Aquiles y la tortuga

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El martes 11 en la Cineteca Vida se proyecta esta obra maestra del gran Takeshi.

Lejos de las películas de yakuzas que le dieron fama Takeshi Kitano, probablemente el director japonés más importante de las últimas décadas construye en “Aquiles y la tortuga” una historia sobre la vida a través de tres etapas -infancia, juventud y madurez- de Machisu, un aficionado a la pintura que convierte esta actividad en el centro de su vida y trasforma en auténtica obsesión la idea de alcanzar la gloria y la fama como pintor.

(…) Organizada a modo de fábula de tres actos, Aquiles y la tortuga comienza con una lucha infantil por los sueños cuya ternura recuerda, si bien sin alcanzar nunca, como el Aquiles de la paradoja de Zenón, a aquella pequeña gran joya que era El verano de Kikujiro. La importancia de la suerte en la vida, de creer. Le sigue el proceso de maduración, una mezcla de desorientación, toma de influencias mal entendida y frustraciones que se acentúan cada vez más hasta llegar a la madurez –donde Kitano toma ya las riendas del personaje-, en la que la confusión es total, el desprecio ajeno y el fracaso propio se transforman en incompresión y sinrazón y, solo alejándose para recobrar la perspectiva del cuadro en conjunto, se logra retomar el camino de una vida errada. (…)

Aquiles y la tortuga es un film sobre y el arte y los artistas. La concepción del arte por parte de Kitano se ajusta a la caracterización de los artistas que desfilan en su película. Vemos como muchos personajes pasan sus horas logrando obras con distintos propósitos y con diversas miradas sobre el papel del arte. En la sociedad, en el mundo artístico y por último dentro del mismo artista. El papel del protagonista en la historia es ejemplar en ese sentido: Machisu es apoyado por sus propios deseos de avanzar como pintor y luego es apoyado por su esposa. No le importa si su hija su avergüenza de sus extravagantes métodos como tampoco si tiene que estar casi muerto para pintar algo interesante. Machisu es un ser perseverante pero inútil a lo largo del film. No es el primer caso de un personaje sin talento pero que demuestra ser un enamorado del arte. La verdad, o la realidad, es algo que Kitano expone también en relación con el artista. El realizador japonés parece decir que el artista debe afrontar lo real y ver como sus sueños a veces no son cumplidos.

 

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MICHEL PETRUCCIANI

de  MICHAEL RADFORD

 

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CARTAS DE UN HOMBRE MUERTO

de  Konstantin Lopushansky