El hombre elefante

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(…) David Lynch dirigió la película “El hombre elefante” está basada en un hecho real. John Merrick, el “monstruo de la era victoriana”, vivió en el Hospital Londres hasta su muerte en 1890. Se proyecta en la Cineteca Vida el proximo martes 14 de mayo.

 

Víctima de una enfermedad incurable, su vida, llena de desengaños e infortunios, ha sido llevada varias veces al cine y al teatro. Y sobre todo explotado en un circo como si fuera un monstruo. Merrick es descubierto por Frederick Treves, un médico que le salva de su “propietario”, un feriante de medio pelo que le ha convertido en una atracción en un circo. John Merrick, tras varios años de humillación, consigue descubrirse a sí mismo como ser humano y conoce lo que es ser tratado con la dignidad que se merece. Así, de su deforme máscara, surge una personalidad sorprendentemente  buena y cultivada. Aún así, la hipocresía de la alta sociedad victoriana, llevada por un equivocado ideal de belleza, permitirá que siga siendo considerado un salvaje. Ésta es su enorme tragedia: el “hombre elefante” nunca dejará de serlo” (…)

(…) “El hombre elefante” es, quizás, una de las películas más triste que haya filmada, y lo que ahonda la aflicción que produce su contemplación es que John Merrick, el ser deforme que causaba la repulsión e inflamaba el morbo de cuantos le veían, existió de verdad. Hace poco se ha descubierto que su nombre real era Joseph Carey Merrick, y aunque inicialmente se pensó que la extraña enfermedad que alteró de forma tan horrible su anatomía era la neurofibromatosis, las teorías más recientes apuntan a que pudo padecer un mal llamado síndrome de Proteus. Por supuesto, el guión aúna anécdotas verídicas con otras ficticias. Algunos de los otros personajes que aparecen también existieron, como el doctor Frederick Treves. También es cierto que Merrick gozó de una gran popularidad en su tiempo. Era poco menos que una leyenda, pero ¿quién quiere para sí una fama adquirida de esa manera? Otro episodio extraído de la realidad es que recibió la visita de la princesa de Gales, y que se le asignó una vivienda en el London Hospital. Ahora bien, la mayor parte de los sucesos truculentos que le sobrevienen en el filme forman parte del terreno de la ficción. Para empezar, parece ser que la idea de exhibirse como una atracción de feria partió de él, ya que, dadas sus condiciones físicas, estaba incapacitado para desempañar cualquier trabajo. Así las cosas, no fue sometido a tantas sevicias y vejaciones como se ven en la película, aunque bastante sufrió con tener esa apariencia.

John Hurt aceptó el reto de encarnar al hombre elefante –así se le conoció en vida–, y cuajó una interpretación soberbia. La exposición diaria a las abrasivas sesiones de maquillaje debió de ser un tormento para él, pero estas pejigueras le reportaron, a la postre, el papel más importante de su carrera, que le valió el reconocimiento unánime de la crítica. Aspectos a destacar de su interpretación son, por un lado, la manera de andar entre coja y gibosa a imitación de un ser contrahecho, y, por otro, la peculiar pronunciación nasal y gangosa, ya que Merrick estaba aquejado de una bronquitis crónica. El doblaje al español es magnífico, y el actor que puso la voz al hombre elefante merece mis felicitaciones. (…)

 

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