El hombre de acero

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Aportes novedosos a un personaje muchas veces recreado por el cine.

“El hombre de acero” (“Mano of Steel”) es un astuto título, a priori engañoso, para un nuevo capítulo de una serie que parece inagotable. Superman, el personaje a que hace referencia, ha sido llevado al cine en numerosas oportunidades siendo la más recordada la que protagonizó en cuatro oportunidades Christopher Reeve a fines de la década del ’70 y gran parte del ’80. A modo de data recordemos que hace apenas siete años Bryan Singer (“X-Men”) lo había recuperado en “Superman regresa”. La que ahora se estrena aporta algunas novedades que pueden justificar su visión.

Uno casi estaría tentado aquí a hablar de una “precuela” dado que sólo al final del film se lo ve a Superman, alias Clark Kent, ponerse sus característicos anteojos e  ingresar en el mítico Daily Planet.

El nuevo intérprete del célebre superhéroe es el poco conocido actor inglés Henry Cavill, que curiosamente participó en “Que la cosa funcione”, un film algo reciente de Woody Allen. Sin ser la suya una gran actuación, al no ser particularmente expresivo, no traiciona del todo al estereotipo de su personaje.  Donde la película gane interpretativamente es con la participación de Kevin Costner y Diane Lane en el rol de sus padres adoptivos en una granja de Kansas. Hacía rato que no veíamos al actor/director de “Danza con lobos” en una tan sólida y emotiva caracterización. Tampoco desentona Russell Crowe, como el padre biológico en el planeta Krypton, que es donde se inicia la acción de esta algo excedida duración, de casi dos horas y media.

Toda la primera parte está dedicada a mostrar los desesperados esfuerzos de sus habitantes en lograr sobrevivir y de cómo el joven “hombre de acero” Kal-El es enviado en una sofisticada cápsula a la Tierra, Pese a los esfuerzos del malvado Zod (el eficaz Michael Shannon), el futuro Superman llega a nuestro planeta y una prolongada elipsis nos lo mostrará varios años después salvando la vida de sus compañeros escolares en un ómnibus que cae a un río. Pero pronto aparecerá Luisa Lane, la inquieta y premiada con un  Pulitzer periodista, que será la primera en descubrir la verdadera identidad de nuestro héroe.  Otra gran performance de Amy Adams (“Los Muppets”) cuya sola presencia logra, en cada oportunidad en que ella aparece, aportar un plus por su notable expresividad y solvencia actoral.  

Entre las revelaciones que aporta este nuevo inicio de la serie está el significado de la famosa “S” del superhéroe, que no es el de nuestra letra, sino el de “Héroe” en el idioma de Krypton. Y será Luisa quien lo bautice con el clásico Superman. Por otro lado, la extensa batalla final, con logrados efectos especiales, entre el ejército de Zod y de los Estados Unidos será la posesión del “Códice”, elemento clave para invadir nuestro planeta. Ciertas concesiones propias del cine norteamericano, como el heroísmo y el poderío de su ejército irritarán a algún espectador. Otras como aquélla en que dicho cuerpo militar reconoce que no es su enemigo Superman o cuándo éste afirma que “no permitirá que amenacen a su madre” serán mejor recibidas. Y justificarán que se lo considere a él un “puente entre dos pueblos” (o civilizaciones).

El director Zack Snyder ya había sorprendido con la notable “300” y no había defraudado con “Watchmen – Los vigilantes”: Contó en esta oportunidad con la inefable colaboración de Christopher Nolan como productor y coguionista, junto a David S. Goyer  y de Hans Zimmer en la música. El resultado es un producto con algunas novedades destacables y la casi certeza de que habrá pronto una secuela.