer, en medio de truenos y amenaza de lluvia. En un paralelo visual al tiempo real del amanecer del comienzo de Luz silenciosa aquella película parece funda las bases de ésta que ostenta una poderosa visualidad, un sensible sentido plástico de la imagen cinematográfico, un exquisito sentido de la narración cinematográfica y una intensa conciencia de que el cine está más allá de lo que toda imagen muestra.

El segundo momento es el siguiente: una inquietante figura animada, de un rojo fulgurante, de cuernos y cola diabólica ingresa a una casa con una caja de herramientas: el diablo? un fauno? algo lo suficientemente perturbador como para que destelle a lo largo de todo el metraje la pregunta de ¿quién es? ¿qué significa? ¿adónde va Reygadas con esto?. Abundan curiosas interpretaciones que pueden leerse a partir de aquí, todas diferentes, sobre en qué casa entra este demonio, por otra parte.

Escapando tal vez de la inseguridad de la ciudad, un arquitecto vive en una zona alejada, selvática, con su familia: dos niños pequeños, su mujer y cuatro perros.

El México rico, de clase alta, de fiestas familiares fastuosas con los pequeños futuros empresarios recibiendo dólares de manos de su abuela, el México de los viajes a Francia para vivir experiencias sexuales “exóticas” o los partidos de rugby de los jóvenes adolescentes de escuela privada, el de las tardes de playa donde los niños terminan jugando solos en las piedras junto al oleaje. Los niños, con su naturalidad, son los que parecen más a la intemperie, inconscientes criaturas de esa inocencia que nunca se pierde.

Detrás, o adentro, el México de los mexicanos afectados por el alcoholismo, las drogas y la pobreza, los “ladrones” de infancias difíciles que terminan descabezados por la culpa. Momentos cuasi documentales yuxtapuestos con impunidad con otros, fantasiosos e irreales. Nadie puede contra las fuerzas de la naturaleza, bajo la forma que ésta tenga: incluso la de los árboles tirados abajo, foresta inicialmente destruida por sierras eléctricas  Lugares en donde Post tenebras lux vuelve a esos instantes documentales, para  extasiarnos despues con deformaciones de la imagen por lentes o interrupciones de momentos oníricos y viceversa.

Post tenebras lux no es una película más: es inquietante, excesiva, barroca, exhuberante. Punto de llegada de un cine, el de Reygadas, que parece estar instalándose definitivamente en la cima de los más destacados directores de la Latinoamérica contemporánea.