De monumentos: Colón y Azurduy

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La polémica suscitada alrededor del desplazamiento del monumento a Cristóbal Colón y la donación del monumento a Juana Azurduy, nos hace pensar en los enfrentamientos simbólicos que las esculturas portan.

Como bien señalara la historiadora del arte Ana María Telesca en relación a las esculturas de Buenos Aires, “la erección de un monumento está íntimamente relacionada con la escritura de la historia, una cierta historia que se convierte en un paradigma que quiere transmitir a las generaciones futuras para que la imiten y guíe sus acciones”.

Una de las notas más leídas de leedor, “El Sarmiento de Rodin”, también ha sido escrita por la citada historiadora y la recomendamos especialmente. Allí Telesca aporta interesantes reflexiones en torno a la erección, las decisiones políticas y su recepción de público, hacia 1900, de otra escultura, la de Domingo Faustino Sarmiento realizada por Auguste Rodin y actualmente emplazada en los bosques de Palermo, en la ciudad de Buenos Aires.

El monumento a Cristóbal Colón hoy se encuentra emplazado detrás de la Casa Rosada, de cara al Río de la Plata. Fue impulsado por la comunidad inmigrante italiana en Argentina como regalo para los festejos del Centenario en 1910. Lo propone y motoriza el comerciante Antonio Devoto, quien fuera propietario de tierras, como las que corresponden al tradicional barrio de la Capital Federal que lleva su nombre, dueño del Banco Inmobiliario y uno de los fundadores del Hospital Italiano y del Asilo Humberto Primo, que luego pasara a manos del estado con el nombre de Patronato de la Infancia. Si hablamos de esculturas y presencias simbólicas, Devoto tiene la propia en Plaza Arenales de Villa Devoto.

La realización del monumento de Colón estuvo a cargo del escultor florentino Arnoldo Zocchi (1862-1940), comenzándose en 1910 e inaugurándose en 1921. Zocchi realiza también el Monumento a Belgrano en la ciudad de Rosario, que se inaugura en 1928.

El monumento a Colón oteando el horizonte podría quedar integrando un nodo urbano, tal como puede verse cartografiado hoy en día, formando un bloque entre Puerto Madero y el río, con la Avenida Paseo Colón, la Avenida de la Rábida y la propia Plaza Colón, y dando la espalda al resto de la ciudad. En este sentido, si pensamos que Colón nunca estuvo en Buenos Aires, ni siquiera en Sudamérica, sino en los mares del Caribe, su pertenencia histórica con Buenos Aires es nula. Pero es indudable que desde lo simbólico, especialmente lo que se conforma desde la historiografía escolar, modelizadora del mundo, del jardín de infantes hasta la universidad, el papel de Colón y las tiernas tres carabelas en la confrontación de la identidad porteña, puede pensarse como fundamental y muy estrecho.

Como bien señala Mario Oporto en sus clases de la UNLP, esta cuestión nuestra con Colón parece conformarse desde la mirada de los argentinos del Litoral, o de los porteños, directamente, y es probable que no sea el mismo sentir de un jujeño, conformado desde otros afectos, lecturas y escuchas.

Toda esta introducción viene a cuento del debate que se está generando en estos días alrededor del reemplazo de este monumento por otro, uno consagrado a Juana Azurduy, donado por Evo Morales en nombre del Estado Plurinacional Boliviano que preside.

Pero el tema de trasladar el complejo escultórico de Colón tiene cuestiones de peso propio, según expresa el propio gobierno nacional, que podemos sintetizar como sigue: a) la existencia de cuestiones estructurales que vuelven preciso desmontarlo y arreglarlo, según estudios refrendados por las principales universidades nacionales b) la comunidad italiana en la ciudad de Mar del Plata lo ha solicitado para integrarlo en el paseo turístico de su Plaza Colón.

En medio de la polémica, donde el estado de deterioro del patrimonio escultórico y edilicio de la ciudad de Buenos Aires es notorio, como la desidia que manifiesta tener en toda su política cultural, la cuestión de mover o no una escultura provoca un efecto político atronador y desata polémicas y chicanas interminables entre el gobierno nacional y el local de la ciudad.

Más allá de que personalmente deseo que la escultura de una mujer como Juana Azurduy se emplace cerca de la presidencia de mi país, lo único cierto es que Colón sigue siendo más Cólon que nunca hoy día. El marino genovés, antepasado ilustre de todos los buscadores de nuevos horizontes, cuyo principal aporte no sólo fue el de precipitar la historia de nuestras tierras si no también el de aportarle a la cultura un patronímico infernal: el colonialismo, discutido y repensado hoy día bajo formas postcoloniales o con el prefijo que se quiera, pero que marcan un innegable acto de repensar la historia y sus personajes, en un episodio que lo enfrenta ni más ni menos que con la guerrillera preboliviana (y pre argentina, pre estado nación) para provocar, sobre todo, un debate sobre quiénes eran, quiénes son y quiénes queremos que sean los personajes históricos que nos rodean, con los que nos cruzamos todas las mañanas y con los que también constituimos la práctica de nuestra cotidianeidad.

Ilustra la nota: imagen del Monumento a Juana Azurduy.

Aquí dejamos la imagen del Monumento actual a Cristóbal Colón

 

 

  • Zas

    Critica cultural en movimiento, con sus cruces ideológicos e históricos para repensarnos….gracias