Manuel Puig: la multiplicidad de la lengua

0
13

Luego de asistir y disfrutar del curso que dictó Daniel Link acerca de las ocho novelas de Manuel Puig en el Malba, en este abril que termina, voy a considerar una idea para amplificarla un poco. La idea surge del artículo “El boom, Manuel Puig, la realidad” incluido en el libro Cómo se lee, publicado en 2003, por Editorial Norma.

- Publicidad -

“Se ha señalado como lo más “subversivo” en Puig la pulverización del narrador en tanto instancia de autoridad. En verdad, lo que resulta más escandaloso es la rigurosa obstinación con que construye una literatura del desperdicio conversacional”. (Link, 2003: 268)

La pregunta con la que continuaré leyendo la obra de Manuel Puig es si la función del narrador tiene carácter de imposible en sus novelas o bien quedó solapada en un gesto revolucionario.

Diría que, si en Puig hay rasgos deleuzianos, son precisamente ese repudio por la función de narrador tradicional, como “punto decapitonado”. Si Deleuze fue un anti-platónico también lo fue Puig al negarse al narrador tradicional, a esto aplica la lectura de Daniel Link al interpretar la lectura de la pulverización del narrador como instancia de autoridad. Si hay un narrador es el que coordina, dirige y organiza el sentido del relato.

La ficción de Puig se caracteriza por su multiplicidad como la filosofía de Deleuze. Ambos son de nuestro siglo.

También iré por la vía lacaniana: diría que Puig captó la singularidad de los sujetos en sus “goces bla-bla”. El lenguaje fue para Lacan, hacia 1970, un aparato de goce. Por lo que esos monólogos, de apariencia trivial, en los que Puig retrataba a sus personajes, son la captación del goce del hablar porque sí.

Y aún más, la lengua, esa invención de Lacan de 1971, es aluvional. Podría plantearse que el desperdicio conversacional al que refiere Daniel Link, como la materia literaria de Puig es la captación de este novelista de los más singular de cada sujeto, su goce más primitivo del habla. Por eso a Puig no le hizo falta más que los retazos de los dichos de sus personajes para retratarlos, porque en ese blablerío está lo más singular de cada quien.

 

  • De la mirada al oído

En “Manuel Puig: La traición de Rita Hayworth” de Alan Pauls, publicado en Hachette, en 1986, encontramos que:

“Con el narrador, lo que desaparece es su mirada (¿acaso las diferentes posiciones del narrador no han sido clasificadas en términos de visión?), ese ojo que en la ficción legitima todo hecho narrativo. Mirada única, sucesión, encadenamiento temporal: la modernidad de La traición trabaja con estas tres constricciones. No narra hechos; reproduce discursos. No formula desarrollos; produce actos puntuales. No maneja relaciones de precedencia y sucesión; instaura diálogos, promueve debates.” (Pauls, 1986:21-22)

Tal como plantea Pauls, hay una mirada que desaparece con el narrador, lo que suma a la afirmación de que la vocación de Puig no era el cine. Lo que toma relieve no es tanto la escucha sino la audición. Hay en Puig, reconocido por él mismo, una memoria auditiva asombrosa. Y también el recurso a grabar los dichos de los que serían luego transcriptos como literatura. La diferencia con el escrito de James Joyce, Ulyses, es que el lenguaje no está deshecho, sino que está extractado en fragmentos del habla de un personaje.

En la crítica literaria se ha hecho uso de los textos de Lacan, iré por una vía óptima, postulando que la obra de Puig es la materialización de lo que Lacan planteó en L´etourdit: “Que se diga queda olvidado detrás de lo que es dicho, en lo que se oye”.