Marx en el Soho

1
14

Manuel Callau dirige a Carlos Weber en un unipersonal que reafirma la vigencia del pensamiento de Karl Marx. Teatro de ideas que obliga a pensar y a tomar posición. 

Howard Zinn es un reconocido activista e historiador estadounidense. Hasta el día de su muerte, se dedicó a difundir, avalar y defender “las innumerables pequeñas acciones de personas desconocidas” que están en el origen de todos los acontecimientos históricos. Estuvo al lado de los negros, de los trabajadores, de las mujeres, de los latinos. Su libro La otra historia de Estados Unidos cambió la mirada de muchos, puso el foco en otro lado (en los más desprotegidos)  e hizo tambalear la historia oficial. Noam Chomsky ha dicho sobre él: “Ahí donde había una lucha por la paz y la justicia, Howard estaba ahí, en primera línea, inagotable en su entusiasmo e inspirador en su integridad, compromiso, elocuencia y decencia pura.”

Estuvo siempre más cerca de la lucha social que de las tablas. Sin embargo, creía firmemente en la democratización de la cultura y la educación y esta preocupación por socializar el conocimiento lo llevó a acercarse al teatro. Escribió tres obras (Marx en el Soho, Emma y La hija de Venus). El suyo es teatro político, teatro de ideas, alejado de los panfletos y cercano al pensamiento profundo pero accesible. Con un lenguaje llano y corriente y un manejo sutil del humor y la ironía, nos permite acceder a grandes ideas.

Marx en el Soho fue escrita en 1999 y representada en casi todas las ciudades de Estados Unidos y en varios países de Europa y América Latina. Llegó a Buenos Aires en el año 2009, cuando Manuel Callau (en la dirección) y Carlos Weber (como intérprete) le dieron vida a un Karl Marx sensible, gruñón, eternamente humano para dejar claro que hay hombres detrás de todo gran pensamiento y que son ellos, nosotros, todos, los que podemos cambiar la historia.

La obra, que se repuso en estos días en el Teatro Sha, parte de un hecho sobrenatural pero su intención es mostrarnos nuestra cruda realidad. A Karl Marx se le permite bajar a la tierra por el lapso de una hora pero, por un error burocrático (¡Siempre la burocracia!), en vez de caer en el Soho londinense, donde vivió muchos años con su familia, cae en el Soho norteamericano, la meca del capitalismo despiadado. En ese contexto se propone aclarar algunas ideas que han sido malinterpretadas, corregir otras y, sobre todo, gritar que aún están vivas y al servicio de quienes quieran materializarlas. Entre teorías económicas y hechos históricos se le van colando momentos muy personales que lo muestran como un ser personalísimo, anclado en el amor  profundo a su familia, a la filosofía y a los demás. Su recuerdo del andar por las calles de Londres (“Supongo que era apropiado que el autor de El capital caminara duramente a través de la mierda mientras escribía su condena al Sistema Capitalista”) se presenta no muy diferente a la actualidad: gente durmiendo en las calles, pobres cada vez más pobres. Marx se pregunta: ¿De qué les ha servido el progreso?

Zinn construye su texto a partir de los sucesos reales de la vida de Marx (la muerte de tres de sus hijos, su matrimonio con Jenny, su amistad con Engels y un largo etc.) y los combina con la historia y con su propio deseo: los imaginados diálogos entre Karl y su esposa, la pelea con Bakunin, los cuestionamientos de su hija tienen la lúcida pretensión de revelarnos la vigencia de un hombre que ha muerto pero no tanto, de un puñado de ideas que dicen que todavía se puede cambiar la realidad, rebelarse, pelear. Por eso el personaje le habla a una audiencia, hipotética pero real, nos habla a nosotros, nos interpela y nos obliga a tomar posición.

La despojada puesta que nos propone Manuel Callau centra su candor en el cuerpo del actor. Con la ayuda de unos pocos objetos y de una iluminación acertada, Carlos Weber se hace carne en el personaje y seduce en un vaivén que va desde la emoción, la nostalgia, la risa hasta la ira y la reflexión. No debe ser fácil ser Karl Marx (aunque sea por una hora) pero sale ileso y victorioso del intento porque es creíble y natural.

Marx en el Soho es un unipersonal que invita a debatir ideas con humor e ironía. Nos lleva a pensar también en quiénes somos y en quiénes queremos ser y a hacernos cargo de ello.

Se agradece profundamente su presencia en la cartelera porteña.

 

 

  • Carlos Weber

    Me emocionó leer a Verónica Escalante. Comparto sus palabras referidas a Zinn y naturalmente a Karl Marx.
    Agradezco la publicación, ayuda mucho para llegar al espectador que busca en otros medios una expresión artística bien política pero no dogmática.
    Hace ciento treinta años que Marx se fue.
    Espero que este “regreso” sea feliz, que ayude.
    En lo personal, lo que se refiere a mi trabajo: muchas gracias Verónica.
    Cordialmente:
    Carlos Weber