Pasajes: otros circuitos de exhibición para el arte

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A partir de experiencias de exhibición novedosas en la ciudad de Buenos Aires, como Mi Micromuseo, se dispara esta pequeña reseña que la relaciona con el proyecto Galería Temporal en Santiago de Chile.

Mi Micromuseo es un proyecto que tiene lugar en un barrio alejado del circuito del arte: Flores. Su ubicación en Yerbal 2244, en la puerta de Galeria Le Boulevard lo confronta con una zona muy comercial y de alto tránsito, pero con prácticamente nula incidencia en las rutas tradicionales de contemplación y consumo del arte. Sobre él y la curaduría que encabeza Jimena Brescia hemos escrito algo hace unos meses, cuando presentamos la muestra de Luz de Lorenzini y su Thinking outside the Box.

Entonces nos preguntábamos qué antecedentes o líneas de aproximación podríamos trazar con una experiencia como esta, que trabaja fundamentalmente ocupando una pequeña vitrina/vidriera a la calle, de esas que, en el auge de las Galerías, servían como un espacio privilegiado para practicar la operatoria preferida de los ambulantes urbanos: la de mirar y ser mirado.

En Chile existe una experiencia que guarda relaciones con el Micromuseo de Brescia, y es la Galería Temporal, un proyecto de Angela y Felipe Cura, ubicada en pleno centro de Santiago, dentro del paseo comercial GALERÍA ALESSANDRI, en la calle Huérfanos 1160, nombrada como local 5, una vitrina que se levanta al costado del Café La Boca. Este espacio de exhibición se maneja por convocatoria, la del año 2013 ha cerrado el pasado 15 de abril. Un dato más de su consolidada institucionalización (aún con riesgo de fosilización) que la convierte en un elemento más del mainstream: ha estado presente en Arteba 2013, en el Barrio Joven, metida en el riñón del juego del estanciero del arte, del peso/dólar/cuadro, aunque para contarnos las experiencias callejeras de las luchas estudiantiles que han engalanado Santiago en pos de las reivindicaciones educativas. 

Pero vamos más allá de su creciente ingreso en el circuito comercial. Su práctica es interesante por lo que habilita: formas de pensar y confrontar el arte en el espacio público no desde el monumento o el poder simbólico patrimonial, ni siquiera desde lo expandido del objeto artístico. Antes de pensar en todo esto, quisiera pensar la producción de espacios como Mi Micromuseo o la Galería Temporal como apropiaciones e interrupciones.

En efecto, no se trata más que de eso, casi desde una ingenuidad situacionista: de apropiarse para interrumpir un flujo cotidiano de andares y pensares que, de golpe y al pasar, son intervenidos por ese espacio.

Pero es una ingenuidad estimulante, si se piensa en el placer de atravesar la galería, fiel a la cero expectativa de encontrar nada, para toparse, por ejemplo con el pato-conejo en el campo de golf de Cristian Silva (en octubre de 2011), su Draw&Fade, que provoca la percepción desde una escultura central en madera (que es en realidad un trozo de tronco hallado por el artista, un ready made, un object trouvé que lo atrajo) que otea desde su altura el green de un campo de golf, proponiendo el afuera del paisaje natural dentro del adentro del mundo urbano y moderno de un pasaje comercial. Fragmentos de mundos incluidos, enquistados, el de la vida y el del sueño, el del arte y el de la cotidianeidad, el del intercambio comercial y el intercambio del mercado de deseos.

Son estos espacios otros universos donde el arte puede abrevar y agitar, desarticulando lugares establecidos y proponiendo otros, cercanos a las interrupciones y los extrañamientos, promoviendo una circulación distinta y distópica de sus propias enunciaciones, trastocando lo que esperábamos ver y creando otras tramas urbanas.