El beso de la mujer araña

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Cuarta novela de Manuel Puig. Escrita en México en el inicio del infierno dictatorial en Argentina 1976. Nunca es tarde para que los libros lleguen a nosotros.

Es difícil, por no decir imposible, saber a ciencia cierta, tal y como refiere el escritor argentino Jorge Luis Borges, que no es uno quien escoge los libros que lee, sino son esas historias las que te encuentran, porque de ser verdadera esta suposición tendría más de un motivo para reclamarle a El beso de la mujer araña el haberla leído demasiado tarde, a pesar de ser una presencia tan cercana a mí, ya que Puig siempre quiso ser leído, y quizá por eso sus libros estuvieron siempre identificables ante mis ojos y la biblioteca heredada,: La traición de Rita  Hayworth, Boquitas Pintadas y Sangre de amor correspondido, por citar tan sólo algunos. Sin embargo, diversas circunstancias me impidieron que lo conociera hasta hace unas cuantas semanas.

El beso de la mujer araña narra cuenta una historia terriblemente despiadada y cruel pero profundamente humana. Las circunstancias de la trama no podrían ser más adversas ni denigrantes. Vicente y  Molina, dos sujetos sine qua non comparten sus existencias encerrados en una celda que uno alcanza a imaginar diminuta y en la que se respira una atmosfera sofocante. A ambos personajes los envuelve un aura de misterio. Vicente es un joven militante de un “peligroso” grupo subversivo y purga más que una condena un castigo por su arriesgado idealismo. Molina, en cambio, es un desinhibido homosexual, acusado de perversión de menores. Molina, el personaje central es amante de los hombres y del cine y un sagaz e inteligente narrador, que guarda en su memoria los más diversos recuerdos de las demasiadas películas que ha visto.

Durante el desarrollo de la novela conocemos a un Molina histriónico, narrador incansable que va envolviendo con su lenguaje, depurado y certero, al joven idealista que sufre estoicamente su encierro. Vicente, en cambio, apenas y alcanza a expresarse, aunque su historia y su tiempo en el sentido más exacto de la palabra, pesa como una losa sobre cada una de las páginas. Vicente es en cierto sentido el ingenuo e idealista arrojado que se atrevió a contrariar el estatus quo, y que justifica la existencia de todo lo que lo rodea (la ley, la cárcel, la moral, la familia).

Vicente no necesita hablar más de lo que habla para expresar todo lo que expresa a través de él y sus circunstancias. Molina en cambio debe descoserse en palabras porque persigue un fin muy preciso con relación a Vicente; hacerle hablar, enseñándole y condicionándolo para ello. Molina jugará varios papeles; en su calidad de “protector” será enfermero y padre/madre magnánimo, en su calidad de maestro será delator, y la cárcel será su escuela, todas las escuelas, donde no se dice más de lo que está permitido decir. Pero ¿hasta dónde será capaz de llegar Molina? Lo veremos acostarse con Vicente, darle de comer en la boca, limpiarle el ano por una diarrea y también sentado en el escritorio del director del penal, afinando los detalles de la delación de su compañero de celda. Molina saldrá libre, quizá locamente enamorado de Vicente, absuelto más que por faltas a la moral, por incompetente. Saldrá, pero no libre de dudas y con atroces interrogantes. Al final del libro se impondrá una sola lógica, la del terror de Estado. Molina será víctima de una ráfaga de metralla y Vicente vejado hasta dejarlo irreconocible.

El beso de la mujer araña se escribió en México en el inicio del infierno dictatorial en Argentina (1976-1983). Es la cuarta novela de Manuel Puig, quien nació en General Villegas en 1932. Puig viajó por el mundo y estudió cine en el Centro Sperimentale di Cinematografia. Murió en Cuernavaca, Morelos el 22 de julio de 1990 tras una corta agonía.