Empiezo voley

0
7

Se trata de una obra breve, aproximadamente una hora,  en un horario infrecuente, lunes a las 21, en que hay muy poco teatro y también poco público, en el barrio del Abasto. El espacio con el que nos encontramos representa un gimnasio de barrio y se arma con escasos elementos, la red de vóley, las bases para la red, un armario típico de gimnasio y un banco. En este espacio tendrá lugar la clase de vóley a la que asiste por primera vez una alumna que no parece muy idónea para ningún deporte. La profesora da órdenes escuetas y telegráficas, no sabemos qué le pasa pero no parece tener un buen día. Llega también otra alumna que concurre al gimnasio desde hace un tiempo y que tampoco sabemos por qué se molesta con la presencia de la nueva. La clase se desarrolla de manera absurda, no sólo en razón del escaso número de participantes, sino por motivos que se van a ir revelando. Más tarde aparecerá el profesor de gimnasia y un problema sindical. En esa clase absurda habrá poemas, desmayos, insultos, cortes de luz, encierros voluntarios en el armario. Habrá conflictos de clase (Dolores es acusada de “cheta” y la profesora de “zurdita resentida”), traiciones, amores, calenturas, falsos compromisos. Pero sobre todo una situación grave, el reconocimiento de  la propia soledad cuando a una le sueltan la mano. Más allá de esto, la obra tiene mucho humor, la seriedad de la profesora  contrastará con lo desatinado de sus propuestas y sus desatinadas alumnas. El título, como se ve, es muy bueno. Los aproximadamente 55 minutos pasan rápido y uno quiere un poco más pero no te lo dan y esto, aunque parezca perverso, quizás sea lo mejor. Al salir, si se quiere comer algo rico y accesible, puede ir a la esquina de Guardia Vieja y Billinghurst a “Guarda la vieja”que será muy bien recibido y si no al tradicional “El banderín”.