El gran simulador

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Néstor Frenkel es una figura que podría como calificarse camaleónica dentro de la cinematografía local. En su carrera se perfilan numerosas vetas que incluyen la dirección de sonido, el montaje además de ser guionista y director de todos sus films. Es un habitual invitado del BAFICI (“Construcción de una ciudad”, por ejemplo) y en esta oportunidad presenta su quinto largometraje fuera de competición. Salvo el primero (“Vida en Marte”) los restantes pertenecen al género documental tal como acontece con “El gran simulador” que tiene algún punto de contacto con “Amateur”, su inmediato anterior. En ambos casos se ocupa de personalidades singulares, un director de cine “Amateur” en un caso y aquí un mago o como él prefiere que lo llamen ilusionista.

El personaje en cuestión es René Lavand, tal su nombre artístico, que nació en verdad como Héctor René Lavandera en 1928.  Pero su singularidad no responde sólo a ser un famoso artista con las cartas, tanto españolas como de poker, sino a que hace trucos con la mano izquierda, dado que la derecha la perdió en un terrible accidente cuando apenas tenía nueve años.

Lavand vive en Tandil desde hace muchísimo tiempo y lo acompaña desde hace treinta años Nora Gómez, su fiel pareja. Su hermosa casa contiene lo que él denomina su “laboratorio”, en verdad no mucho más que un paño verde donde ensaya nuevos trucos. Pero además la decoración está compuesta por numerosos cuadros (un fresco famoso con las manos de Michelangelo), su colección de sesenta bastones, sombreros e incluso una espada anatómica para zurdos.

Frenkel utiliza con inteligencia muchas imágenes de archivo como aquéllas en que se lo ve con Ed Sullivan o Johnny Carson y también en nuestra televisión en la lejana década del sesenta así como sus célebres visitas a sets en Japón y Europa, por ejemplo.

Quizás una de las mayores atracciones de este sólido documental sean las filmaciones actuales de notables trucos como el de las tres migas o también de las tres cartas que incluyen al as de oro. Pero sólo viendo el film se podrá apreciar la “magia” de René Lavand, quien con sus ochenta y cuatro años es un volcán por lo activo y por como se enfurece por ejemplo cada vez que lo llaman (equivocadamente) a su casa pidiendo un remise.  

Como lo afirma en más de una oportunidad, el mago ilusionista de Tandil se considera un autodidacta ya que todos los libros y técnicas son para magos de dos manos y él no pudo copiarse de nadie.