Algunos Artistas, Arte Argentino 1990-Hoy

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Cosechando tanto fanáticos como detractores, esta muestra que se está llevando a cabo en PROA posee el innegable valor de reunir las obras de tres colecciones que rescatan el arte argentino de las tres últimas décadas.

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La oportunidad para el arte contemporáneo es, definitivamente, única. Cuatro salas de PROA están hoy destinadas al arte argentino de los ´90, del 2000 y de hoy. Y la forma en que esta muestra ha podido lograrse es con la participación de tres coleccionistas que sorprenden por sus elecciones y por la forma que llegaron a ellas; audaces, se diría, apasionados y capaces de haberse dado el lujo de esquivar el mercado. Nada menos.
La muestra comienza con los retratos de aquellos “Algunos Artistas” –tal es el nombre de la misma- realizados por los fotógrafos Alberto Goldenstein, Rosana Schoijett, Gian Paolo Minelli, Jorge Miño, Marcos López, Julio Grimblat y Sergio De Loof (y algunos autorretratos como los de Flavia Da Rin, Marula Di Como, Guillermo Iuso y Gabriela Bejerman). Toda una gran pared presenta y representa en diversas poses y situaciones a los artistas que en las salas contiguas van a ocupar un espacio por pertenecer a las colecciones de Gustavo Bruzzone, Esteban Tedesco y Alejandro Ikonicoff

La importancia dada, en este caso, a los coleccionistas no es menor. Podría afirmarse que nunca lo es, pero es en esta muestra donde, de alguna manera, se privilegia el hecho de haber recopilado los primeros trabajos de artistas que recién se estaban haciendo camino, aunque hoy sus nombres resuenen por galerías y museos locales e internacionales.

Estos trabajos, de los cuáles muchos tenían signado el destino de la destrucción –en manos de sus propios autores- o el olvido, se distribuyen en tres salas de la Fundación generando escenas de aprobación, asombro, desagrado y tantos interrogantes como piezas se exhiben. Cuestiones que no son ajenas a la recepción del arte contemporáneo, y que pueden leerse incluso como un ingrediente estimulante más de esta muestra, en la que la indiferencia está completamente ausente.

Atravesar la primera sala es el preámbulo perfecto para acceder a la segunda instancia: las obras pertenecientes a Bruzzone y que representan la producción de los 90. “Trementina el Duende da a su pintura la fluidez necesaria” de Pablo Suárez, “Ydishe mame” de Miguel Harte, “Winko”, “Calefón” y “Banquito” de Marcelo Pombo, “Réplica de la pistola de Bussi” de Carlota Beltrame, “Caja de Zapatos” de Fernanda Laguna, la “Serie Pop Latino” de Marcos López, “Gordigol” de Sebastián Gordín… son apenas un ejemplo de las casi doscientas obras –con proliferación de objetos- seleccionadas por Rafael Cippolini y que fueron concebidas en esa década en momentos que nacían espacios alternativos y se cruzaban las opiniones acerca del arte rosa, light o guarango.

En relación a esta instancia Cippolini expresa en el ensayo inédito escrito para el catálogo de la exhibición: “[…] El 22 de setiembre de 1999 inauguraba en la galería del Centro Rojas Algunas obras de la colección Bruzzone. Un recorte del arte de los 90. Una exposición muy singular por varios motivos. Gustavo Bruzzone propuso un recorrido de lo que ya había sido mostrado en la galería o de lo que podría haber sido mostrado: diferentes obras, algunas desconocidas, de artistas ligados al lugar. En ese momento Jorge Gumier Maier ya no era el responsable de la sala, entonces conducida por otro artista, Alfredo Londaibere. El gesto de Bruzzone fue certero: celebraba el trabajo curatorial de Gumier Maier y al mismo tiempo lo historiaba, mientras dejaba en claro que el suyo era un coleccionismo diferente. […]

Cippolini recuerda también que al mismo tiempo Bruzzone había comenzado a coleccionar obras de otro proyecto que apenas tenía cinco meses de existencia y que reproducía en ciertos aspectos rasgos de la galería del Rojas. Se trataba de Belleza y Felicidad, galería creada por la poeta Cecilia Pavon y por la artista Fernanda Laguna, cuya sede era el edificio de una antigua farmacia en el barrio de Almagro.

La sala 3, con la colección de Esteban Tedesco, corresponde a las producciones del 2000, con obras de Pablo Siquier, Ernesto Ballesteros (Grupo de la X) y Jorge Macchi, Marina de Caro, Nicola Costantino, Eduardo Basualdo, Adrián Villar Rojas y Diego Bianchi entre otros, en cuya selección colaboró Ana Gallardo. En esta parte de la muestra la temática abordada se caracteriza por grandes escalas, diversidad de materiales y una temática un tanto atravesada por lo monstruoso (aunque no excluyente): la “Mujer de vidrio” de Bianchi, forma humana sin cabeza construida a partir de vidrios marrones de botellas; la “Puerta” de Villar Rojas, en la que aparece pintada una figura mitad robot mitad monstruo; “El pájaro autómata” de Hernán Soriano hecho a partir de madera, vidrio, metal, motor y el esqueleto de un ave; la obra de Nicola Constantino realizada en resina a partir de calcos de animales comprimidos; el pequeño mundo onírico, realizado a partir de porcelana fría, ramas de árbol y mueble de madera, de Eduardo Basualdo; y “Monstruo” de Fernando Brizuela, una especie de Hulk hecho con cogollos de marihuana sobre una figura plástica.

El cierre, en la sala 4, pertenece a la selección hecha por los artistas Cecilia Szalkowicks y Gastón Pérsico sobre la colección de Alejandro Ikonicoff. El espacio aquí es abarcado por fotografías, dibujos e instalaciones, como la de Juliana Iriart “Ambar”, recreada por primera vez desde el 2006 y realizada con azúcar, repollo colorado, grasa, carbón, aceite, espejo, farol con luz intermitente y lámpara. Allí están también “Cassette” de Eduardo Navarro; el balde de albañil revestido con fragmentos de espejos de Bianchi y “Baño” de Eduardo Navarro, un inflable de plástico con embudos y secador de pelo andando.

De esta forma, y con todos los elementos educativos a los que PROA nos tiene acostumbrados, el anzuelo está echado: estudiosos, amantes del arte contemporáneo, o simples curiosos, tienen la oportunidad de meterse casi literalmente en la intimidad de tres coleccionistas poseedores de una visión a fuerza de obstáculos.