Dirán que fue la noche

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Encantador espectáculo poético musical que reúne los versos de varias poetas latinoamericanas en la voz de Malala González. 

La noche nos deja solos frente a los fantasmas que son ecos, espejismos, sueños no realizados, miedos, promesas por cumplir. A la poesía le caben los mismos  atributos. Será por eso que se parecen tanto. Poesía y noche se unen mientras se alejan del lenguaje cotidiano, utilitario y diurno para decir la soledad de la palabra que juega y canta otros mundos posibles. “Al poema le incumbe todo, aun la tierra más ingrata, / la prueba más dura” dijo alguna vez Susana Thénon y la noche se presenta como un páramo difícil de asir pero inevitable porque es silencio y voz, misterio y verdad revelada.

¿Cómo llevar a escena una noche (todas o cualquiera)? Alfredo Martín parece darnos la mejor respuesta posible en esta propuesta que resulta una especie de antología poético musical sobre la noche y sus recovecos. Una mujer da vueltas en la cama, cuenta ovejitas, murmura pero el insomnio gana la partida y su mente fluye por el aire y por la habitación que se convierte en un espacio onírico y a la vez lúdico. Su voz divaga entre el canto y el recitado y las palabras (bellas y sin tiempo) de varias poetas latinoamericanas se van confundiendo, contaminando para cobrar una nueva fuerza vital. La melancolía, el desencanto, el deseo, la esperanza, la tristeza, la ironía, la risa, la alegría de vivir están ahí para ser dichos y cantados por la virtuosa Malala González (a quien también se puede ver y disfrutar en Después del aire) que deambula, etérea y encantadora, por diferentes climas y sensaciones variadas. Hay que dejarse llevar para que la música y la poesía nos transporten a otros cielos, a otro nivel de percepción, a otro goce de la palabra.

En el mismo poema antes citado, Thénon agregaba “El poema es/ el puente que une dos extremos ignorados” y los versos parecen resumir el gran trabajo que han realizado Martín y González al unir en una misma secuencia amorosa a poetas tan disímiles como lo son Juana de Ibarbourou y Susana Thénon, Alfonsina Storni e Idea Vilariño, Marosa Di Giorgio y Alejandra Pizarnik (entre otras). Notable también la labor de Gustavo Twardy a la hora de aprovechar la sonoridad y el ritmo de cada poema para encontrar la melodía justa, la cadencia perfecta.

Le damos gracias a la noche y le pedimos que la poesía nos acompañe todo el insomnio y todo el día.