El nombre

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Obra de teatro con acertado traslado a la pantalla cinematográfica.

El estreno de “El nombre” (“Le prénom”) en Argentina se produce apenas algunas semanas después de su presentación teatral, bajo la dirección de Arturo Puig. El film fue codirigido por Matthieu Delaporte, autor de la obra original, y Alexandre de la Patellière.

Cinco son los personajes centrales, transcurriendo casi toda la acción en la casa del matrimonio integrado por Pierre y Élisabeth, que interpretan Charles Berling (“Los destinos sentimentales”, “Juegos peligrosos Ridicule”) y Valérie Benguigui respectivamente. Allí llega Vincent, hermano de Élisabeth, cuya esposa Anna (Judith El Zein) arribará más tarde. También está presente Claude, a quien se lo describe como un “hombre de gran sensibilidad” que de chico era el único varón en las clases de ballet de Élisabeth y que actualmente  toca el trombón en la orquesta filarmónica.

Patrick Bruel (“Un secreto”, “Cena de amigos”) es Vincent, quien al llegar les anuncia que Anna está embarazada y que esperan un varón. Hasta ahí todos contentos pero cuando les anuncia que ya tienen elegido el nombre, los demás tratan de adivinarlo. Como ayuda, Vincent les dice con que letra empieza y como nadie logra acertar finalmente termina por revelarlo. Y allí empiezan las recriminaciones y discusiones por lo inapropiado de la selección.  

La situación se complica mucho más cuando se incorpora Anna a la cena, consistente en couscous y otras delicias típicas de los emigrados franceses de Argelia (“pied-noirs”). Ella habría sido quien eligió el nombre pensado para el bebé (sería un “spoiler” revelarlo acá), pero que en verdad no es el que mencionó Vincent.  La ira de los demás comensales se vuelcan entonces sobre la recién llegada. Cuando el marido finalmente aclara que todo era un chiste, ya parece tarde para remediar la situación.

Esa primera mitad de “El nombre” no es, sin embargo, la más brillante de la comedia al estar demasiado enfocada en el fatídico nombre, que una vez revelado baja el interés del espectador.  Lo más interesante está por venir ya que el “ajuste de cuentas” será de todos contra todos.

Vincent será acusado de egoísta, se descubrirá un “crimen” de la juventud de Pierre a quien se tratará además de avaro (“radin” en francés, mal traducido como “miserable” cuando hubiese sido preferible usar el más apropiado “avaro”). Pero quien más sufrirá los embates del resto será Claude a quien le criticarán su uso y abuso del color naranja en su vestimenta y su dudoso comportamiento con las mujeres. Será el momento de nuevas revelaciones que incluso involucrarán a Francoise, la madre de Vincent y Élisabeth, en corta aparición de la gran Francoise Fabian (“Mi noche con Maud”), a punto de cumplir ochenta años en la vida real.

Los realizadores logran algo difícil de conseguir como es el traslado de la obra teatral al cine y los resultados son más que alentadores para hacer recomendable la visión de “El premio” y seguramente verla en teatro para comparar ambas versiones.