Bestiario: Crovetto, Larrea y Mazzeo en Elsi del Río

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Una muestra fotográfica dispara la reflexión sobre el lugar del mostrum hoy y afirma el lugar de la fotografía en el arte contemporáneo.

¿Qué razón de ser tienen tantos monstruos ridículos, tanta belleza deforme y tanta deformidad artística? Esos monos inmundos, esos fieros leones, esos horribles centauros, esas representaciones y carátulas con cuerpos de animal y caras de hombres, esos tigres con pintas,… se preguntaba indignado San Bernardo de Claraval en la epístola que ha sido recordada hasta el cansancio en diferentes escritos sobre cuánto bestiario románico exista. Pese a semejante cuestionamiento, los bestiarios reales o fantásticos (distinción poco clara en el primer milenio de la humanidad) fueron motivo de fascinación, controversia y cuestionamientos varios. En los tiempos que corren y casi sin interrupción desde la Antigüedad y el Medioevo, ese encantamiento prevalece y hoy es la temática que recorre la nueva muestra fotográfica de la Galería Elsi del Río, con los artistas Nestor Crovetto, Claudio Larrea y Javier Mazzeo.

Aquí las bestias no son monstruosas en el sentido contemporáneo que esta palabra tiene, pero sí quizás mantienen algo de aquel mostrum, vocablo que refiere a aquello capaz de testimoniar una señal de algo que puede suceder. Una enseñanza, una advertencia. En este BESTIARIO, las representaciones de animales reales trabajadas por las lentes de los artistas encierran un significado que indudablemente -y como en aquellos tiempos remotos- se asocia al hombre y a su presente/futuro.

Así lo testimonia también, desde la curaduría de esta muestra, María Carolina Baulo cuando asegura que: “La idea que vincula a estos tres artistas es principalmente desplegar el amplio repertorio que maneja el lenguaje de la fotografía, que no se encasilla –ya entrado el siglo XXI- en ningún compartimento estanco. Y notar como simple hilo conductor un concepto vinculante, puede organizar un relato antes impensado”. Estos artistas si bien no trabajaron juntos y desconocen los móviles personales del otro, articulan, como afirma Baulo, un discurso –consciente o inconsciente- de carácter moral. Lectura que podemos intentar descifrar en cada una de las obras seleccionadas.

Néstor Crovetto, artista estrechamente vinculado a la industria cinematográfica con trabajos de dirección, fotografía, diseño y edición, eligió para su bestiario una especie de Atlas Mnemosyne warburgiano en el que Pathosformel (fórmulas expresivas, del pathos) se articulan de a pares, incluyendo siempre en esta pareja un animal o grupo de animales. Es particularmente notable la fotografía que integra un diorama de mamíferos del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York con la escena en una sala de descanso o de espera, donde personas de carne y hueso parecen reproducir las poses y expresiones –incluso las afectivas- de los animales del diorama. ¿Qué tan distintos somos, afortunada o desgraciadamente? ¿Desde qué lugar se enarbola la superioridad humana? Preguntas como éstas y otras tantas que se podrían encarar desde lo formal del arte, son disparadas por las obras.

Claudio Larrea, fotógrafo, director de arte y periodista, capta y rescata en la ausencia del color y en un particular recorte fotográfico, aquel bestiario encerrado en los recovecos arquitectónicos del Museo de Ciencias Naturales. Hace literalmente foco en aquello que vemos sin ver, valoriza lo que la cotidianeidad logra hacer desaparecer, destacándolo y aportando además un carácter simbólico en su elección. Como en la Edad Media, sus bestias se circunscriben a la ley de marco (aquella en la que las figuras debían adaptarse al espacio arquitectónico), pero aquí la bestia y el espacio arquitectónico del museo, son  readaptados a la lente de Larrea. Una mirada en la que geometrías impecables son interrumpidas por las curvas bestiarias, curvas contenidas, de líneas simples, clásicas, por momentos atravesadas por las sugerentes sombras de otras arquitecturas o de la vegetación que las rodea. En este último caso, el espectador se presenta ante las bestias como fisgoneando en esa intimidad que, a la vista, permanece oculta.

Javier Mazzeo, artista plástico, fotógrafo y docente, ubica sus bestias en espacios que no les son propios, situación que se ve resaltada por la alteración de la imagen. Nos aleja de la comodidad de observar un simple paisaje con fauna replanteando también el lugar del hombre en ese espacio. Abducidas del ecosistema africano, un grupo de cebras pastan tranquilas y comparten su lugar con turistas a los que ignoran y a su vez son ignoradas. Solo la remera rayada de una de las mujeres que está tomando fotografías a algo que escapa del cuadro, la conecta de alguna manera formal con las bestias. Preguntarnos acerca de esta conexión nos puede llevar a cuestiones relacionadas con el binomio hombre-naturaleza. Vínculo difícil, en el que si persiste el “no ver”, el ignorar, puede acarrear consecuencias mucho más profundas que la incomodidad de una imagen.

Desde un lugar reflexivo en Crovetto, Larrea y Mazzeo las bestias, sin duda, tienen mucho para “mostrar”.

  • claudio larrea

    Acertado y preciso analisis de la muestra. Felicito a su autora