Roberto Aizenberg en Colección Fortabat

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Trascendencia / Descendencia, es la muestra de la obra de Aizenberg que incluye diálogos con otros artistas argentinxs, curada de un modo destacado por Valeria González.

Imagen que ilustra la nota: Arlequin, Roberto Aizenberg, 1979.

Una muestra que no dudamos en calificar de comprensiva por cómo intenta comprender la vida artística y producción plástica de un artista argentino clave, Roberto Aizenberg (1928-1996), en relación a su recepción e influencia en otra generación de artistas, es quizás uno de los acontecimientos de este 2013 en cuanto a propuesta curatorial y producción vernácula se refiere.

En efecto, en una época en la cual las exposiciones “llave en mano” suelen ser la marca mayoritaria de los museos, la apuesta del espacio que constituye en Buenos Aires la Colección Fortabat rescata no sólo el trabajo de una investigadora argentina, Valeria González, sino que tiene el agregado de implicar la proyección de un nuevo espacio que se suma a la circulación del arte argentino contemporáneo.

Incluyendo 65 obras de Aizenberg, el relato expositivo propone interesantes diálogos con la obra de los siguientes artistas: Magdalena Jitrik, Max Gómez Canle, Pablo La Padula, Santiago Porter, Amadeo Azar, Nuna Mangiante, Lux Lindner, Cristina Schiavi, Daniel Joglar, Mariano Sardón, Mariano Sigman, Mariano Vilela, Silvana Lacarra y Lucio Dorr. Se incluyen además dos fotografías de Julio Grinblatt y Humberto Rivas.

Es interesante el punto de partida de la curadora para organizar el recorrido visual y el corte posible aplicado en esta ocasión. La profusa literatura de investigación generada sobre la figura de Aizenberg la liberó de la necesidad pedagógica (y también política) que suele constipar la creatividad expresiva de muchas exhibiciones de este tipo al circunscribirse al relato con eje en lo histórico. En palabras de la propia González: “La plataforma constituida por anteriores retrospectivas nos libró de los métodos de la historia del arte y nos permitió buscar otro camino, semejante al propio modo de composición del pintor: una primera instancia basada en la asociación libre; una segunda, en la que se buscó dar un orden expositivo a los vínculos visuales establecidos tanto entre obras del propio Aizenberg, como entre aquellas y las de artistas argentinos contemporáneos”.

Algunas apreciaciones sobre los diálogos planteados destaca la relación con dos obras en particular. Por un lado, es un hallazgo el espacio logrado en relación a la escultura de Silvana Lacarra: Sagrada Familia, (2007, madera y plástico, 130x90x73) y dos obras de Aizenberg, que se confrontan cara a cara y ganan peso propio dentro de toda la muestra logrando una intensidad particular, donde la tragedia personal del propio artista (la desaparición de tres hijos de su mujer, Matilde Herrera, junto con sus respectivas parejas)  dimensiona afectivamente sobre la mesa roja de Lacarra. El encuentro con esta artista argentina contemporánea parecería ser muy fructífero: además, en otro sector cercano, puede verse otra de sus obras, en formato cuadro, denominada Solos III (2011, fórmica, raíz de laurel y nogal californiano, 100×100 cm), que adquiere buen ritmo con la cercanía de Siempre nos referiremos a él con palabras cariñosas (1961, óleo sobre tela, 27×23 cm) del maestro surrealista.

 

Obras de Silvana Lacarra expuestas en esta muestra:

Solos III

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sagrada Familia: