Reliquia

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Teatro de objetos para adultos que homenajea con belleza y lucidez la inquietante poética de Silvina Ocampo. 

Los objetos guardan historias, esconden una trama secreta asociada al devenir (atroz o feliz) de la vida de los sujetos. Son frágiles, peligrosos, inquietantes. Las cosas son más que eso porque están atravesadas por la experiencia de todo lo humano. La crítica ha analizado infinidad de veces el modo en que la narrativa de Silvina Ocampo se ha ocupado de esa metamorfosis de los objetos. Silvia Molloy alguna vez señaló: “Entre el cuaderno y las fotografías, entre la propiedad y la piedra, se insinúan crímenes perfectos, pecados mortales, razas inextinguibles, epitafios romanos y liebres doradas. (…) Sabe Silvina Ocampo que por una llave rota o una jaula de mimbre se puede ir al infierno.” Así, los objetos no resultan materia inerte sino depositarios, incluso cómplices, de mundos perversos que se cuelan por cualquier fisura de la realidad disfrazada.

En esta dialéctica de los objetos se funda Reliquia, una obra encantadora y encantada en las maravillas de una poética alucinante que nos confirma, una vez más, que “lo horrible imita lo hermoso”, que la crueldad se roza la espalda con la inocencia, con la imaginación y que la infancia puede ser también un dulce infierno prometido.

Icera Medina Flores es una institutriz que nos cuenta, con deleite y cierto morbo, la historia de los niños a los que cuidó en el transcurso de su carrera. En su relato aparecen intermitencias de su propia viva y vestidos, muñecas, guantes, altares, anteojos, canastas, espejos como disparadores, como llaves de lo inesperado o lo siniestro. Ella se desdobla, es Icera frente al espejo, frente a su imagen que es igual y es otra, es amor y odio. Julia Nardozza y Valeria Pierabella la interpretan con encanto y precisión. Hay algo en la imagen, en los gestos que nos recuerda una época, una impronta muy Silvina Ocampo con sus propias niñeras, sus dependencias y sus máscaras.

La voz de Icera (y su voz desdoblada que repite, completa, multiplica) se funde con las voces de otros personajes de los cuentos “El pecado mortal”, “Las fotografías”, “la furia”, “Voz en el teléfono” y “Diario de Porfiria” para cerrar una trama unívoca e ingeniosa: fragmentos de esos cuentos cobran nueva vida para dar cuenta de un imaginario complejo e irreductible.

El resultado es un homenaje bello y respetuoso, cuidado en todos sus resquicios (desde el programa de mano y el diseño de títeres y objetos hasta la iluminación y el encantador vestuario) porque, después de todo, (parafraseando a Silvina) las tragedias de la vida se pueden ver adornadas con detalles minuciosos.

 

  • Es un placer leer crìticas con tanto vuelo y sapiencia.
    Se agradece mucho!

  • Carlos

    Gracias por esta mirada sobre Reliquia