Niños de madera

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Una rareza de la cartelera porteña: teatro hecho por adolescentes para toda la familia. Para pensar en esas individualidades que todavía se resisten a ser devoradas por el sistema. 

 

Niños de madera es un ejercicio de libertad escénica, un universo lúdico en el que un grupo de jóvenes actores despliega y cuestiona el potente imaginario que les pertenece y que nos pertenece a todos los que alguna vez escuchamos-leímos-miramos la historia de Pinocho. Las narices que crecen ante la mentira, las orejas de burro de los que no estudian y la imposibilidad de hacer todo lo que queremos en pos del bien familiar son enunciados que resuenan en nuestra educación y en la forma en que educamos.

Lejos de una postura moralista, la obra indaga sobre estos enunciados a partir de la confrontación de dos versiones del personaje: El original, el Pinocho que nace en 1881 cuando Carlo Collodi comienza a publicar su novela por entregas, y el Pinocho de Walt Disney (1940). El niño ingenuo de la versión cinematográfica  se enfrenta (pero también se une) al adolescente rebelde de la novela para recorrer con humor e ironía las diferentes aventuras del muñeco de madera que se desprende de sus hilos para seguir la ruta de sus deseos.

La obra respeta la estructura episódica del relato y la intercala con anécdotas y reflexiones de los protagonistas que giran alrededor de una serie de preguntas que quizás los espectadores también logren hacerse (¿Hasta dónde fuiste capaz de sostener una mentira? ¿Qué harías si no tuvieras que ir todos los días a la escuela?). Se mezcla así la realidad con la ficción y se multiplican los pinochos y las versiones posibles: Teatro, literatura, cine, plástica, música se combinan en un espectáculo de gran vuelo creativo que refleja la libertad, la fantasía y la amplitud mental de los adolescentes que juegan a ser otros y a no dejar de ser ellos mismos, incluso cuando mientan y ya no les crezca la nariz.

Con pocos elementos en escena (un banco y una pantalla de fondo que acompaña y completa el devenir de la historia), Alfredo Martín logra centrar la atención en las sólidas actuaciones que cautivan y entretienen con una gran cantidad de matices, frescura y simpatía.

Una rareza de la cartelera porteña: teatro hecho por adolescentes para toda la familia. Para pensar en esas individualidades que todavía se resisten a ser devoradas por el sistema.