ArteBA: Lugar para cien mil

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Cien mil personas en cuatro días resulta un número para arriesgar que es uno de los fines de semana porteños con mayor adhesión del público al arte. Sería bueno mantener el entusiasmo durante todo el año, es un llamado al público, y a las instituciones, y a quien sea.

Terminó arteBA y queda una sensación de tornado que arrasó el micromundo del arte porteño. Cuatro días de apertura al público general llegan luego de dos días de inauguración vip, adquisiciones institucionales y visitas de coleccionistas. El 24, cuando la gente compra la entrada para ingresar a los Pabellones Azul y Verde de La Rural, las galerías y artistas ya se han relajado. Incluso lo exhibido se modificó porque muchas piezas ya fueron vendidas. Se dice, y yo también lo creo, que este fue un buen año en ventas para la feria. Escogí diez obras al azar, en diferentes espacios, y ocho ya habían sido adquiridas. Es ridículo armar una estadística sobre esto, pero, podemos decir que, a grandes rasgos, para los objetivos de una feria, esta fue una edición satisfactoria.

Los museos compraron obras de artistas consagrados, lo cual resulta lógico, y, por supuesto, no faltaron adquisiciones que me atrevo llamar insólitas primero por la obra, segundo por el número y tercero porque éste último era en dólares.

Ahora bien, leí que unas cien mil personas visitaron la feria del 24 al 27. Podríamos hablar de cien mil entradas vendidas, es decir el público general que va a la boletería, paga setenta o treinta y cinco pesos y puede recorrer el sector principal de galerías, el Barrio Joven, sentarse en el Bar Chandon intervenido por Leo Battistelli, puede visitar los cinco seleccionados del Premio Petrobras que desde su primera edición expulsa a ese público general que suman cien mil personas, puede ver los elegidos para el Solo Show de Arcos Dorados, recorrer los doce espacios que constituyen U Turn by Mercedes Benz, y finalmente ver si encuentra algún libro que le interese en la Isla de Ediciones.

Llega arteBA y todos quieren ir. Me encuentro con amigos, familiares, gente que no veo hace años. Les pregunto si les gustó algo pero me dicen que vieron muchas cosas y están abombados de información. Recomiendo algunas piezas pero me resulta difícil indicarles cómo llegar a ese stand, ese sector, esa obra. De todas maneras ya se están yendo. Llegaron hace dos horas pero están agotados de caminar y quieren ir a comer algo.

No juzgo la calidad de lo exhibido porque, claro, entre miles de obras, hubo cosas buenas, otras no tanto y otras a las que sólo el mundo del arte permite lugar. Mi punto de vista quiero dirigirlo al número de público general.  Si existe esa cantidad de gente dispuesta a ir un fin de semana a una feria inmensa, atestada de obras, pagar setenta pesos, buscar los nombres de los artistas que les gustan, perderse, encontrarse, tomar un café, caminar más de una hora con folletos en la mano e irse con alguna sensación –cualquiera que sea-, pregunto ¿Por qué ese entusiasmo no persiste el resto del año? Hay muestras en los museos, en los centros culturales y fundaciones y muchas de ellas están abiertas más de un mes, algunos días con entrada gratuita ¿Será acaso que lo vertiginoso del corto plazo resulta más atractivo? ¿Es ese paneo general que ofrece arteBA en donde se presenta un gran número de galerías/artistas? ¿Será que faltan más eventos de arte que convoquen al público, que refuercen, complementen o compitan con arteBA?

Cien mil personas en cuatro días resulta un número para arriesgar que es uno de los fines de semana porteños con mayor adhesión del público al arte. Es un momento de cruce entre algo de la producción artística argentina y una parte de la gente que vive o visita Buenos Aires. Sería bueno mantener el entusiasmo durante todo el año, es un llamado al público, y a las instituciones, y a quien sea.